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Rodolfo Sienra Roosen
Un dicho popular recuerda de tanto en tanto, que "si quieres conocer a Pedrito, dale un mandito". Con todo respeto, vamos a detenernos en la figura del Presidente de la República.
No da el espacio para enumerar las oportunidades en que perdió la calma o cometió torpezas por arrebatos, sea cuando mencionó a los medios de prensa opositores a su gestión con cierto tono de reconvención, sea cuando sobre su reelección después de haberla negado tres veces como San Pedro anunció que habría de llamarse a un prolongado "pps" en términos de profundo silencio, o si se quiere cuando nos advirtió que a nadie se le ocurriera preguntar el costo de aquel acto de dos cuadras de marzo porque era una inversión y no un gasto, y tuvo que declarar que la farra insumió ciento ochenta mil dólares.
Y hay más. Pero esto último que acaba de anunciar con respecto al traslado de los restos de Artigas es sorprendente, y sólo admite una explicación: la de su firme intención de dejar su marca en la historia con una medida que no entiende nadie.
En la izquierda predomina una especie de obsesión por capitalizar para sus fines políticos la figura del Prócer. La imagen que quieren venderle al país es que Artigas es de ellos, no de los orientales, o por lo menos no de los orientales de hoy. Probablemente del tramo de historia del territorio nacional que se conoce desde la llegada de Solís hasta el 1º de marzo de 2005, lo único que merece ser rescatado es Artigas.
La explicación puede venir por el lado que los demás héroes nacionales, de alguna manera u otra han estado vinculados a los vituperables partidos tradicionales. Entonces se apropian de la figura del Héroe. Eso explica también el porqué aquella propuesta de Vázquez del 19 de junio como el día preclaro de la Patria para conmemorar no la trayectoria, no los hechos relevantes de la vida del Protector de los Pueblos Libres, no sus ideas, no su sacrificio, no su amor a su tierra y a su gente, sino simplemente el hecho biológico de su nacimiento. Intentó hacerlo hace un par de años, convocando a todo el país al homenaje, y aparte de algunos políticos opositores, de su gente no le fue prácticamente nadie.
En esa oportunidad, el despecho le llevó a anunciar por primera vez que no contaran con él para otro período de gobierno. Pero esta disposición de ahora, de trasladar los restos de Artigas al Edificio Independencia, es mucho peor que un sacrilegio, como se ha dicho. Es un disparate. Tuvo cinco años para hacerlo ¿Y se le ocurre concretarlo cuando se va? Justificarlo porque el mausoleo es obra de la dictadura, es inadmisible. Argumentar con que "ellos" (los militares) no le pidieron autorización a nadie para hacerlo, es ponerse a la misma altura de aquel gobierno autoritario y dictatorial, para legitimar su propia alcaldada, inconcebible en un gobernante republicano.
No alcanza que pretenda sacarlo por ley. Que se levanten las manos de yeso regimentadas en el Parlamento para darle el gusto de la satisfacción a su ego, no va a bendecir esta grosería de pretender convertir un mausoleo dentro de un museo que está para exponer, no para darle albergue a una tumba, como se lo señaló con acierto Correo de los Viernes.
Buen recuerdo el que nos deja con el mandito que recibió.
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