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Rescribiendo la historia reciente, un ex dirigente tupamaro, Mauricio Rosencof, actual director de Cultura de la intendencia capitalina, afirma muy suelto de cuerpo que los tupamaros trataron a todos sus secuestrados "con un gran respeto" y que "jamás le levantaron la mano" a uno de ellos. Es tan evidente el intento de Rosencof por edulcorar la funesta historia tupamara y tan burda su mentira, que estas declaraciones, formuladas a Búsqueda, no pueden pasarse por alto.
Basta mirar las fotos de las personas al ser rescatadas de las llamadas "cárceles del pueblo" para verificar el estado deplorable en que se hallaban. Las imágenes de Pereira Reverbel y de Pellegrini Giampietro, secuestrados en 1968 y 1969 respectivamente (es decir bajo un gobierno democrático y varios años antes del golpe de Estado), son elocuentes. Macilentos, demacrados, golpeados, con dificultades para caminar y para hablar, ambos fueron víctimas de la saña de sus carceleros y de las horrendas condiciones de dichas "cárceles", que en esos casos eran pozos malolientes cavados en la tierra.
Hay otros ejemplos. La sonrisa con los dientes partidos a golpes que presentó Frick Davies el día de su liberación, el infarto sufrido en cautiverio por el científico estadounidense Claude Fly, los rastros de las palizas recibidas por Sergio Molaguero mientras fue retenido en infames condiciones, testimonian que el "gran respeto" de los tupamaros por sus víctimas es otro cuento chino de Rosencof.
Ni que hablar de la tortura psicológica padecida por los cautivos y también por sus familiares y amigos, chantajeados de continuo por los guerrilleros bajo amenaza de matar a los secuestrados (como lo hicieron finalmente con Dan Mitrione).
Fueron tantas las violaciones a los derechos humanos perpetradas por los tupamaros que sólo con un cinismo extremo y un descaro sin límites se puede sostener que trataban bien a sus prisioneros. Según Rosencof, los tupamaros eran "un movimiento político en armas", aunque omite agregar que ese movimiento armado se formó para aniquilar la democracia uruguaya e instaurar una dictadura castrista.
¡Hay que tener rostro!
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