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Miércoles 08.07.2009, 18:32 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

Benedicto XVI plantea un nuevo orden financiero guiado por ética

Encíclica. El Papa criticó la avaricia, pidió redistribución y transparencia

CIUDAD DEL VATICANO | AGENCIAS Y

SERVICIOS

El papa Benedicto XVI abogó ayer por un nuevo orden financiero mundial, guiado por la ética, la dignidad y la búsqueda del bien común. En su tercera encíclica sostuvo que la ONU y otros organismos son inadecuados ante el sufrimiento humano.

En su tercera encíclica "Caritas in veritate" -Caridad en la Verdad-, el Papa alzó la voz contra el capitalismo salvaje, condenó la avaricia financiera, el egoísmo y el paternalismo neocolonialista, y reclamó una globalización solidaria, un nuevo orden económico basado en los valores cristianos, fusión de "fe y razón, caridad y verdad". También afirmó que la crisis actual aumenta las desigualdades sociales, la pobreza extrema, el trabajo precario e incluso pone en peligro la democracia.

Redistribución y transparencia son dos de las palabras clave del documento dado a conocer ayer en el Vaticano y que es fruto del trabajo de varios años y del aporte de numerosas personalidades. En él el Papa señaló que la globalización no es solo un proceso "socioeconómico", sino "una oportunidad para redistribuir la riqueza con honestidad". Y agregó que hace falta un mercado más social y más humano, en el que el Estado tenga un papel activo y las empresas se guíen por la ética y la responsabilidad.

Partiendo de las ideas del Concilio Vaticano II recogidas en la encíclica Populorum Progressio, publicada por Pablo VI en 1967, el Papa afirmó la vigencia de los principios clásicos de la Ilustración (igualdad, libertad), y señaló que es preciso corregir las carencias del tercer elemento, la fraternidad. Benedicto XVI asume, no sin autocrítica, la dificultad cultural de la Iglesia para conocer y manejar las diversas verdades que forman "la verdad". Pero su idea es propositiva: la injusticia existe y es preciso intervenir, crear un sistema nuevo, más transparente y justo, con reglas que integren al Tercer Mundo, a pobres y hambrientos, en la economía y el comercio mundiales.

Para Benedicto hace falta una reglamentación financiera que dé garantías a los más débiles y una autoridad mundial que ejecute esas reglas. "Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimentaria y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad Política Mundial, que debe atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y solidaridad", consideró.

El Papa sostuvo que la crisis nació de "un déficit de ética en las estructuras económicas" y de la mentalidad predominante de obtener beneficios a toda costa. Sin ética, según el Pontífice, la economía puede destruir al hombre. "El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y hombre políticos que sientan profundamente en sus consciencias la llamada del bien común", afirmó.

Benedicto XVI reprochó la "excesiva burocracia" de los organismos internacionales, "a menudo demasiado costosos", y el "que los pobres sirvan para mantener viva la vida dispendiosa de los aparatos burocráticos". El Pontífice observó que, ante los sufrimientos de la humanidad, la ONU se demostró incapaz de afrontar las sacudidas de la globalización y la acusó de no haber conseguido afrontar "el escándalo del hambre", en parte por el despilfarro y la falta de transparencia en las ayudas. El respeto por la vida, puntualizó, "no se puede separar" del desarrollo de los pueblos y pidió una reforma de los organismos internacionales.

En el documento también invocó un trabajo "decente" para todos como "derecho inalienable" del ser humano, a la vez que pidió respeto y acogimiento "en cualquier circunstancia" para los trabajadores extranjeros. Sostuvo que la migración es un fenómeno "histórico, muy complejo, que ningún país puede resolver solo", y requiere la "estrecha colaboración" entre países emisores y receptores. "Los inmigrantes ayudan al desarrollo de los países que visitan", recordó, "y no pueden ser considerados una mercancía o una fuerza de trabajo. No deben ser tratados como un mero factor de producción más".

La encíclica actualiza la doctrina social de la Iglesia y trata, a la vez, de reivindicar el papel de la religión, potenciando el peso de los valores cristianos en la sociedad y atacando al laicismo y el ateísmo. El Papa reiteró en el texto, con palabras fuertes, su "no" al aborto, la eutanasia y la amenaza de una programación eugenética desde el nacimiento, al rechazar lo que llamó "la cultura de la muerte". A su juicio, sin respeto por la vida ni sentido de la trascendencia, no puede haber desarrollo.

Benedicto subrayó que "la sexualidad no debe ser reducida a mero hecho hedonístico" y que la iglesia recomienda "el pleno respeto de los valores humanos incluso en el ejercicio de la sexualidad". Según el Pontífice, "considerar la sexualidad como simple fuente de placer y regularla con políticas de forzada planificación de los nacimientos revela la presencia de concepciones y políticas materialistas en que las personas terminan por sufrir varias formas de violencia".

En la encíclica también se afronta el tema del medio ambiente como "don de Dios que debe usarse de modo responsable". Debe terminar, escribió el Papa, "el acaparamiento de los recursos" por obra de los Estados y de los grupos de poder en perjuicio de los "países pobres". La comunidad internacional debe "disciplinar las explotación de recursos no renovables" y las sociedades desarrolladas deben reducir "sus necesidades energéticas".

Documentos que marcaron la historia

La primera encíclica de la historia fue firmada por Benedicto XIV en 1740, quien apenas elegido al trono de Pedro publicó el texto "Urbi primum", sobre la función de los obispos. Las encíclicas, que constituyen el cuerpo doctrinario que define la posición de la Iglesia católica sobre asuntos clave, nacen como "cartas circulares" del Papa dirigidas a los obispos y fieles sobre argumentos muy diferentes y su versión oficial es siempre en latín. Muchas encíclicas sirvieron para denunciar errores y condenar tendencias y movimientos, como el ateísmo, la masonería, el modernismo. Un total de 296 encíclicas han sido publicadas en el curso de los últimos dos siglos, algunas de las cuales marcaron la historia de la humanidad como "Rerum novarum", publicada por León XIII en 1891 en la que se denunciaban las condiciones "inhumanas" de trabajo de la clase obrera. Entre las encíclicas memorables figuran "Pacem en terris" (Paz en la tierra) de Juan XXIII. La tercera encíclica de Benedicto XVI se entrelaza en tanto con la "Populorum Progressio" (1967) de Pablo VI y con la "Centesimus Annus" (1991) de Juan Pablo II.

Ateísmo es el gran enemigo

El Papa Benedicto XVI indicó en su encíclica "Caritas in veritate" que el gran enemigo es el ateísmo. "La cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo", escribió el Pontífice. "El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano", concluyó.

El País Digital

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