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Viernes 10.07.2009, 12:52 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


ÚLTIMA PARADA 174

Tragedia en vivo y en directo

El secuestro de un ómnibus en el año 2000 es recordado por un muy buen film que salió directamente en DVD

HENRY SEGURA

Es la más reciente candidata al Oscar por Brasil y tiene dirección de Bruno Barreto, el responsable de "Doña Flor y sus dos maridos". "Última parada 174" ha recibido muchos elogios y su conmovedor relato acaba de ser lanzado directamente en DVD.

Es una historia desarrollada en tres tiempos. El primero tiene que ver con la realidad que la originó: el 22 de junio de 2000, un muchacho de la calle en Rio de Janeiro decide robar en el ómnibus 174, pero una circunstancia accidental lo lleva a secuestrarlo, deteniendo el vehículo en el Parque Lage, a los pies del Cristo Redentor, con once rehenes. Así comenzó un "reality" trágico que duraría cinco horas, con la participación de la policía militar y la transmisión en directo por los medios a todo el país, que produjo una verdadera conmoción pública muy recordada hasta el día de hoy.

En los momentos finales del hecho policial, Sandro do Nascimento, el secuestrador de 22 años, acorralado, quiso encontrar una salida bajando del ómnibus con una profesora como escudo. Esa decisión desesperada fue un paso en falso porque un policía de inmediato le disparó pero el tiro terminó hiriendo a la rehén. El efecto dominó no demoró nada en producirse y tras el primer disparo se sintieron otros tres con los que Sandro mató a la mujer. Fue apresado de inmediato y ante la avalancha del público presente que quería lincharlo, fue subido a un vehículo policial. Pocas horas después un comunicado de las autoridades decía que estaba muerto. Las circunstancias más que extrañas llevaron a juicio a los agentes que intervinieron, pero fueron declarados inocentes.

Aquel impacto social fue determinante para que un año después la línea 174 cambiara por el número 158. Lo que no se pudo ocultar fueron las consecuencias que el hecho tuvo, empezando por los propios rehenes sobrevivientes. Uno de ellos, Damiana Nascimento, tuvo en aquel momento un tercer derrame cerebral que, según la revista Época, "la dejó sin habla y sin movimientos en el lado izquierdo del cuerpo (...) Desde entonces, camina con dificultad, se comunica por escrito y apenas dos motivos la hacen dejar su casa humilde, en la cima del Morro da Rocinha: ir al médico y depositar flores en el escenario de la tragedia".

Entre los millones de brasileños que contenían la respiración mientras ocurrían los hechos estaba José Padilha, un cineasta incipiente. Lo que vio fue determinante para que emprendiera su primer largometraje. Ônibus 174 fue estrenada dos años después, provocando un nuevo impacto por su excepcional calidad y la cantidad de elementos nuevos que arrojaba sobre el caso. El documental de quien después dirigiría Tropa de elite reunía imágenes de la transmisión en vivo de la televisión con reportajes a amigos y familiares de Sandro do Nascimento, a rehenes, al viudo de la mujer asesinada, a policías que habían participado en los hechos.

Aportó datos nuevos como que el asaltante no era un niño abandonado y sí hijo de una mujer asesinada por un ladrón cuando él tenía 9 años de edad. Sin pretender hacer lecturas psicológicas, Padilha anotaba así un elemento importante para empezar a entender cómo aquel niño optó por la calle, abandonando la casa de la tía. Vivió de pequeños robos, con botines compartidos con otros "meninos da rua", hasta que en 1993 es apresado tras sobrevivir a una operación limpieza llevada a cabo por fuerzas paramilitares en el centro de Rio, en la cual fueron asesinados seis menores y dos mayores. La llamada "masacre de la Candelaria", por haber ocurrido frente a la Iglesia de la Candelaria, también abrió un juicio muy publicitado que terminó con la condena de varios policías con penas que oscilaron entre los 200 y los 300 años de cárcel.

Pero el documental no se quedaba en el retrato personal. Apuntaba también a reflexionar sobre las causas sociales que convergían en la formación de los "monstruos" sanguinarios. Un definido asaltante profesional al ser entrevistado (y oculto tras una máscara) decía que Sandro se equivocó al no tener una granada que podía haber comprado. "En la favela son baratas", decía.

