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Análisis. Se buscan "atajos" discutiendo casos puntuales
ANDRÉS LÓPEZ REILLY
Por primera vez tras la dictadura, la inseguridad figura en la primera línea de las campañas políticas. ¿Cuáles son las raíces del problema? Según el historiador Gerardo Caetano, existe en Uruguay una visión "desenfocada" de la violencia.
"Esta no es una sociedad pacífica. Y el mito instalado de que la violencia tiene su origen en el núcleo marginal de la sociedad, es un error", sostuvo ayer el analista político al intervenir como conferencista ante el Consejo Mundial de Iglesias, que se reúne hasta mañana en Montevideo con la participación de emisarios de diferentes países.
Conocedor de los procesos históricos, políticos, religiosos y culturales que jalonaron la sociedad contemporánea, Caetano elaboró un análisis del pasado, el presente y el futuro del país, que observa con una cuota de optimismo.
"Uruguay tiene antagonismos, sí, pero son negociables en términos razonables. Lo que no tiene, es más tiempo. Esto es muy radical, e instala en el país lo que a los uruguayos especialmente les molesta: el sentido de la urgencia, en un país en el que normalmente se piensa ¿por qué hacer esto hoy si lo puedo hacer mañana, o si lo puede hacer el gobierno próximo?", reflexionó.
Según el experto, la política tiene una incidencia enorme, casi que desmedida, en la sociedad uruguaya. "Hay una sobredimensión de la política, que sin embargo no logra reflexionar con hondura sobre el tema de la violencia", apuntó.
Como ejemplo de la importancia que tiene la política partidaria en Uruguay, mencionó la reciente elección interna, en la que "la primera reflexión fue por qué votó tan poca gente", cuando en otros países, en instancias similares, la participación ciudadana es muy inferior.
Esta visión desenfocada sobre los problemas de la sociedad repercute en otras políticas de Estado. "Uruguay es uno de los países que gasta más dinero por habitante en Salud, pero lo gasta mal, porque apuesta a un sistema de sanación, cuando debería apostar a uno de prevención", apuntó.
Y desde esta óptica, se formulan diagnósticos equivocados. Por ejemplo, se proyecta a los ancianos como las "víctimas" de la sociedad, cuando los datos revelan que 55% de los niños y jóvenes -especialmente las mujeres- viven en hogares pobres o marginales. Entre personas de más de 65 años, la pobreza alcanza al 8%.
Al hablar de violencia, se suele pensar que "los jóvenes son los sospechosos", lo cual -para Caetano- es un "atajo" en la discusión del problema.
"Si no se debate en términos radicales sobre las múltiples implicaciones, se van a seguir cultivando atajos", su-brayó el experto.
EL PESO DEL PASADO. Después de un largo período de guerras fratricidas, la política permitió una cultura de la negociación en el siglo XX, que comenzó a romperse en la década de 1950.
"No es cierto que solamente hubo violencia política en la izquierda. También la hubo en la derecha, lo cual derivó en prácticas terroristas y en terrorismo de Estado", indicó Caetano.
Para el historiador y politólogo, la salida negociada de la dictadura y la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado fueron elementos que marcaron profundamente a los uruguayos. Y que los sucesivos gobiernos democráticos, no han sabido administrar correctamente.
"La idea profundamente equivocada fue que la paz tenía que pagar los costos del olvido, de la no verdad, de la no justicia y la impunidad, por ejemplo no esclareciendo los episodios de desaparición forzada", sentenció.
"Lo que queda claro es que la paz no emerge de la no verdad, del olvido impuesto que no acalla la memoria. El esclarecimiento de los hechos no admite la impunidad", agregó.
La exclusión social siempre ha marcado diferencias, aunque la proliferación de "ghettos de ricos" y "ghettos de pobres" es una realidad del Uruguay contemporáneo.
Caetano entiende que a la violencia hay que atacarla con "la no violencia". Que aunque parezca curioso, "es lo más radical que hay", porque los pacifistas lejos de asumir los conflictos, los dramatizan. "A Uruguay le cuesta enormemente asumir sus conflictos. Es un país que explota para adentro, que acumula para adentro. Y en un momento, la violencia se dispara", apuntó.
También la religión se ha diversificado, separando en parte a los uruguayos. Y los políticos uruguayos son un ejemplo de ello, dijo Caetano.
El politólogo recordó que Pedro Bordaberry proviene de una familia profundamente católica y que José Mujica ha inaugurado locales partidarios en centros umbandistas. También dijo que "vio personalmente" a Luis Alberto Lacalle persignar a niños haciéndoles la señal de la cruz en la frente, lo cual era "impensable" para un político uruguayo en el pasado.
Y que el presidente Tabaré Vázquez, un masón, tiene "un vínculo muy particular con la laicidad".
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