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Hebert Gatto
Más de una semana ha transcurrido desde las internas, un lapso que habilita un análisis más sereno. Así la cantidad de votantes, por debajo de lo esperado por las encuestadoras, disminuye su importancia cuando la cifra se coteja con la de la anterior interna, con una disminución para éstas de apenas un punto. Por lo que bien puede decirse que más que hechos se defraudaron expectativas.
La otra novedad, ésta más relevante, radicó en el hecho que el Partido Nacional obtuviera un número de sufragios superior al del Frente Amplio (46% el Partido Nacional, 41% el Frente Amplio y 12% el Partido Colorado). Se dirá que las internas evalúan únicamente las preferencias por candidatos dentro de cada partido, no siendo aptas para medir los porcentajes de participación de los mismos. Un dato que sí podría resultar relevante. Pero ello, sin embargo, puede lograrse, aunque obligue a apelar a las encuestas.
Éstas, en elecciones obligatorias, además de las opciones interpartidarias, reflejan la participación electoral esperable de las distintas colectividades. Lo que habilita a que este último dato pueda utilizarse para cuantificar la distancia con la votación real obtenida en las internas. La diferencia porcentual entre votos obtenidos por un partido y los que resultan de los sondeos, equivale a su poder de convocatoria en las recientes internas, más alto cuanto más se aproxime a los de dichos sondeos.
En el caso los resultados son sorprendentes. El Partido Colorado consiguió el voto del 59% de su electorado máximo, el Nacional el 48% y el Frente Amplio el 37%, lo que significa que pese a su pequeñez relativa, los colorados convocaron mejor que sus rivales; mientras el Partido Nacional superó al Frente en 11 puntos, equivalente a más de un 20% de ventaja en dicha convocatoria. Ello prueba como, pese a la tosquedad del cálculo, las diferencias en el envite de cada uno de los tres contendientes -todos con internas igualmente competitivas-, resultó muy diferente. La comprobación de la fuerte desmovilización de la izquierda, siete puntos debajo de su máximo, requiere una explicación. Que actualmente bien podría ser más estructural que coyuntural, apoyada en la desmotivación de una militancia partidaria sistemáticamente ignorada desde el gobierno.
Pero aun si omitimos este factor, importante en la retención de fidelidades emotivas, no cabe duda que la izquierda no consiguió un buen resultado. Es cierto que en el 2004 partió de una interna no mucho mejor que ésta, para luego triunfar en primera vuelta. Ocurre empero que las actuales condiciones no son las de entonces. Aquellas internas no fueron competitivas y desde mucho antes las encuestas otorgaban al Frente más de un 50% en la primera vuelta, contra un 31% del Partido Nacional y un 8% de los colorados (Factum, Diario El País, 7/9/04).
Hoy nada de esto ocurre y ni el "modelo demográfico", basado en la opción frentista de los jóvenes de entonces -al presente muy atenuada-, la "oposición creíble" que ya no desempeña el Frente, ni el carisma del candidato, un hombre de odios y amores acendrados, operan para asegurar su triunfo.
Un triunfo que depende del comportamiento, hacia uno u otro lado, de una pequeña proporción de las clases medias. Al parecer en su conjunto, no muy "mujiquistas".
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