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Sábado 08.08.2009, 11:15 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


Música Sinfónica

Contrapunto de dos realidades

Ossodre y Filarmónica reflejan las dualidades de la política cultural

ALEXANDER LALUZ

La Ossodre y la Filarmónica de Montevideo son dos proyectos artísticos y culturales diferentes. Dos instituciones sinfónicas en cuyas asimetrías y coincidencias se asientan crisis, conflictos y logros que gravitan en nuestra "culta" vida musical.

Un rápido repaso de los titulares de la prensa local, quizás reflejen esas asimetrías. En el caso de la Orquesta Sinfónica del Sodre, los conflictos gremiales, las suspensiones de conciertos y reprogramaciones, falta de instrumentos, cambios de autoridades, han ganado más notoriedad que sus propuestas artísticas.

Con la Filarmónica, la situación es bastante diferente, sobre todo en lo estrictamente musical. La única excepción, al menos en estos dos últimos años, fue el comienzo de la temporada de ópera de 2008. Ese año, el conflicto de Adeom dividió las aguas en la interna de la orquesta y del teatro Solís, provocando un escándalo de inusuales proporciones en el estreno de Il Trovatore de Verdi. Un lamentable episodio que concitó mayor atención mediática que la propia puesta en escena.

No obstante, estos hechos son sólo la punta de dos icebergs muy grandes. Los signos más visibles de dos proyectos artísticos que, por historia y tradición, pautan el pulso de la actividad sinfónica local. En la dimensión menos visible, esas historias han seguido derroteros muy diferentes.

SALAS. La Ossodre, como cuerpo estable de una institución de alcance nacional muy compleja, está sufriendo las consecuencias de varias (o demasiadas) décadas de deterioro. Si fuera necesario establecer un mojón (tan arbitrario como cualquier otro) para marcar el comienzo de esa caída "barranca abajo", se podría fijar el año 1971 cuando un voraz incendio destruyó el Estudio Auditorio de la calle Mercedes y Andes. Algunos años antes, los signos de una crisis artística ya se hacían notar. Pero durante los años setenta y ochenta, el proyecto cultural e institucional del Sodre no hizo más que zozobrar en un mar sin salidas.

En la actualidad, se sigue tratando de encontrarle el timón a lo que fuera "buque insignia de la cultura nacional". Sin embargo, el aparato burocrático de proporciones mastodónticas, gestado y "mimado" por varias (o demasiadas) décadas, sigue causando estragos. Hasta el año pasado, cuando se reabrió en obras el Auditorio Nelly Goitiño (ex Sala Brunet), la Ossodre carecía de sala propia, tanto para sus conciertos como para los ensayos. Ante esta realidad, el peregrinaje por distintas salas y la inestabilidad fueron las notas que dominaron en este cuerpo sinfónico. Y lo mismo ocurrió (y ocurre) con el Coro y la compañía de ballet. Ahora, la perspectiva de futuro tiene signos un poco más auspiciosos, especialmente desde que se anunció la pronta inauguración del nuevo Auditorio Nacional Adela Reta, en el mismo predio del viejo Estudio Auditorio.

En materia de sala para conciertos y ensayos, la Filarmónica ha corrido con una suerte distinta. Sus programaciones han tenido como escenario principal al teatro Solís, además de las distintas actividades realizadas al aire libre o en la carpa municipal por diferentes barrios de Montevideo. Desde este año, sus ensayos se realizan en una sala especialmente diseñada en el ala del Solís que da a la calle Juncal, y que fuera inaugurada el año pasado. En años anteriores, mientras se culminaban las obras en el histórico teatro, se ensayaba en un local de la calle Bacacay, pero en condiciones acústicas inapropiadas, ya que era un espacio sin acondicionamiento acústico para albergar el trabajo de un grupo de estas características.

Pero no todo es brillante en el nuevo contexto. Las dimensiones y la acústica de la actual sala de ensayos distan mucho de ser las ideales. Y no ha faltado quien diga en los corredores, aprovechando algún intervalo, "estamos como sardina en lata". Una realidad que el actual director artístico y estable de la orquesta, el maestro Javier Logioia Orbe, ha reconocido en varias entrevistas con El País, y para lo cual ha ensayado algunas soluciones provisorias.

los salarios. Este contrapunto de realidades tiene en lo salarial otro elemento que a lo largo de la historia más reciente sirvió para acentuar las asimetrías entre ambas orquestas.

A mediados de los años ochenta, los sueldos que cobraban los músicos de Ossodre eran mayores que los de la entonces Orquesta Sinfónica Municipal (OSM), dependiente de la Intendencia de Montevideo. Esta última "trabajaba como un apéndice salarial de la Ossodre, que era la principal fuente de ingreso de los músicos", relató recientemente a El País Federico García Vigil, ex director estable de la Filarmónica. Pero a comienzos de los años noventa, cuando García Vigil asumió este cargo y se produce la transformación de la OSM en Filarmónica, la relación entre los salarios se invirtió. En esa época "mi estrategia de trabajo fue hacerla crecer numéricamente y en exigencia técnica, en cumplir el horario, mejorar las condiciones de trabajo, y aumentar los salarios".

