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Generalmente, en los sistemas de gobierno de corte presidencialista, las fórmulas que reúnen a Presidente y Vicepresidente por un partido político, surgen por ofrecimiento del primero al segundo que acepta con diferentes énfasis de naturalidad. Algo que depende de múltiples factores, como lo son sin duda y por ejemplo, la facilidad para lograr acuerdos en base a programas comunes, el peso político de quien recibe la propuesta, la relación de confianza que pueda existir entre los dos integrantes, ya sea en el plano de las ideas como hasta de las simpatías personales; las mayores o menores facilidades que existían para poder contar el Poder Ejecutivo, con respaldo parlamentario. Hoy tenemos ya conformadas las cuatro fórmulas presidenciales de los tres partidos políticos y de una coalición de partidos que comparecerá a las próximas elecciones nacionales, con procesos de gestación e integración que han diferido notoriamente.
Entre los partidos políticos, la fórmula del Partido Independiente no provocó mayor suspenso, pero aunque sea de menor caudal, no debe descartarse su influencia en el marco de una paridad de fuerzas electorales que habrá de reflejarse en el nuevo Parlamento. La del Partido Nacional, fue la querida por toda la colectividad y se conoció en la misma noche de las elecciones primarias. Los dos principales sectores, a conciencia de que la unión hace la fuerza y que entre los mismos no hay diferencias que justifiquen la diversificación, se estrecharon sin dificultad alguna el uno al otro y enseguida, comenzaron la campaña. Como se comprende, aún teniendo importancia, los temas como los de la edad de imputabilidad o de la organización de los refuerzos a la seguridad pública, no podían de ninguna manera ser un impedimento para consolidar la unidad.
El Partido Colorado demoró un poco más y la integración de su fórmula causó sorpresa. Algún analista político opinó que más que un futbolista -o un outsider de la política, si se quiere-- Bordaberry debió elegir la compañía de un batllista. No es tan sencillo indicar cuál pudo ser el mejor camino. El cerno del pensamiento batllista, o si se quiere, de la modalidad batllista de concebir al país, difícilmente pueda localizarse en su plenitud en esa colectividad política, pues parte sustancial de esa mentalidad de otras épocas, la de Batlle y Ordóñez o luego con sus adaptaciones a otra realidad del país y del mundo de Batlle Berres, notoriamente se ha desplazado hacia el Frente Amplio. Ha cambiado de etiqueta, sobre todo si se tiene en cuenta el estilo de los gobiernos del Dr. Sanguinetti y el del Dr. Batlle. Pero más allá de eso, la opción por Hugo de León que tomó el Dr. Bordaberry fue la de una personalidad popular, un exitoso deportista y empresario, dotado de un carácter firme, reconocidamente colorado, si bien nadie sabe identificarlo con una corriente, si es que alguna identificación sectorial ha tenido. Es una innovación sin duda, pero ello no afecta en nada, la identidad del Partido Colorado como partido político orgánico, coherente, que lucha por superar momentos de debilidad electoral y que tiene los elementos para conseguirlo.
De todas maneras, lo cierto es que de una forma u otra, las fórmulas presidenciales a que nos hemos referido, se pueden considerar sea cual sea su integración, como gestadas en partidos políticos en serio, íntegros, que responden cabalmente a su condición de tales. Allí no hubo nada artificial o forzado, nada que haga temer dificultades por confrontaciones internas.
Eso no sucedió con la coalición de izquierdas. La misma, que pudo subsistir como tal en la oposición, con el simple expediente de oponerse a toda iniciativa del gobierno, al acceder al poder mostró la entidad de sus fisuras. Ya el solo hecho de hablar de una fórmula entre Mujica y Astori -ni siquiera importa en qué orden- rechina a la lógica, porque no pueden existir dos políticos de trayectoria, ideas, métodos, y maneras de ver el mundo, más confrontados. El Frente Amplio no es un partido político, no lo fue ni podrá serlo nunca, porque no tiene coherencia filosófica, ni ideológica, ni programática. Y además, si de impredecible se considera con razón, a Mujica, "que como un día dice una cosa otro dice la otra", ahora Astori le ha dado por salir a ocupar espacios de izquierda dura, con lo que se ha ganado la misma condición.
Van en tándem, con los manillares en sentido contrario.
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