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El actor encara un cine más creativo con "The private lives of Pippa Lee", de Rebecca Miller
GUILLERMO ZAPIOLA
El público está acostumbrado a verlo como héroe virtual ("Matrix") o hasta extraterrestre, pero Keanu Reeves aspira a una mayor versatilidad. Su más reciente trabajo, "The private lives of Pippa Lee", parece apuntar en esa dirección.
El film fue lanzado en Berlín el pasado mes de febrero, y siguió a partir de ahí a través del circuito de festivales. Pero su estreno comercial está previsto recién para octubre en los Estados Unidos.
Reeves ha dicho que está ansioso por ver cómo reacciona la crítica norteamericana a su film, y reconoce que colecciona lo que se escribe sobre él. "Quiero ver lo que escriben. Será lo que deba ser, y hay que tomarlo como viene. Sea lo que sea que escriban, no es posible cambiarlo. Y uno quieres saber lo que el público piensa de sus películas y su actuación".
Dirigida por Rebecca Miller, la hija del gran dramaturgo Arthur, a partir de una novela propia, y en la que también actúan Monica Bellucci, Winona Ryder y Julianne Moore, The private lives of Pippa Lee se centra en la historia de una mujer (Robin Wright, ya no Penn), que se encuentra en la flor de la vida. Felizmente casada y madre de dos hijos, está considerada también como una generosa anfitriona y una cocinera excelente. Su matrimonio con un exitoso editor treinta años mayor que ella (Alan Arkin) está basada en el compañerismo, y se empeña en postergar la idea de que no habrá de acompañar a su marido durante la siguiente etapa de su vida.
Cuando el hombre cumple ochenta años, el matrimonio se retira a una lujosa casa en Connecticut. Es un lugar idílico que, se supone, les permitirá pasar juntos y en paz el tiempo que les queda. Pero en su interior, la protagonista no se siente feliz, y experimenta el retorno de los fantasmas de un pasado de drogas, sexo y adicciones. Al tiempo que se va haciendo amiga de sus ancianos vecinos y se inscribe en una clase de cerámica con mujeres mayores, comienza a cuestionarse su rol de madre, esposa y anfitriona.
La película juega con los tiempos y lleva a sus espectadores desde la vida de la protagonista como esposa hasta su infancia y adolescencia, sacando a relucir los traumas que esconde en su interior, y que ayudan a comprender algunos de sus comportamientos en tiempo presente y sus dudas con respecto al cercano futuro.
En ese cuadro irrumpe el personaje de Reeves, un joven asistente de taller, vecino del matrimonio, que conduce una vieja camioneta y tiene tatuado en el pecho a Jesús. Su aparición terminará de derrumbar las seguridades de la protagonista femenina.
Reeves sostiene que el individuo que interpreta, Chris, es parte del sueño del personaje de Robin Wright. Según el actor, el film constituye una reflexión sobre la libertad, palabra a la que imprime el sentido de una posibilidad de experimentar con uno mismo, "salir a encontrarse a uno mismo".
Reeves confiesa que cuando Rebecca Miller le ofreció el papel, simplemente no pudo negarse. En primer lugar, se trataba de vincular su carrera con un nombre prestigioso no solo por razones familiares (el hecho de ser la hija de Arthur Miller), sino también porque la propia carrera de Rebecca como escritora y directora ha obtenido ya un prestigio propio (Intimidades, 2002; La balada de Jack y Rose, 2005).
Desafíos. Reeves recuerda todavía sus comienzos "independientes" con Gus Van Sant (Mi mundo privado), y se niega a que se lo vincule solamente a figuras de héroes de acción o películas de ciencia ficción. De hecho, asegura que en el fondo nunca cambió, que se sigue sintiendo el chico amante de la guitarra que soñaba con hacer películas arriesgadas y personales, aunque los vaivenes de la vida (y la industria hollywoodense) hayan terminando por hacer de él, el arriesgado policía de Máxima velocidad (1994), el involuntario colaborador de Satanás de El abogado del diablo (1997), el luchador Neo, el investigador de lo sobrenatural Constantine y el inquietante extraterrestre Klaatu.
Cuando alguien le menciona esos personajes, él saca a relucir sus trabajos con Van Sant (para bien o para mal: Las mujeres también se ponen tristes, 1994, es un film que él mismo reconoce como fallido), con Kenneth Branagh (Mucho ruido y pocas nueces, 1993) o con Bertolucci (Pequeño Buda, 1993), para recordar que no es un actor de una sola nota. Pudo haber mencionado incluso que trabajó bajo las órdenes de Francis Ford Coppola en su ambiciosa adaptación del Drácula de Bram Stoker (1992).
Por otra parte, el tema mismo del film le pareció desafiante y atractivo. Lo que llama "el complejo del puma" (la relación de un hombre joven con una mujer mayor) ocurre todos los días, pero el cine lo ha explorado pocas veces. A su juicio, había que hacerlo: "En realidad es algo que no tendría que llamar la atención, pero por algún motivo lo hace", reflexiona Reeves. "A la larga, la edad no hace la diferencia. De lo que se trata, en definitiva, es que una relación funcione".
Con respecto a su personaje en The private lives of Pippa Lee, Reeves afirma que el personaje no tiene mucho que ver con él. "Todo viene de la novela, no de mi propia vida", sostiene. Y está satisfecho con la adaptación: "Casi toda novela se convierte en un cuento al filmarla. Hay que elegir, censurar, sintetizar. Pero creo que esta película lo hace bien, captura la esencia de lo que se trata". Hay que recordar que la novelista es también la adaptadora y directora, claro.
Drama: La película de Rebecca Miller explora una historia de amor entre seres diferentes.
Mi mundo privado - 1991
Un par de "taxi boys" homosexuales (Reeves, River Phoenix) recorren una América desolada, el patio trasero de una sociedad que suele exhibir rasgos más triunfalistas. Uno de los films más personales del director Gus van Sant, y uno de los títulos que colocó a Keanu Reeves en el camino del estrellato.
Matrix - 1991
Reeves en el Mesías futurista Neo en esta primera entrega de una trilogía que a juicio de algunos cambió la historia de la ciencia ficción, aunque muchos piensan que se pudo prescindir de sus dos capítulos siguientes. En un universo virtual dominado por las máquinas, Neo apela a las artes marciales y los efectos especiales.
Constantine - 2005
Un detective suicidado cuyo destino debería ser el infierno eterno, pero al que se le ha dado una segunda oportunidad: convertirse en la última línea de defensa entre el mundo de los demonios y los humanos. El material proviene de un cómic de Alan Moore cuya traslación al cine el autor ha repudiado, claro.
En "The private lives of Pippa Lee" asoma, en un papel secundario, la joven actriz Zoe Kazan, nieta del célebre director de teatro y cine Elia Kazan. De hecho, los nombres de Kazan y Arthur Miller se cruzaron, para bien o para mal, a lo largo de la historia (la "caza de brujas" los vio en bandos opuestos), por lo que no deja de resultar simbólico que sus descendientes aparezcan trabajando juntas. Kazan tiene una no muy extensa pero interesante carrera como actriz: se la visto en series como Medium y en películas como Crimen perfecto (2007), La conspiración (2008), Solo un sueño (2008) o la no estrenada Me and Orson Welles (2008) de Richard Linklater, con el popular Zac Efron. Actualmente se habla de ella como superheroína en Justice League: Mortal.
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