TRES. Las mismas preguntas se hizo Bruno Barreto cuando a siete años de los hechos decidió retomarlos. "Quise entender cómo un niño común, que jugaba al fútbol y le gustaba mirar televisión, se transformó en enemigo público número uno", se preguntaba en una entrevista hecha por Globo TV. "¿Cómo llegó hasta allí? Había hecho algo monstruoso", agregaba.

En su recreación no podía existir un factor sorpresa porque todo el mundo sabía cómo había terminado el secuestro del ómnibus 174. Su gran pulseada estaba en la tensión dramática a la que debía apelar al repasar cronológicamente la vida de Sandro y su amigo Alessandro. Hay que reconocer que ese es el principal mérito de Última parada 174 y el que obliga a mirar la película con una intensidad e interés que el director no había conseguido despertar hasta ahora, pese a su larga trayectoria. Opta por un tono contenido a sabiendas que los hechos ya tenían una carga trágica que no era necesario acentuar, dejando apenas los quince minutos finales para lo que todo el país vio durante cinco horas. Sin embargo reconoce que esa secuencia fue la que más trabajo le dio. Colocó un ómnibus en el mismo lugar donde había ocurrido la tragedia y filmó pensando en dos tipos de imágenes: una textura de televisión para las escenas en las que el ómnibus se ve desde afuera, y el tradicional pulido de una imagen de película para relatar todo lo que ocurre adentro.

De esa manera sintetiza también su interés en tomar a la realidad (respetando los hechos) como inspiración. "Quería contar esta historia en formato de ficción para provocar una reflexión, porque esta realidad tan cruda te deja perplejo y hasta resulta inverosímil por lo absurda. La realidad en todo el mundo está muy increíble. La ficción ayuda al menos a empezar a comprender la realidad", razonaba el director. Esa historia, escrita por Braulio Mantovani, el guionista de Ciudad de Dios, tiene que ver con un muchacho al que la violencia propia y ajena fue quemando sus aspiraciones de rapero para al final darle una audiencia que jamás hubiera podido imaginar.

Un cineasta que hizo su obra entre Brasil y Estados Unidos

Las veinte películas dirigidas por Bruno Barreto pueden dar una imagen desconcertante en conjunto, porque en apariencia tienen poco que ver entre sí. Pero para el cineasta de 53 años que emergió en los comienzos de la década del 70 bajo la protección de su abuela primero y su padre después, produciéndole sus largometrajes, hay algo en común: todas tienen que ver con el comportamiento humano, más allá de que sean dramas, tragedias o comedias.

Es un ser muy crítico sobre su obra. De hecho, antes de hacer Última parada 174, reconocía que solamente le gustaban dos de sus películas: Romance da empregada (1987) y Romance sin límite (1996), aunque nunca se podrá liberar de ser identificado con Doña Flor y sus dos maridos (1976). Buena parte de su carrera la hizo en los Estados Unidos adonde llegó invitado para dirigir, cuando Collor de Mello había prácticamente liquidado al cine brasileño. En el país del norte además se casó con la actriz Amy Irving.

Tres películas sobre famosos bandidos brasileños

Lúcio Flávio

1977

Fue un famoso bandido carioca que denunció toda la violencia y corrupción policial en tiempos del Escuadrón de la Muerte, fundado en 1960. La película de Héctor Babenco, con Reginaldo Faría, era una denuncia de las otras violencias que el régimen dictatorial continuaba practicando en el Brasil de entonces.

Madame Sata

2002

Karim Ainouz hizo una valiosa aproximación a Joao Francisco dos Santos, un individuo con personalidad múltiple que podía ser un feroz delincuente como travesti y bailarina de cabaret. Dos Santos nació en 1900 entre esclavos y su madre lo vendió a los 7 años. Forma parte de leyendas urbanas y es figura del carnaval carioca.

Luz nas trevas

2009

Retoma el personaje de "O bandido da luz vermelha", film de Rogélio Sganzerla que en 1968 revolucionó al cine brasileño. Joao Acácio Pereira da Costa fue un asaltante de casas paulista que usaba una linterna roja, hablaba mucho con sus víctimas y luego hacía espectaculares fugas. Con Ney Matogrosso.

El País Digital

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