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Constante oratoria despierta inquietud en los medios
DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
"Es un sensacional orador, carismático, atractivo, pero habla demasiado", la frase que, posiblemente, nadie osara pronunciar dos meses atrás, casi en los mismos términos se oyó más de una vez, en una charla informal de periodistas, aludiendo a la invasión de discursos o entrevistas del presidente estadounidense Barack Obama en todos los medios a lo largo de los últimos meses.
Poco o casi nada delega en sus asesores y no hay asunto de gobierno, de menor o gran importancia, que no despierte su clara y fácil vocación de opinar. Un hecho que no caía mal, por el contrario, ese tipo de comunicación directa con el ciudadano estadounidense fue bien recibida, pero los últimos informes indican que hay gente molesta y saturada con tantas palabras.
El Washington Post, en reciente edición, por cierto no en tono laudatorio, detalla cómo el mandatario ha monopolizado las cadenas de televisión, diarios, radios e Internet. En seis meses ha ofrecido, en directo y en horario central, cuatro conferencias de prensa, dirigió más de 15 debates con ciudadanos en las ciudades más chicas, ha mantenido conversaciones en las Alcaldías, envió más de una docena de mensajes por YouTube semanales, junto a entrevistas exclusivas, discursos, foros y las casi diarias reuniones con los periodistas acreditados ante la Casa Blanca.
Hace pocas horas las empresas de encuestas de opinión política exhibieron que Obama ha registrado un descenso en su popularidad sobre la gestión de gobierno, aunque mantiene porcentajes altos. La popularidad cayó a 54,2% a favor contra el 63,3% que obtenía en el mes de enero. Y ha bajado a menos del 50% en temas referidos al manejo de la economía, siempre con la balanza de la opinión disminuida, pero a su favor.
Pero esa superpoblación de intervenciones públicas ha llegado a inquietar a las grandes cadenas de televisión especialmente. Se habla de fuertes pérdidas cuando el perentorio pedido oficial para una cadena nacional coincide en el horario con programas de "máximo rating".
Se menciona en la especializada Mediaweek que desde el primer mes del año 2009 a julio, las cadenas ABC, CBS y NBC han perdido ingresos por publicidad cercanos a los 40 millones de dólares, obligadas a levantar de la cartelera programas centrales, ya vendidos, de alto arraigo popular.
Varios ejecutivos de los medios han hecho saber al director político de Obama, con el cual tienen cierta confianza, Rahm Emanuel, en forma discreta y en voz baja, su queja por esas cadenas que los perjudican económicamente. Y también en audiencia, reducida a casi la mitad en ese horario con respecto a la semana anterior.
Y cuando la última cadena, el 22 de julio, sobre la reforma de la salud, ante el llamado avisando desde el equipo de asesores, se oyó la voz de protesta de Paul Friedman, vicepresidente de la CBS, porque no había nada con "atractivo o gancho especial", en lo que sería la alocución presidencial. Y la cúpula del Canal Fox, de notoria línea conservadora, se negó en forma tajante a incorporarse a la cadena televisiva.
El presidente Barack Obama mantiene su carisma, su facilidad de palabra, pero todos opinan que "debe cuidarse en no agotar a la gente con su voz a toda hora y marcando una sensación de que domina todo, cuando muchos de los graves problemas internos y externos, persisten.
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