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Miércoles 08.07.2009, 18:30 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

Sodre recibe donación de una videasta

Ximena Oyanedel hizo varios trabajos sobre arte uruguayo

JORGE ABBONDANZA

La chilena Ximena Oyanedel es casi uruguaya. Es cierto que nació en Santiago (1937) y se formó en universidades de aquel país. Pero también es cierto que sus estudios prosiguieron en Uruguay desde que se radicó aquí hace 45 años, abarcando desde historia del arte hasta crítica especializada y periodismo. Durante este período, Ximena ha desarrollado asimismo una copiosa actividad artística, como realizadora en unos cuantos films de género documental dedicados a varios plásticos de nuestro medio, aunque esa opción no excluyó a notabilidades del área musical como eje de su empeño cinematográfico, también extendido a otras filmaciones que esta especialista llevó a cabo durante sus viajes por Europa y América.

En ese terreno comenzó formando equipo con Juan José Mugni -un prestigioso director que desde hace años está a cargo del Archivo Nacional de la Imagen- y en ese régimen de colaboración realizaron Manuel Espínola Gómez, una caligrafía existencial (1982) sobre la producción del formidable pintor uruguayo; Héctor Tosar (1985) sobre la mayor personalidad de la música académica contemporánea en el país; Hugo Nantes (1986) sobre las dos vertientes de ese creador como escultor y pintor. Luego, Ximena Oyanedel emprendió una etapa en forma individual, a la cual pertenecen otras películas siempre volcadas al perfil de plásticos destacados como Magalí Herrera, Marcelo Legrand, Jorge Soto y Gerardo Ruiz (todas ellas en 1987), además de un film sobre el envío uruguayo a la Bienal Internacional de San Pablo de 1985, en el que figuran obras de Águeda Dicancro, Wifredo Díaz Valdez, Silveira-Abbondanza, Nelson Ramos y el propio Nantes, que integraron aquella propuesta exhibida luego en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo.

El interés testimonial de esas producciones se complementa con la entrevista que Ximena efectuó al pintor Raúl Javiel Cabrera (Cabrerita), una singularísima figura del arte nacional, que también fue filmada y constituye el único documento de su tipo que ha quedado vinculado a ese talento tan desdichado como irrepetible. Importa señalar todo ello, porque la realizadora acaba de donar todas sus películas al Sodre, en un acto de desprendimiento que significa además un gesto de notable generosidad cultural y que permitirá que ese material esté al alcance de quienes aspiren a verlo, estudiar el contenido o incorporarlo a sus investigaciones. No es nada abundante el registro documental sobre la plástica uruguaya, de manera que la donación de Oyanedel debe ser estimada doblemente. Esa entrega fue acompañada de una cámara de proyección en Super 8.

Cuando se piensa en todo lo que podría haberse grabado en soportes variados (desde el video hasta cine en sus distintos formatos) para que se conservaran algunas memorables labores teatrales, algunas proezas sinfónicas o coreográficas y algunas manifestaciones del arte visual que hicieron historia, se impone asimismo lamentar que no se haya hecho casi nada en la materia. Pero esa inactividad no es casual. Es el resultado del desinterés oficial por combatir seriamente para que las múltiples formas de expresión artística perduren no sólo en la memoria, sino además en la imagen y la palabra asociadas, como vehí-culo de preservación cultural y como acto de justicia frente a lo que el talento creador entregó (y entrega) a una sociedad a menudo indiferente, cuyo afán testimonial parece agotarse en el fútbol, el carnaval y la política, tres asuntos a los que no cabría formular reparos si no fuera que en esta sociedad parecen ser áreas excluyentes y no complementarias con otros territorios dignos de superior devoción. En esta comunidad, el celo por salvar la memoria no siempre está dispuesto a retribuir como corresponde el legado de los artistas.

Ese panorama es lo que confiere valor adicional a la donación que Oyanedel ha hecho al Sodre, que es reflejo de sus entusiasmos transandinos y de la que conviene dejar constancia, así sea a nivel periodístico.

El País Digital

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