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Acaba de anunciarse que el Intendente de Maldonado, Oscar de los Santos, le ha puesto la firma al proyecto para un desarrollo inmobilario y portuario lindero con la playa Chihuahua. Se pretende construir una villa náutica, un futuro "boating" al mejor estilo argentino, con decenas de amarras y casas particulares y varios bloques de nueve pisos, además de planta baja y sótano, cada uno. Más de doscientos mil metros cuadrados de construcciones, canales, larga escollera y un Club House con Spa y demás comodidades. "El sueño del pibe", para algunos...
Nuevamente, distintos intereses se encuentran en pugna y otra vez, Punta del Este y su entorno son el codiciado botín en el medio de distintas ambiciones y posturas. Las de aquellos que se presentan como adalides del progreso; los que cuentan las ganancias que les dejará el negocio; los que priorizan la oferta de una futura fuente de trabajo; los que calculan las ventajas que podrán obtener con todo esto y también quienes reclaman por derechos adquiridos. Finalmente, existen los que se preocupan por la protección del medio ambiente, los que alertan sobre los daños que amenazan el equilibrio natural de la zona, cuya violación terminará afectando a su vez, las propiedades de otra gente, por lo que seguramente las voces de sus dueños se sumarán al rechazo ya surgido.
Como siempre en estos casos, hay dos concepciones que inevitablemente se contraponen. Las que consideran que no se puede frenar el desarrollo y argumentan que los cambios son inevitables, necesarios y hasta convenientes. Mientras en contraposición hay posiciones más prudentes, más conservadoras, que se oponen al desarrollo a cualquier precio. Se trata de un debate complejo y encontrar el equilibrio entre progreso y conservación es a lo que hay que apuntar. Porque no siempre todo lo que se rotula de esa forma es positivo o el conservadurismo extremo es lo acertado.
En el caso que nos ocupa, no puede dejarse de lado la opinión de una de las personas que más sabe en el Uruguay sobre el tema costero, el geógrafo Milton Jackson. Según lo dicho y escrito por el experto, en el paraje llamado Boca del Potrero donde se piensa hacer las obras y desemboca el arroyo del mismo nombre, trayendo agua del Pan de Azúcar y de la Laguna del Sauce, con una descarga de aproximadamente 14 mts. cúbicos por segundo, es una barbaridad cegar su escorrentía. Lo que habrá de suceder, (antes se hablaba solo de una dársena), una vez se construya la escollera proyectada.
La tal obra significará que las aguas del meandroso Potrero se irán hacia los campos deprimidos, en costas bajas, de los vecinos hacia el oeste, al derivar el emisario por la tierra que el Ministro de Obras Públicas está dispuesto a expropiar en centenas de miles de dólares, (dineros del sufrido contribuyente) para facilitar la concreción del plan de la firma Chihuahua. También se arruinará la arboleda de Ocean Park, sus playas y la de Chihuahua y los terrenos de los alrededores. La franja de dunas, al mojarse su base arenosa, se volverá movediza, empezará a desmoronarse y dejará de ser una protección contra las olas cortas (2 o 3 segundos) que golpean esa costa y son las más dañinas. Además de los riesgos de posibles coladas de barro por las calles, en realidad viejos cauces del arroyo derivante junto con un aumento general del nivel freático costero, en zonas muy susceptibles.
Para construir "una marina sin entrada o salida al Río de la Plata, enfrentada a los vientos del sur, muy difícil de operar dadas la corrientes de tránsito litoral que dirigen los movimientos de las arenas en las playas del arco de portezuelo y las oscilaciones de los niveles de marea extraordinaria" que allí se dan, la "solución" de la escollera, taponeando la salida natural del Potrero, significará "verter sobre los vecinos un caudal de agua mayor al de las lagunas Garzón o José Ignacio y similar al de Valizas", según informa el Sr. Jackson.
No es de extrañar entonces, que los estudios sobre este emprendimiento se arrastren desde hace muchos años, (desde los 80), dado sus dificultades técnicas y de diseño, o que haya tenido múltiples observaciones y exigencias de cambios en los planos, ni que ahora se hayan encendido luces de alerta. Sí sorprende que las autoridades actuales se muestren decididas a sonar la campana de largada, con solo una autorización ambiental previa de la Dinama, que parece haberse abocado a estudiar como afectarían las olas al espigón, dejando fuera del análisis los otros aspectos.
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