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EE.UU. Inquietud por maniobras de Hugo Chávez y ola de enfrentamientos
DANIEL HERRERA LUSSICH - EN WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
La región latinoamericana vive horas extremadamente tensas, muchos alarmados ven la llegada de serios conflictos entre países vecinos o descabelladas guerras civiles.
Los más serenos piensan que se libra desde hace unos años un claro desafío de bravuconadas, que no va más allá de la intención de exhibir un liderazgo regional y disimular con agravios al "enemigo de turno", una situación de seria crisis económica, errores de gobierno y el fracaso para imponer en parte del continente un trasnochado modelo ideológico.
El condenable "golpe de Estado" en Honduras ha sido el más fresco argumento para que el presidente venezolano, Hugo Chávez, junto a colegas que marchan un paso atrás, pero fieles a los mismos "eslóganes" con idea de perpetuarse en el poder bajo un dudoso manto legal, como Rafael Correa, graduado en la Universidad de Harvard en Estados Unidos, que mostró desde el primer momento su apego al socialismo bolivariano, Daniel Ortega, Evo Morales y mismo el hoy aplaudido Mel Zelaya, derrocado por los militares luego de desafiar a casi todos los sectores sociales, entre ellos la Iglesia y poderes del Estado para "crear lo que se denominó cuarta urna", dudoso y cuestionado camino a la reelección presidencial.
Y en esa suma de países que hoy ponen la "mira en un vecino y mañana en otro", algo más alejados, aunque acompañando muchos de sus proyectos, se sitúan El Salvador, Argentina y Paraguay.
En el otro lado, a veces unidos por las circunstancia, aparecen moderados y partidarios del libre mercado: Chile, Uruguay, Perú, Colombia, México y Costa Rica.
Pero los conflictos se acentúan. Chávez y Correa cada mañana acicatean a Zelaya y al pueblo hondureño para dilucidar las marcadas divisiones internas que dejó el "golpe militar". El manejo del "caso Honduras" escapó de sus manos y pasó a la órbita, más serena y equilibrada de la OEA (con un cambiante Insulza que hoy defiende a "cal y canto" la Carta Democrática y permitió silenciarla cuando Cuba y Fidel Castro estuvieron en el tapete en Trinidad y Tobago), el Departamento de Estado y el sobrio mediador, el premio Nobel Óscar Arias. Las más frescas noticias animan a pronosticar que el "acuerdo de San José" (impulsado por Arias) podría ver la luz y Zelaya retornaría temporariamente a la presidencia, adelantarían las elecciones presidenciales, se descartaría una eventual reelección y se decretaría una amnistía política general. La presión de los organismos internacionales y el bloqueo comercial han aislado a una Honduras, empobrecida, que sin apoyo exterior no sobrevive.
Y surgió el duro enfrentamiento de Chávez y Correa contra Colombia, bajo la amenaza de usar las armas. El primero, Chávez, esgrime la bandera del total rechazo a la autorización dada por el presidente Álvaro Uribe para la instalación de bases estadounidenses en territorio colombiano. No alude en sus ataques para nada a la confirmada venta venezolana de lanzacohetes a los guerrilleros de la FARC, comprados por el gobierno de Caracas en la década del 80 a Suecia, (país que hizo llegar a Chávez su enérgica protesta). Tanto Venezuela como Ecuador hablan, repitiendo las frases conocidas de "¡Yanquis go home! ¡de la injerencia americana!", pero les falta de la escena George W. Bush con sus excesos. Y entonces afloran sus escasos deseos de endurecer la línea de diálogo establecida por Barack Obama, las acusaciones las hacen al "boleo", sin mirar de ninguna manera hacia la Casa Blanca.
Y en un continente latinoamericano escindido, con relaciones diplomáticas cortadas, están Ecuador, Venezuela y Colombia encaminándose hacia un eventual precipicio, con intentos no demasiado convincentes de suavizar el tema a cargo del disponible Insulza.
Por otro lado sigue Nicaragua con clara injerencia con sus vecinos y discursos provocativos. Perú y Bolivia, que hace poco elevaron el tono hacia un total enfrentamiento, hoy parecen encaminarse hacia un buen entendimiento mientras Uruguay y Argentina siguen en el largo conflicto mantenido por vecinos de Gualeguaychú y piqueteros que bloquean los puentes internacionales por la planta de Botnia ante la indiferencia del matrimonio de Plaza de Mayo. La Corte de La Haya tendrá la última palabra.
Sin duda una región que muestra enormes fracturas, con irreconciliables divisiones internas en los países (caso Bolivia, Venezuela y Honduras) y gobiernos permisivos con el narcotráfico y la guerrilla que actúa en naciones vecinas. Todo ello abre el camino hacia una gran inestabilidad.
Ante esta situación de tensiones generalizadas, el papel de Estados Unidos con Barack Obama, es fundamental. Debe allanar fricciones, en su buena disposición a sentarse en torno a una mesa con todos por igual, procurando la pacificación y el crecimiento del continente. Y queda otro protagonista que puede ser clave : Brasil, jugando el partido en las alturas, miembro del G20 y junto a sus colegas del Grupo de los 5 (India, China, México y Sudáfrica), incorporado al G8 de los industrializados, considerado hoy por la Casa Blanca como un aliado clave a la hora de los equilibrios continentales.
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