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Jueves 09.07.2009, 12:34 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

Hoy inician diálogo Zelaya y Micheletti ante Oscar Arias

Honduras. Buscan solución a crisis política

DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

Un hábil golpe de timón ideado por el presidente Barack Obama y digitado por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dejó la difícil crisis hondureña en manos del ponderado y no ideologizado presidente de Costa Rica, Oscar Arias.

Así borró de un plumazo, por lo menos por cierto tiempo, el estrellato populista de Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega, Fernando Lugo, Rafael Correa y Cristina Kirchner.

Hoy los protagonistas del "cuartelazo", el derrocado Manuel Zelaya y el presidente de "facto" Roberto Micheletti junto a sus comitivas, se verán las caras en la residencia en San José del mandatario costarricense.

No será un encuentro de abrazos y sonrisas. Solo Arias es el optimista: apenas aceptó la sugerencia telefónica de Hillary Clinton para oficiar de mediador, declaró que antes del fin de semana habría una definición

Micheletti, en cambio, no dejó mucha puerta abierta para el encuentro o jugó una baladronada antes de sentarse a la mesa, cuando confesó: "la comisión que viajará a Costa Rica fue constituida para dialogar, no para negociar. De ninguna manera aceptará la restitución del derrocado presidente". Y no menos desafiante apareció Zelaya: "no se trata de una negociación, se trata de la planificación de la salida de los golpistas del país".

El repudio mundial a los "golpistas" fue unánime. El fantasma del "militarismo" campeó nuevamente en Latinoamérica.

Pero se necesitaba, luego de la sanción de la Organización de Estados Americanos (OEA), el impulso que accionara el diálogo para el retorno de Zelaya y el "desplazamiento de los grupos que habían usurpado el poder".

Las ciudades de Honduras con manifestaciones diarias a favor y en contra de "Mel" Zelaya crecían en su fervor. Para muchos la presencia militar en las calles podría volver a las viejas luchas civiles. "Se vive sobre un polvorín", fue un titular de prensa.

Las figuras centrales de la crisis hondureña no inspiran ninguna confianza. Manuel Zelaya, cuyo condenable derrocamiento lo ha convertido en el foco de atención, no ha cumplido ninguna de sus promesas electorales: luchar contra la pobreza, contra la delincuencia y aumentar el crecimiento económico. Fue elegido por el partido liberal y empezó una política exterior junto al populismo de Chávez. En la interna "conspiró" con el Tribunal Electoral para eliminar a Elvin Santos como candidato presidencial de su partido, a favor de Roberto Micheletti, entonces su socio político e "íntimo amigo" y hoy el hombre que lo traicionó junto a los militares para su destitución.

El "juego limpio" no es una característica en los últimos años en Honduras. Zelaya, siguiendo los pasos de sus colegas populistas Chávez, Correa y Evo Morales, intenta el referéndum para abrir las puertas a la reelección. Se gana el rechazo y enfrenta a la mayoría de las fuerzas del país: el Congreso (que vota unánime su destitución), la Corte de Justicia, los militares y numerosos grupos sociales. Fueron enemigos que no estaban dispuestos a acompañar su ambición de conservar la silla del poder. Y decidieron no seguir los pasos de la ley e iniciar un juicio político a través del Congreso. Buscaron el "camino tortuoso del cuartelazo".

Y cayó Manuel Zelaya, ante el clamor del mundo contra el "golpe". Surge entonces la interrogante: ¿hay alguna puerta para abrir sin provocar un derramamiento de sangre en el dividido y desilusionado pueblo hondureño?

El martes, sin duda la hábil decisión estadounidense de hacer intervenir al Departamento de Estado, alejó la atención hondureña de la línea populista y la dirigió hacia un mediador de la talla del presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias.

La posibilidad de la suspensión de la ayuda económica y militar norteamericana -el 50% de la débil economía hondureña depende del TLC firmado con Estados Unidos, la financiación de programas de desarrollo y la ayuda directa de Washington- aunque no fue tema de la conversación en el despacho de Hillary Clinton, se sabía que iba a sacudir a las partes en pugna. Y la simple sugerencia de Clinton para buscar una solución constitucional no despertó la mínima resistencia.

Hoy con un árbitro de lujo se inicia el escabroso diálogo de legalistas y "golpistas" en San José de Costa Rica. La salida no es nada fácil. Se rumorea sobre un adelanto de la fecha de elecciones (fijada para noviembre) y una amnistía votada por el Congreso para Zelaya que volvería al sillón presidencial, sin insistir en la reelección presidencial. Pero, por ahora, son sólo versiones optimistas.

El País Digital

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