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Domingo 05.07.2009, 12:05 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


Análisis

Hacia el "Peñón Oriental"

SERGIO ABREU

Para satisfacción de la humanidad, las sombrías previsiones sobre su futuro, escritas por George Orwell en sus sátiras "1984" y "Animal Ferm" no se concretaron al pie de la letra; aunque, algunas expresiones de la realidad se entrevieron por parte del escritor inglés, en lo que al "nuevo pensamiento" y al "doble discurso" se refieren.

En cuanto al "doble discurso", el proceso de globalización del Siglo XXI ha venido desafiando a los Estados a dejarlo por el camino. Algunos lo han logrado, pero otros, alimentados por ambigüedades ideológicas todavía lo mantienen, y hasta lo cultivan.

El Uruguay también se ha enfrentado a este desafío; como país abierto, vulnerable y asimétrico debe administrar simultáneamente tres variables: la global, la regional y la nacional en el marco de un contexto donde precios y decisiones se toman desde el exterior. Por tanto, su visión política no admite ni el "doble discurso" ni la ignorancia de las fuertes condicionantes que surgen de su peculiar ubicación geográfica.

En tal sentido el destino del país oscila, hoy más que nunca, entre su rol de territorio "bisagra" en el ámbito de su vecindad, o de "Gibraltar", esto es aislado de la necesaria conectividad física con sus dos grandes países limítrofes.

Lamentablemente, en estos últimos años la definición estratégica se ha debilitado, debido fundamentalmente, a la prevalencia de afinidades ideológicas, a un resabio remanente de la superada "guerra fría" que derivó en una negativa dualidad a la hora de defender los intereses del país. A pesar de la invocada comunión "progresista" en el continente se demostró una vez más, que los países no "acumulan por sublema" cuando se ponen en juego sus objetivos nacionales.

Podemos citar varios ejemplos; pero para el Uruguay basta con mencionar la política de integración física y la política energética.

En cuanto a la primera, el bloqueo de los puentes sobre el Río Uruguay ha respondido a una actitud prepotente y violatoria de Derechos Humanos básicos protegidos, entre otras especializaciones, por el Derecho Internacional Público. Se correspondió, por otra parte con una conducta pasiva del gobierno "progresista" del Brasil que hasta la fecha, ha invocado al Mercosur cuando le ha convenido y lo ha ignorado, cuando debía pronunciarse sobre un conflicto con una gran potencialidad destructiva, particularmente en lo que hace a la difícil y tortuosa relación bilateral con la Argentina. Es así, que la integración fluvial a través de la Hidrovía Puerto Cáceres-Nueva Palmira se administra al ritmo de los humores del gobierno argentino (por no decir malos humores), el dragado de los Canales de Martín García se va logrando con "tirabuzón", la implementación de una política de transporte con visión regional no se ha planteado y la conectividad física a través de todos los modos de transporte (en especial el ferroviario) no ha estado presente en la agenda de los países.

En cuanto a la segunda, la política energética es un buen ejemplo de la "orfandad" del Uruguay y de su postergado rol de "bisagra", ya que la autosuficiencia estructural en la generación de energía eléctrica lejos está de alcanzarse; seguimos comprando energía a la República Argentina (mayormente de origen nuclear en violación a la norma que lo prohibe y que no se ha querido derogar por parte del Poder Ejecutivo), mantenemos una costosa dependencia del petróleo en la matriz energética y asistimos a la paralización de los esfuerzos por avanzar en la interconexión eléctrica con Brasil, en la cuestionada línea San Carlos, Rivera, Candiota. Pero, además se mantienen "discretas" conversaciones políticas con el gobierno de Chile para instalar en Uruguay una planta de generación de energía a partir de carbón (con la debida preocupación a nivel ambiental). Si a ello agregamos los numerosos acuerdos con la República Bolivariana de Venezuela en relación a la Refinería de La Teja y el confuso entramado de préstamos, compromisos, alianzas empresariales y faraónicas iniciativas en el área de la prospección petrolera sólo podemos concluir que el proyecto estratégico actual carece de orientación y fundamento.

El Uruguay debe rescatar una visión sistémica que sin perjuicio de las distintas propuestas políticas trasmita a los actores públicos y privados una definición clara de los intereses nacionales. Y esto sólo puede hacerse al impulso de un liderazgo político capaz de dar continuidad y certeza a determinadas Políticas de Estado.

La próxima Administración necesita de un proyecto convincente en condiciones de ser compartido; que no se reduzca a un marco teórico y voluntarista; que sea concreto y sustentable como parte de una estrategia nacional. Debe quedar claro que la integración física y la política energética sólo podrán ser comprendidas si se les rescata de la actual visión compartimentada sectorialmente comprometida. Si los puertos, el transporte (en su versión multimodal) y la complementación energética no responden a una línea de acción que vaya más allá de un período de gobierno, el viejo dicho de "Cada maestrito con su librito" volverá a ser realidad poniendo en riesgo el rol y el futuro del país.

Han transcurrido cinco años de un gobierno que se proponía sacudir al país desde sus raíces. Lamentablemente, la raíz que da sentido al proyecto estratégico se mantiene tan intacta como indefinida. Estamos más cerca de Gibraltar que de una bisagra efectiva; no sólo por errores en la conducción política, sino porque se ha permitido que el doble discurso colocara al proyecto de país en el sinuoso camino de las afinidades ideológicas artificiales y de la cercanía forzada que lejos está de evitar el conducirnos al peligroso destino del "Peñón Oriental", a los que nos quieren llevar algunos gobernantes vecinos de la mano de nuestras propias ineficiencias.

El País Digital

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