|
||||||||
Las comparaciones son odiosas. Es difícil establecer criterios adecuados. A nadie le gusta quedar mal. Pero son necesarias para tener una mejor idea de donde nos encontramos, para identificar nuestras áreas fuertes y las inevitables áreas débiles y, finalmente, para encontrar los caminos para mejorar las cosas.
La estación electoral debería ofrecernos una gran oportunidad para pensar sobre el presente y el futuro, para conversar y para generar los consensos que nuestra sociedad requiere para avanzar. En el caso del sistema electoral uruguayo, la sociedad es sumergida sucesivamente en las elecciones internas de cada uno de los partidos políticos, a la que siguen la campaña nacional y, pocos meses después, las elecciones departamentales. Esto no está mal en sí mismo, si sabemos emplear este tiempo en forma constructiva.
Lamentablemente en la actividad política predomina, a veces, una variación de la ley de Gresham: en una campaña electoral donde coexisten candidatos que se esfuerzan en llevar adelante una discusión seria sobre los temas importantes y candidatos con un discurso superficial y banal, los primeros tenderán a ser desplazados por los segundos.
El resultado es una decadencia de la actividad política. Y esto es una lástima porque realmente los uruguayos precisamos dialogar y encontrar consensos, más que discutir y acentuar las diferencias entre nosotros.
Supongamos por un instante que, en lugar de tener que conformarnos con el magro plato que nos sirven los asesores de imagen de algunos candidatos, tuviésemos la oportunidad de elegir tres temas fundamentales para el futuro del país. Cierto, cada ciudadano tendría su lista particular. Pero sospecho que si las combinamos encontraremos tres grandes temas comunes a todos: enseñanza, energía (tema especialmente vigente en este invierno polar) y seguridad.
Pues bien, sugiero agregar a la lista otro tema previo: ¿por qué el Uruguay no confirmó la promesa que fue a principios del siglo pasado?
Puede ser que si encontramos la respuesta a esa pregunta hallemos la clave para resolver los otros problemas.
Todos los años el PNUD elabora un completo informe sobre el desarrollo económico y social que culmina en una tabla donde se ordenan a 177 países de acuerdo a su nivel estimado de desarrollo humano.
El ranking más reciente tiene datos interesantes. Por ejemplo, entre los 50 países mejor situados se encuentran seis países latinoamericanos y del Caribe: Chile (posición 40, entre Polonia y Eslovaquia), Argentina (46, después de Polonia), Uruguay (47), Cuba (48), Bahamas (49) y Costa Rica (50). Estos son los mejor ubicados de la región.
Por otra parte, los diez países con el mejor nivel de desarrollo humano incluyen solamente a uno que podría considerarse como una de las principales potencias industriales (Japón, en la posición 8).
Los otros nueve son Islandia (en primer lugar), Noruega, Canadá, Australia, Irlanda, Los Países Bajos, Luxemburgo y Suiza. El tamaño de la economía no es automáticamente una garantía de un mejor nivel de vida. La clave se encuentra en otro lugar.
Pero, si miramos hacia el pasado, comprobaremos que, a principios del siglo XX, el Uruguay tenía un nivel de vida comparable y, en algunos aspectos, superior a varios de esos países.
Hoy estamos muy lejos de ellos.
¿Qué nos pasó?
La campaña debería ser la oportunidad para comparar visiones sobre los desafíos fundamentales que enfrenta nuestro país.
| « volver |
"La gente siempre hace cola: para subir al ómnibus, para comprar en los supermercados y tiendas". Esa fue una de las primeras ...
Un joven de 19 años falleció esta mañana tras participar de una serie de incidentes a la salida de un baile en el balneario de ...
Rescribiendo la historia reciente, un ex dirigente tupamaro, Mauricio Rosencof, actual director de Cultura de la intendencia ...
Un millar de personas acompañó ayer en Plaza Independencia a los jinetes que cabalgaron desde Mercedes para manifestar su ...
Los infectólogos explican que una de las particularidades del nuevo virus radica en su "tasa de ataque": no resulta más agresivo, ...