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Bermúdes. El primer disco de Nocetti Trío es editado por Nirmalam Music
ALEXANDER LALUZ
Le ha pasado a muchos, e incluso a los que llamamos "grandes" del jazz (Jean-Luc Ponty, Miles Davis). Músicas que fueron creadas como obras autónomas han terminado "atrapadas" como cortinas para televisión o radio.
Y el disco Bermúdez, que Nocetti Trío acaba de lanzar a través del sello Nirmalam Music, tiene todo los signos que le auguran un futuro en esa línea, más allá de los valores que pueda tener en otros campos de significación musical.
Tal reconversión -o refuncionalización- simbólica no es de por sí un demérito. En algunos casos, las creaciones, o algunos de sus fragmentos, que poseen esa condición "cortinística", logran por este medio una difusión que quizás por otros no se daría. También es cierto que explicar el fenómeno desde este ángulo no hace más que seguirle el juego a las leyes del mercado, por más que se le dé el sentido -que no siempre funciona- de "le hacemos una trampa al sistema".
En Bermúdez, el guitarrista y compositor Jorge Nocetti vuela con sus socios, Gerardo Alonzo (bajo) y Gustavo Cúneo (percusión y batería), por atmósferas delicadas y amables contornos melódicos con raíces en el jazz y en la fusión. Desde Preámbulo, la primera pista, se definen claramente esos rasgos. Aquí, la guitarra acústica, los platos de la batería y un tenue bajo van emergiendo a través de un "micro fade in" con mínimos diseños colorísticos. Luego, la guitarra se despega como solista exponiendo un tema de simple estructura, donde domina el color armónico. Los ambientes leves se van sucediendo después en un juego de timbres eléctricos y acústicos, para contener los solos que evocan aquellos aires "soft-jazzísticos" y traer al mapa de referencias intertextuales, la música de Pat Metheny.
Los aires más étnicos llegan en la segunda pieza, Hechizo, con el tabla y el citar (instrumentos tradicionales de la India) de Ariel Ameijenda. Este componente tímbrico abre al disco a otras rutas de virtuosismo y color de "fusión exótica".
En el resto de las pistas, la amabilidad y claridad de las melodías, la transparencia armónica, y los patrones rítmicos de intensidad contenida se aúnan para completar la cualidad "cortinística" del disco. Ma. Virginia (pista 6) es un caso claro. La introducción de la guitarra, que revela a Nocetti como un muy buen articulador de técnicas y lenguajes de este instrumento, vuelve sobre las evocaciones a Metheny. No hay acordes "estrambóticamente raros", ni cadencias tonales-modales extrañas. A este segmento introductorio le sigue la exposición del material temático, donde se suman el bajo y la batería (siempre muy leves) y comienzan a sobrevolar cierto melodismo al estilo de Sting "trovadoresco". El porte melódico "agradable", "soft", sin grandes contrastes ni angulosidades "agresivas", más la ambientación instrumental, sin duda tentarán a cualquier sonidista de televisión o radio que tenga que musicalizar, por ejemplo, un programa periodístico en horario nocturno. La misma "tentación" que asoció a Piazzolla con Bernando Neustadt en los `70. ¿Un desperdicio? Y sí. Uno esperaría algo más que climáticas y elegantes evocaciones de estos tres excelentes músicos del Nocetti Trío, que, vale la pena decirlo, tienen mucho más para decir.
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