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Viernes 07.08.2009, 10:58 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

La gran mascarada

El título es ajeno al ensayo de Revel sobre la supervivencia de la utopía socialista. Pero se adapta muy bien a la realidad de la campaña en curso sobre la anulación de la ley de Caducidad, esa mascarada que encabeza una comisión presidida por Eduardo Hughes Galeano, que no pudo rememorar mejor el Carnaval terminado, con las atrocidades que dijo hace unos días.

No es fácil para los partidos políticos hacer campaña electoral para combatir esto, que reiteramos, es una atrocidad jurídica. Porque si bien políticamente es un emprendimiento también de marcada grosería, la barbaridad está en el campo del derecho. Las leyes no se anulan, ni por otra ley, ni por la Constitución, porque no son anulables. Como lo destaca Carlos Maggi en su nota del 26 de julio, a la que invoca el Dr. Enrique Beltrán en su "Recodo" del 1º de agosto, lo que se está intentando es incorporar a la Carta una norma técnicamente vandálica.

Es claro, el problema es técnico, no lo entiende cualquiera. Es muy fácil engañar a la gente diciéndole que la izquierda ataca a la dictadura y que quienes están en contra de la salvajada la defienden. Pero es que no se trata de eso, sino de no consumar una aberración que deje el prestigio del país en el ámbito jurídico internacional -en el que siempre fue respetado- por el piso. La Constitución, a pesar de ser tal y con toda su intangibilidad, no tiene virtudes mágicas. Porque lo diga, no puede transformar una vaca en toro, aunque haya alguno que se lo crea, y eso es en sustancia lo que están buscando los impulsores de esta campaña.

Por ello, quizá más eficaz que el debate político sea difundir la opinión de especialistas en la materia. En el libro de su autoría titulado "Manual para indecisos-Elecciones 2009" que presentarán en estos días los Dres. Julio María Sanguinetti y Gonzalo Aguirre, el Embajador Adolfo Castells menciona un impecable análisis técnico sobre este punto a cargo del Dr. Hebert Gatto en nota publicada en "El País el 1° de abril de este año ("Populismo y Constitución") a la cual otro columnista de este diario, el Dr. Rodolfo Sienra Roosen retomó para insistir que con esta intención "se le está dando retroactividad a la derogación de una ley penal de amnistía, lo que no debe tener precedentes en el derecho penal liberal".

A quienes fueron perdonados 23 años atrás, y con el respaldo de la ratificación popular, se le "desperdonaría" por el mismo pueblo que aprobó lo que decidieron sus representantes" ("Propuesta Indecente", 12 de abril). Y también el Dr. Ope Pasquet, en Montevideo Portal (" A 20 años del referéndum sobre la ley de Caducidad) le agrega "Esto sería una atrocidad. Y pretender hacerlo en nombre de "los derechos humanos" es, además, una burla siniestra".

Es tan siniestra como ridícula. En la cronología sobre el vaivén progresista en torno a este tema, Castells nos recuerda que en septiembre de 2001, "Tota" Quinteros pedía el estricto cumplimiento de la ley; que en diciembre del año 2003, Fernández Huidobro, defendiendo la ley en el IV Congreso del Frente, aplastó a Hugo Cores, que pedía anularla, aspiración que el programa del Frente no recogió. El 1º de marzo de 2005, ante la Asamblea General, Tabaré Vázquez señalaba que las zonas oscuras que subsistían en materia de derechos humanos debían aclararse en el marco de la ley vigente. También en ese año Nin Novoa anunciaba que la ley no se anularía. En el 2007 en cambio, en el V Congreso Ordinario del Frente, se convocó por primera vez a votar la anulación y en agosto de 2008, Mujica apoyó la idea "porque está podrido" y "entonces vamo arriba", pero en octubre de ese año, Vázquez insistió en que la anulación estaba afuera del programa del Frente, hasta que este año cambió de idea y resolvió apoyar la recolección de firmas.

Es interesante la reflexión de Castells: "Una de las mayores falacias que manejaron los recolectores de adhesiones a la anulación, fue que en 1989 cuando se plebiscitó la ley de Caducidad, se hizo bajo presión del temor que los militares volvieran al poder. Esa falsedad cae por sí sola si se piensa que cuando se plebiscitó la Constitución de 1980 que ganó el NO, estábamos en régimen militar. ¿Y allí no hubo miedo?"

Que conteste alguien, a ver Michelini, a ver Hughes Galeano, a ver Presidente, al menos usted, con su popularidad a cuestas y tan sonada, hablen sin abusar de la ingenuidad de la gente que merece otro respeto.

El País Digital

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