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JORGE ABBONDANZA
Otro ciclo se anuncia para el mes de agosto en la temporada de cine-arte que organiza el Archivo Nacional de la Imagen y que se cumple en el auditorio del Sodre, en 18 de Julio casi Ferreira Aldunate. Ese repaso comprenderá las diez mejores películas de la historia, según las votaciones efectuadas por críticos de todo el mundo que respondieron a la convocatoria de la revista inglesa Sight and Sound. Ya se sabe que toda lista es discutible (cosa que también ocurre con los premios), pero suele ser tentador que alguien anuncie los diez títulos que se ubican al tope de una votación y que figuran allí como lo mejor de todos los tiempos. Cabe agregar que Sight and Sound ha conferido un interés adicional a estas propuestas, no sólo por haberlas reiterado a lo largo de varias décadas sino por la calidad que siempre ha acompañado a esa publicación y a los textos de los especialistas que han escrito en ella.
Según el voto de los críticos invitados por la revista, y en un orden decreciente de puntaje, las mayores películas del mundo serían El ciudadano de Orson Welles, que a menudo figura en primer lugar en otras listas; Vértigo de Alfred Hitchcock, una intriga que algunos veneran y con la que otros discrepan; Las reglas del juego de Jean Renoir, una deliciosa comedia ambientada en un castillo y envuelta en agudezas sobre las clases sociales; El padrino de Francis Ford Coppola, primera parte de una saga que tuvo continuaciones y ha quedado como la obra magna del cine sobre la mafia; El padrino II, que fue una notable segunda parte para aquella historia; Historias de Tokio de Yasujiro Ozu, una de las obras más admirables de todo el cine japonés; 2001 odisea del espacio, la epopeya galáctica de Stanley Kubrick que contenía asimismo su metáfora sobre la condición humana; Amanecer de F.W. Murnau, reliquia que a menudo comparte estas grandes listas; El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein, el clásico soviético que en alguna época solía encabezar la nómina; Ocho y medio de Federico Fellini (en perjuicio de La dolce vita, quién diría) y Cantando en la lluvia, la comedia musical de Stanley Donen y Gene Kelly.
Todo ese material se exhibirá en el orden señalado dentro del ciclo de cine-arte, abarcando desde el 10 de agosto en adelante y llegando hasta mediados de octubre, siempre con exhibiciones que se llevan a cabo los lunes. Los aficionados al debate podrán quejarse de que en la lista indicada faltan obras maestras de variada procedencia, como podrían decirlo los admiradores de Buñuel, Antonioni, Bresson, Mizoguchi, De Sica, Bergman, Ford, Satyajit Ray, Visconti o Kurosawa, entre otros. Pero aunque sea opinable o incompleta (como toda elección en materia artística, conviene decirlo) la hilera de exhibiciones que se abre en agosto puede ser útil para que mucho público escasamente informado, se asome a un grupo de realizaciones perdurables y mejore así su visión global sobre el cine, cosa que conviene en esta época donde la basura compite ventajosamente con la calidad.
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