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ALEJANDRO NOGUEIRA
Me equivoqué, lo admito. La semana pasada avizoraba una "sonrisa mueca y un abrazo tieso" entre Mujica y Astori y la realidad superó ampliamente mis peores expectativas. Solo hubo muecas y el "abrazo" fue un agarrarse del cogote de mala gana. He visto y seguido la historia del Frente Amplio desde el acto fundacional del 26 de marzo en adelante y nunca vi nada parecido a esta confirmación patibularia de la fórmula de la izquierda. El Frente Amplio ha cambiado profundamente.
Derrotado en toda la línea, Astori deberá decidir si en el camino a octubre será una pesada mochila para Mujica, si saldrá cada tanto a controvertirlo, o si le pondrá calor y aportará recursos, militancia y esfuerzo para el triunfo. Aún no dio señales claras al respecto.
Este arranque no vaticina para el Frente una buena campaña. Más allá de los porcentajes de la votación del domingo 28, hacía semanas que era clara la definición de la interna frentista. Que no se haya negociado en este período y que todo se dejara para después de la elección le agregó una semana de gran desgaste a la fórmula y, además, terminó mal. Alguien es responsable de esa ausencia de negociación y del fracaso final. Puede ser uno, los dos, o ambos en diferente grado.
Las demandas de Astori fueron tan elevadas que ni Mujica ni nadie podía aceptárselas. Que fueran los planteos de arranque de una negociación, puede entenderse, pero que fueran su culminación denota una ausencia de capacidad de apreciación de la realidad política -y del significado de su derrota electoral- que hace dudar de su buen juicio en general. O bien, es como dicen los astoristas: Mujica dijo una cosa primero y después otra. Los antecedentes impiden ser categórico en este análisis.
En el curso de la semana Mujica dio señales públicas de flexibilidad que cayeron en saco roto. Y el sábado le dio un ultimátum a Astori y eligió la sede de sus aliados socialistas. La resolución del problema, aceptando el lunes una fórmula con la credibilidad definitivamente dañada, lo deja en falsa escuadra. Si en ese momento hubiera pateado el tablero y recurrido a Daniel Martínez o Marcos Carámbula para la dupla, aunque tuviera que remar desde abajo, al menos iba a generar entusiasmo en su militancia. Así, Mujica va a la lucha con una mano atada, y con la otra tiene que volver a entusiasmar a la militancia (hoy traumatizada), tironear o frenar a Astori según lo que éste haga, y parar los golpes de sus rivales. Y el líder de Asamblea Uruguay quedó en una aún inexplicada ambivalencia.
El candidato electo del FA entró a la cancha de la elección nacional a la defensiva y le llueven los puñetazos nacionalistas por sus dichos y medios dichos en el "lenga-lenga" que lo caracteriza, que se ha transformado en una trampa mortal en su posición de presidenciable. Si sigue así se va a pasar la campaña aclarando lo que quiso decir después de decir lo que quería decir. Y se necesita mucho fervor por una figura política para que la gente vote a alguien que transmite mensajes tan confusos aunque, naturalmente, hay muchos votantes que no reparan en estas sutilezas.
Hoy por hoy -en política las cosas pueden cambiar dramáticamente en poco tiempo- la posible derrota del Frente Amplio en la elección nacional, tiene dos padres y ambos quedaron muy incómodos.
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