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REBAR
Amenudo se discute si los homenajes post mortem se justifican. Que un sujeto X desaparezca de este mundo sin saber si se ha reconocido su valía a través de un monumento a su memoria; un hospital, una escuela, una avenida que llevara su nombre, huele a justicia tardía. Por eso mismo, hay gente que apresura este tipo de distinciones para ofrecerlas con el agasajo vivito y coleando... tanto cuando todavía es joven, como cuando tiene en sus temblorosas manos las fichas para apostar a las tres últimas.
Veamos. Michelle Obama, que no llega a los 50 y hace furor en el mundillo de la moda, ya tiene su estatua de cera en el Museo Madame Tussauds, de Washington; está ubicada en la galería presidencial, de pie junto a su esposo, y con la Casa Blanca de fondo. Luce un vestido rojo, sin mangas; un cárdigan negro, y su infaltable collar de perlas. (Pregunto: si un día -Dios no lo permita- el matrimonio se va a pique... ¿la cera se derrite?)
Otra personalidad que ya conoce su propio monumento, es Margaret Thatcher. Desde hace dos años, una importante estatua erigida en el Salón de los Héroes de la sede parlamentaria, se adelantó a homenajear a la mujer que fue Primera Ministra de Gran Bretaña entre 1979 y 1990. En una publicación, la baronesa apareció tiempo atrás fotografiada junto a la imponente mole de bronce, con el brazo derecho extendido, y saliente el dedo índice de su mano. Los "chuscos" de siempre tienen dos interpretaciones de ese gesto: en una, Mrs. Thatcher estaría haciendo parar a un ómnibus de dos pisos para ir de Downing Street a la Cámara de los Comunes; en la otra, con su gesto indicaría a la armada inglesa por dónde debe tomar para llegar a las Malvinas.
La verdad es que "la dama de hierro" banca todo lo que disparan... y lo que ella misma produce. En los últimos meses, su salud se ha deteriorado seriamente, como consecuencia de su afición a caerse (y fracturarse) en su propio domicilio, circunstancias que han dado tema a esos mismos chistosos para afirmar que doña Margaret "aterriza" en el mejor estilo "Scotch"... aludiendo, sin el mínimo disimulo, a la vocación alcohólica que, en zona de reconocimiento de sus defectos se constituyó, en su momento, en motivo determinante de su renuncia.
La Reina Isabel y el Primer Ministro Gordon Brown se reunieron en el Palacio de Buckingham en julio de 2008, para diagramar en secreto los detalles de las exequias de la vieja amiga: pero ella no se impresiona por eso. Es más: en rueda de graciosos se ha comentado que tanto no se sugestiona, que se la ve alegre mostrando una botella de whisky en la mano y cantando, en versión inglesa naturalmente, "La última curda".
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