|
||||||||
Una de las mayores críticas que se hace al debate político en Uruguay es su falta de profundidad y su tendencia a caer en el eslogan y la visión simplista de las cosas. Un paradigma claro de esto es el tema de la inseguridad.
Sobre esa inseguridad, las explicaciones van a los extremos, incluso dentro de un mismo partido. Por un lado hay quienes en forma simplona culpan a la "maldita" pasta base de todos los problemas de la sociedad, y creen que con encerrar a prepo a los adictos se arregla el problema. Y en el otro extremo están los partidarios de profundas disquisiciones sociológicas, convencidos de que todo tiene raíz en cuestiones económicas y del "modelo" de sociedad en que vivimos.
Más allá de que probablemente las dos posiciones tengan algo de verdad y mucho de disparate, un dato conocido esta semana en Estados Unidos aporta información interesante a la polémica, ya que parece dar por tierra con uno de los postulados que más se dan por sentado en este debate, y es la relación inevitable entre pobreza y delito.
Según datos oficiales, revelados primeramente en un artículo del Washington Post, la tasa de delitos violentos se ha derrumbado ostensiblemente este año en las principales ciudades de aquel país, dejando a los expertos desconcertados. Y no se trata sólo de Nueva York y un fenómeno atribuible a la polémica "mano dura" del ex alcalde Giuliani. El declive delictivo se ha dado en lugares como Los Angeles, Boston, Minneapolis o Washington. En esta última ciudad, uno de sus barrios más violentos llamado El Districto, que fue conocido como la capital del asesinato en EE.UU. y donde en 1991, en pleno auge de la epidemia de "crack" y guerra de pandillas, fueron muertas 479 personas, este año el número cayó a 79, la cifra más baja en 40 años. Y no son sólo los asesinatos los que han caído. Datos del FBI divulgados en el mismo informe señalan que los robos a bancos a lo largo del país han descendido sensiblemente en los últimos dos años.
El gran debate que abre esta información es cómo puede ser que un país logre tasas de abatimiento tan marcadas del delito y la delincuencia en momentos en que atraviesa la peor crisis económica en un siglo.
Esto cuando durante años se ha tomado como verdad indiscutible que pobreza y delito son dos fenómenos que van de la mano. Los criminólogos y jefes policiales consultados por el Washington Post sostienen que esto no necesariamente es así, y empuñan estadísticas que señalan que por ejemplo durante la depresión de los años 30 no se vio un aumento de la violencia criminal, la cual fue sensiblemente menor que la que había vivido el país durante los "locos años 20", marcados por la prosperidad.
Señalan como clave para este derrumbe de la criminalidad, un cambio de enfoque de la actividad policial. Por un lado una apuesta fuerte a la presencia de policía en la calle, en una relación más cercana con los barrios y comunidades a las que deben proteger. Asimismo, la identificación de delitos considerados "de ingreso" al camino criminal, como el robo de autos, cuyos autores generalmente eran primarios que solían quedar impunes ya que la policía tenía como prioridad perseguir crímenes más violentos. Los jerarcas policiales marcan que al apuntar decididamente sobre este tipo de delito, se ha desestimulado el ingreso de muchos jóvenes en la progresiva senda del crimen. La otra cuestión que destacan como explicación es un aumento sensible en la tasa de éxito en las investigaciones de homicidios, que en Washington llega al 70%, así como el impulso y la ejecutividad de los procesos penales.
En momentos que en Uruguay la inseguridad es tema que ya nadie se anima a calificar como "sensación térmica", es bueno tomar en cuenta estos datos y comparar con nuestra realidad. Por ejemplo, que mientras parece que aquí el delito comenzó con la pasta base o el "neoliberalismo", allá esos temas no parecen ser tan determinantes. O que nuestro obsoleto Código de Proceso Penal, cuya reforma se debate hace décadas, y del cual ya se aprobó un cambio en 1997, sigue esperando ser implementado.
Si bien cada país, tiene su situación particular, y las políticas no son automáticamente extrapolables, estos datos resultan interesantes para remover algunas verdades absolutas, que pueden no ser tanto, y que afectan el diagnóstico de los problemas a solucionar para mejorar el nivel de vida de los uruguayos.
| « volver |
El 25 de mayo de 2006, Juan Carlos Lescano Mesa (50) murió al caer 8 metros cuando trabajaba en la construcción de una mansión en ...
Una mujer de 28 años dejó a sus hijos en una cañada, atados de manos y pies para que murieran. Un vecino encontró a los niños y ...
El presidente del Banco Central del Uruguay (BCU) y ex subsecretario del Ministerio de Economía de Danilo Astori, Mario Bergara, ...
El candidato presidencial del Frente Amplio, José Mujica, estrenará un terno gris pizarra de tela italiana y hecho a medida en ...
En Florida la sensación térmica llegó a estar a -7ºC. Además cinco pasos quedaron cortadas por las lluvias. Desde Meteorología se ...