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Gustavo Penadés
El 12 de mayo de 1797 Carlos V homologó la disposición tomada por el Virrey del Río de la Plata, don Pedro Melo de Portugal, por la que se creaba el "Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo". Sus cometidos serán la protección de la vida y hacienda de los habitantes de la campaña; custodia de las fronteras, y represión del contrabando. A él, ese año, ingresará, como Soldado, y llegando a ocupar su Jefatura, José Artigas.
A lo largo de los años el Cuerpo de Blandengues dio cumplimiento a los motivos que originaron su creación, cumpliendo múltiples misiones entre las que cabe señalar su destacado papel en la incursión inglesa en el Río de la Plata. Estallada la Revolución, gran parte de sus efectivos acompañará a Artigas en todos los episodios de la gesta emancipadora: Las Piedras, El Éxodo, la Guerra al Directorio de Buenos Aires; el Protectorado, la invasión portuguesa.
Al igual que los patriotas, los que permanecieron a las órdenes del poder español se distinguieron por su valentía. Se cuenta que al ingresar en Montevideo las fuerzas del General Alvear, sus oficiales les rindieron honores, en reconocimiento a su valor.
Luego de la campaña de 1825, el Cuerpo resurgirá y, tras diversas vicisitudes y denominaciones, en 1910, el Presidente Williman, resuelve que el regimiento "Escolta" Nº 1 de Caballería pasara a denominarse "Blandengues de Artigas" 1º de Caballería. A dicha unidad se le ha conferido la honrosa responsabilidad de brindar seguridad al Presidente de la República.
Entonces el Regimiento de Blandengues, pleno de gloria y tradición, hunde sus raíces en la historia de nuestra nación. Y es, con legítimo orgullo, que tiene a su cargo la custodia de los restos de nuestro Prócer. Hoy, nos encontramos ante la voluntad del Frente Amplio de eliminar el Mausoleo de Artigas y de que el Regimiento cese en su cometido.
Desconocemos las íntimas intenciones de quienes así lo propugnan. Lo que sí, claramente, se puede advertir es que se infringe un irracional e inmotivado agravio a nuestras Fuerzas Armadas y, en especial, al Ejército Nacional.
¿Cuáles son las razones últimas que inspiran al Ejecutivo? Las respuestas serán variadas, pero pueden, fácilmente, reducirse a dos.
Una, es que se está sinceramente convencido de que el Mausoleo es inadecuado y que el Ejército Nacional no es digno de cumplir la misión de custodiar los restos de Artigas.
La otra, consistiría en que, encontrándose nuestro país en plena campaña electoral, se entendería útil introducir temas en la agenda pública para distraer la atención pública. Es decir, en lugar de discutirse, por ejemplo, acerca del deterioro de las cuentas públicas se discute si "traslado sí, traslado no".
Las dos posibles motivaciones son condenables. Si se tratara de la primera convendría que se lo dijera claramente. Tratándose de la segunda, todo sería superlativamente peor: pretender utilizar la memoria de Artigas con la finalidad de arrimar agua al molino del Frente Amplio constituiría una afrenta imperdonable a Artigas y a la Nación.
Todavía confiamos en que las voces que en el Frente, tímidamente, cuestionan la voluntad presidencial se alcen, y se evite la comisión de un cúmulo de disparates que no encontrará, seguramente, parangón en la historia nacional.
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