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La alternancia de los partidos en el poder es una de las principales virtudes de la democracia. Y tenemos sólidas esperanzas de que ello se registre a partir de los próximos comicios de octubre. Que marque el regreso del Partido Nacional al gobierno y no por un simple sentimiento de adhesión o militancia, sino por lo que él representa, por su trayectoria, sus propuestas y sus fortalezas.
El Partido Nacional o Partido Blanco tiene historia e historia uruguaya. Surge en los albores de la patria libre siguiendo la figura y el pensamiento de uno de sus padres fundadores, como fue Manuel Oribe. "Defensores de las Leyes" fue su primer distintivo, defendido con la sangre y la vida en los campos de batalla y nunca jamás abandonado. Ese ejemplo se prolongó en los años y la nobleza del héroe, militar, civil, revolucionario, escribió páginas incomparables en las gestas de la república. Allí están Leandro Gómez y su heroica defensa de Paysandú; la lanza y vincha de "Por la Patria" de Aparicio Saravia reclamando la libertad electoral; la sangre joven derramada por Washington Beltrán en el campo del honor; la doctrina americanista, social y política de Luis Alberto de Herrera; el pensamiento y el ejemplo valiente de Wilson Ferreira. La lista puede continuar y ser más amplia: todos tienen en común que son nacidos en esta patria y su amor por el Partido. Los blancos no necesitan buscar héroes fuera de fronteras; los tienen aquí, todos auténticamente uruguayos, todos nacionales.
Hay así una identificación absoluta con el país en su pasado y hay así una preocupación sagrada por su futuro. ¿Y qué es lo que nos ofrece el Partido Nacional para este octubre? Mucho. Vayan aquí algunos puntos para el arranque, a cuenta de otros que se agregarán en el camino electoral.
La rápida definición de su fórmula presidencial. El mismo día de las internas, a pocas horas de que las proyecciones dieran triunfador a Luis Alberto Lacalle, ambos candidatos, mano a mano, sin intermediarios, negociaciones ni estridencias acordaron dar la pelea juntos. Y así lo hizo público Jorge Larrañaga en la Casa del Partido Nacional. ¿Acaso algo parecido ocurrió en tiendas adversarias?
Un segundo aspecto, un detalle si se quiere, que no es menor: presenta una fórmula (Lacalle-Larrañaga) que combina experiencia y juventud. Enfrente, en su adversario de hoy, solo experiencia y no necesariamente de la buena.
Un pensamiento más homogéneo en sus referentes. No se trata de que no haya diferencias entre Laca-lle y Larrañaga, pero son mucho menores que las que se pueden encontrar entre Mujica, Astori (sus representantes -ni siquiera ellos- llevan una semana negociando), a los que habría que sumarles todos los grupos y subgrupos que integran el conglomerado y participan activamente en la toma de decisiones (Partido Comunista, Socialista, Vertiente, Alianza Progresista, MPP, escindidos del MPP, etc. etc.). El problema que tienen es que no son un Partido, sino la suma de partiditos, que el fanático culto a Tabaré Vázquez logró ocultar en instancias anteriores.
No hay vínculos ideológicos que afecten o puedan afectar nuestro poder de decisión como país soberano con ninguno de los mamarrachos que pululan por la región, llámese el coronelísimo Hugo Chávez, el matrimonio Kirchner, los hermanos Castro. Los blancos tienen independencia absoluta para buscar los acuerdos que mejor se adapten a las necesidades o intereses nacionales.
Hay experiencia de excelente gobierno (a nivel nacional y departamental) sin la necesidad de fuerte viento a favor en la coyuntura económica internacional. La dupla frentista se manejó con discretos resultados en una época de bonanza inusual y para colmo despilfarraron el dinero como si fueran los inventores de la maquinita de fabricarlo.
El Partido Nacional puede presentar un equipo que -al igual que su fórmula- mezcle experiencia y renovación. Mientras el estrado frentista, el día de la interna, mostraba a Gargano, Arana, Couriel, Brovetto, Agazzi, Rubio… toda una sensación de "veinte siglos nos contemplan".
Y está además el antecedente de dos años atrás, cuando los blancos convocaron a elecciones de la juventud y más de 50.000 de ellos se volcaron a las urnas. Sabia nueva abundante en el viejo partido, que habla de una fuerte renovación que asegura su vocación de permanencia.
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