En este momento, según indicaron fuentes allegadas a las dos orquestas, los músicos de la Ossodre perciben un salario promedio de 12 o 13 mil pesos, mientras que en la Filarmónica pueden llegar a ganar cerca de 28 mil pesos. Tal diferencia se vio acentuada a partir de mediados de este año, cuando se comenzó a pagar a varios integrantes de la Ossodre en la modalidad de caché. Lo cual implica una pérdida salarial importante: el caché no comprende aportes jubilatorios, Fonasa ni otros derechos sociales.

Esta medida, de acuerdo con algunas fuentes consultadas, fue tomada por el Consejo directivo del instituto como parte de una política de saneamiento administrativo, y en el marco de una revisión de algunas decisiones tomadas por consejos anteriores, que tendrían muchos vicios y problemas de forma. Entre ellas está la regularización de los contratos de los instrumentistas que en la última década han ganado concursos para ocupar sus cargos. Una reivindicación gremial de larga data, pero que aún no ha sido resuelta debido a la acumulación histórica de problemas.

Multiempleo. Otro de los grandes problemas que afecta a esta realidad sinfónica es que ambas orquestas comparten un gran número de músicos. Si bien esta forma de multiempleo soluciona aspectos salariales, a nivel artístico genera muchos problemas. Por un lado, la organización de los horarios de ensayo y la gran cantidad de horas de trabajo que debe cumplir cada músico. No es raro ver que luego del ensayo en la Ossodre, varios instrumentistas deben atravesar la plaza Independencia a paso veloz para llegar, casi sin tiempo de almorzar, para ensayar con la Filarmónica.

Por otro lado, tal superposición incide en el diseño y cumplimiento de las programaciones. Si la Ossodre tiene que hacer una gira por el Interior, la Filarmónica debe reacomodar sus fechas. Y lo mismo ocurre a la inversa. Durante la temporada de ópera, la orquesta nacional debe suspender sus actividades por la intensa agenda de funciones de la Filarmónica. Si bien esta grave situación ha sido atendida por las autoridades, las soluciones efectivas y definitivas todavía no llegan, y las tensiones siguen signando ese otro mundo no tan público de la vida sinfónica.

Logros en una apuesta de alcance nacional

Aunque el saldo de un balance general de la vida sinfónica no favorece mucho a la Ossodre, hay varios signos que merecen destacarse como muy positivos.

Más allá de las carencias materiales y cambios a nivel de autoridades y políticas, en estos últimos años la orquesta ha apostado a una agenda de actividades bastante intensa y con fuerte énfasis en el diseño conceptual de la programación. Así se destacan sus ciclos sinfónicos internacionales, por los que han pasado solistas y directores que han hecho un muy buen trabajo con la orquesta, y en varios casos con programas ambiciosos a nivel estético y técnico.

A esta referencia hay que sumar algunas giras realizadas por el Interior, que fueron muy bien recibidas por un público que colmó los distintos teatros y salas en las que actuó.

Por otro lado, este logro ha sido posible gracias a la imagen que se tiene de la Ossodre en el exterior, como la agrupación sinfónica más antigua del continente y con que han actuado algunos de los directores más importantes del mundo (Stravinsky, Kleiber, Simon Blech, entre muchos otros). Este prestigio y tradición debería ser motor para una nueva política de gestión, de cara a un proyecto que ponga el énfasis en el alcance nacional del organismo y comprometido sobre todo con la calidad artística.

Las cifras

28.000 pesos puede llegar a ser el sueldo de un músico que integra la Orquesta Filarmónica de Montevideo, que depende de la IMM.

13.000 pesos es, aproximadamente, el salario promedio que cobra un integrante de la orquesta del Sodre, organismo dependiente del MEC.

Orquesta Filarmónica enfrenta una nueva etapa histórica

Álvaro Méndez, coordinador de la Filarmónica de Montevideo desde comienzos de los años noventa, explicó recientemente a El País cuál es la realidad de esta orquesta.

Esta agrupación "tiene aproximadamente unos 100 músicos. En realidad las orquestas tienen una estructura y plantilla básica y luego se adaptan de acuerdo a los repertorios que se interpreten", señaló Méndez. "Además de los músicos estables ganadores de concursos y aquellos que se requieran por una obra tenemos a los becarios que son en general instrumentistas jóvenes avanzados, que mantienen una contratación a término sujeta a evaluaciones y que son aproximadamente 15. Por último tenemos artistas invitados del exterior que en este momento son una trompeta, un corno, un trombón de USA y una arpista de Bélgica". El año pasado, y luego de un concurso riguroso, "ingresaron 24 músicos a la orquesta con un promedio de edad de 24 años. De ellos 6 estaban radicados en EE.UU o Europa realizando cursos de perfeccionamiento".

Estas nueva incorporaciones, según indicó Méndez, fueron decisivas para instrumentar el nuevo proyecto de Logioia Orbe, el nuevo director estable, que está jugado a elevar el nivel técnico interpretativo y a repertorios de mayor exigencia. Ello ha repercutido favorablemente en el espíritu y en la calidad de las performances del colectivo sinfónico que ya tiene 50 años de historia. Ahora, la orquesta se apresta a ensayar el segundo título de la actual temporada de ópera, El barbero de Sevilla, que será una de sus mayores apuestas de este año junto con la interpretación del ciclo completo de sinfonías de Gustav Mahler.

El País Digital

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Foto: El País. 

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