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HUGO GARCÍA ROBLES
Exactamente hoy se cumplen cuarenta y tres años de la muerte lamentable y prematura de Lauro Ayestarán. Si siempre la muerte es la cancelación de proyectos y sueños, en el caso del ilustre investigador y musicólogo este hecho se vio enfatizado por circunstancias específicas concretas. Liberado de la pesada carga de sus clases en ambas capitales del Río de la Plata, había decidido consagrarse solamente a la investigación. En este sentido, quien escribe que tuvo el privilegio de ser su alumno, lo escuchó reflexionar acerca de sus cincuenta y tres años de edad, ideales para el objetivo que se fijaba ahora con carácter exclusivo. También en esos días comentó que pensaba abordar el libro sobre el Estilo, agregando que tendría unas setecientas páginas, exhibiendo, al mismo tiempo, el índice completo que ya estaba redactado.
Si, como queda dicho antes, toda muerte cancela y frustra, en el caso de Ayestarán ello resulta particularmente cierto.
Quizá resulte reiterativo pero la personalidad del maestro encarna la de uno de los fundadores de la cultura nacional. Su trabajo, que lo llevó en su recolección de campo, a recorrer el país hasta totalizar en kilometraje cinco veces la vuelta al mundo, se tradujo en unas cinco mil grabaciones, en las que fijó el rostro sonoro del Uruguay.
Dueño de una erudición sin fisuras, fue maestro por el modo con el cual imprimía en sus alumnos principios éticos que desbordaban el marco estricto de la musicología, pero sostenían y apoyaban la exigencia del rigor. Algunas de sus normas han sido ineludibles como modo de encarar toda tarea, para quienes tuvieron el beneficio invalorable de conocerlo y escucharlo.
Valga como ejemplo, una recomendación que hizo a quien escribe: "no digas nunca o siempre, porque es muy difícil que sea así: las cosas pocas veces son, generalmente están de determinada manera".
Dejó numerosos libros, tantos y tan colmados de conocimiento que se hace difícil imaginar de dónde extrajo el tiempo para hacerlo. Atendía a su familia como marido y padre ejemplar de cinco hijos, católico práctico su amplitud de criterio y miras eran proverbiales, distantes de todo fanatismo. Recomendó la lectura de Marx, sin ser obviamente marxista. Insistía en la importancia de manejar una bibliografía confiable, yendo a los textos fundamentales para ahorrar tiempo.
Trajo de París la Historia de la música del Padre Martini, la primera publicada, que ha quedado en el Uruguay entre los escasos ejemplares, no llegan a media docena, que existen en el mundo. Para ello, tuvo que vivir muchos días a café con leche en la capital francesa, al invertir todo su dinero en esa inversión cultural. Este es el prócer cultural cuya muerte se recuerda hoy.
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