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Aniversario. El programa llega hoy a los 39 años de vida, sin interrupciones
SEBASTIÁN AUYANET
82 periodistas contando al anfitrión y más de 30 técnicos para casi cuatro décadas sin pausas de periodismo deportivo. Números de un verdadero clásico de la televisión uruguaya que creció haciendo honor a otro gran deporte nacional: la discusión.
Es difícil resistir la tentación de entrar en la barbacoa más famosa del Uruguay y no pedirle a su dueño hacer la nota sobre la famosa mesa redonda de madera oscura que tiene clavada en el centro una chapa que dice "Polémica".
Ahí están todos los objetos que cualquiera que haya sido parte de "los queridos ocho", esa entelequia que usa Julio Sánchez Padilla para referirse a sus telespectadores, puede reconocer. La pelota Adidas Tango está debajo de la mesa, aunque ya desinflada por los años. Las fotos de época, trofeos y condecoraciones, también. Más de cerca, los estantes conservan todo tipo de parafernalia relativa a viajes, desde los posavasos que el conductor se trajo del mundial de Alemania hasta viejos audífonos de la aerolínea Pan Am. El único elemento de parafernalia futbolera que no aparece son los banderines. "Para poder ponerlos a todos tendría que tener otro club", explica sobre el lugar donde sucede el programa, al que le gusta llamar de esa forma.
Lo que falta, el otro gusto imposible de reprimir una vez en la mesa, es salirse del libreto y la intención de la entrevista y tirarle temas de fútbol al hombre que ya está en el Guiness por haberse mantenido tantos años en ese puesto de anfitrión. Todos los fanáticos futboleros han sido alguna vez uno de los 8, y entonces, pasar por esa mesa se asemeja al sueño infantil de entrar a la cancha del Centenario como mascota, escaparse de la foto con el equipo y reventar la red de un pelotazo. Tomar ventaja de la situación, sin más.
Entre la charla futbolera se colaron las preguntas de rigor. Salta el recuerdo de la primera emisión del programa y Sánchez Padilla se levanta de la mesa. Saca uno de los cuadros y lo muestra: es el guión de ese primer programa. "Esos son los estudios de Canal 5. Estuvimos ahí hasta la llegada del gobierno democrático, momento en el que me mandaron al Canal 4. Me tuve que ir del 5 porque decían que yo era la cara del gobierno de facto. En ese entonces hacíamos la cabalgata deportiva, un formato que hacía también un centroamericano en Estados Unidos. Hacíamos polémica y pasábamos fútbol en directo. ¿Qué más?"
Para Sánchez Padilla, lo que define a Estadio Uno por sobre el formato es la independencia. "¿Qué tiene de particular Estadio Uno? En que es una organización que hace lo que tiene que hacer con sus propios recursos. Graba, planifica y monta con absoluta libertad e independencia, sin tener que pedir permiso a nadie", dice el conductor y empresario. "Hoy por hoy tenemos algunos problemas con el archivo de imágenes. Nos están levantando cosas y borran el logo del programa, y con eso vamos a tener que hacer algo".
Es que el archivo del programa es la envidia de cualquier producción que quiera hacer revisionismo. Está lleno de personajes y eventos que cuentan la historia del fútbol uruguayo en sus últimos cuarenta años y que conserva el prestigio de haber asistido a todos los mundiales desde 1974 hasta la fecha, algo que Sánchez Padilla tiene documentado en álbumes de fotos que lo encuentran disfrutando de todas las atracciones en cada país, al igual que de los partidos. Por tanto, el proyecto que se anima a anunciar pese a aclarar que "nadie tiene nada comprado", es un libro que saldrá el año que viene, cuando Estadio Uno llegue a las cuatro décadas.
de frente. "Muchos preguntan cuál es el secreto de Estadio Uno", dice Sánchez Padilla. Mira fijo y se queda callado durante un silencio que dura más de lo habitual: "La verdad". Y ahí sube el tono en ese estilo que tan bien conocen sus televidentes: "La verdad, nada más que la verdad y únicamente la verdad. Y decir las cosas que tenemos que decir en el momento en que lo tenemos que decir. Hemos hecho verdaderas campañas para que algunos futbolistas integraran la selección nacional convencidos de lo que hacíamos y sin premeditación, como pasó con Diego Forlán y como hacemos desde hace un tiempo con OJ Morales".
Según Sánchez Padilla, varias de las movidas que salieron del programa le generaron problemas a su programa: "No nos hemos casado con nadie. Nos han querido apabullar, nos han bajado a gente de los aviones, pero nosotros seguimos por este camino. Estadio Uno llegó a transmitir partidos de fútbol que los clubes decidían, y pagábamos por ellos antes de que se pagara. Lo cierto es que nosotros seguimos porque hacemos lo que queremos hacer". El escenario sigue siendo el mismo: una mesa con algo para picar, algo de tomar y todo dispuesto para la práctica de otro deporte del uruguayo: la discusión.
"No creo que eso se haya perdido en el uruguayo. Ya no estarán los cafés de las esquinas, los tradicionales donde la gente se juntaba a discutir, de fútbol o de lo que fuera. Tal vez sean más en el interior. Pero nosotros mantenemos la mesa, y estamos acá. Y ojo, que esto no es la discusión por la discusión misma: a veces estamos todos de acuerdo. Pero como todo es perfectible, y más aún en nuestro país donde la actividad futbolística es cada vez peor".
Para Sánchez Padilla, el fútbol de hoy está circunscripto a los partidos de los grandes jugando de locales y a mantener al resto de equipos como partenaires. Los grandes gastan de todos lados y se endeudan. Los jugadores se han profesionalizado mucho más dentro de la cancha y de la cancha hacia afuera. "Se ha profesionalizado tanto que la gente empeña su patrimonio personal para pagar sueldos y primas de jugadores, algo que no concibo". En paralelo a eso, dice, pasan cosas como las del miércoles pasado, en el que se juega un partido por una instancia definitoria de la Copa Libertadores y donde un equipo va a una velocidad (Estudiantes) y otro a una sensiblemente inferior (Nacional). Un fútbol en el que los ídolos y las máquinas de vender camisetas son positivos "siempre y cuando no sean como Maradona y puedan representar a su país en todos los órdenes de su actividad". ¿Ídolos personales? Varios, entre ellos Aníbal Paz, Roque Gastón Máspoli -uno de los invitados en aquél primer programa-, Luis Ubiña y Fernando Morena.
"Escuche bien: si hay algo que yo no sería nunca es enfermero, guarda de ómnibus y dirigente de fútbol. Puedo dar una mano en el Cosmo Corinto, donde jugaba mi hijo, con mucho gusto. Hasta cubrir una cancha de césped. Pero nada más. No me quiero meter en ningún otro lado".
Sánchez Padilla mantiene el récord, la vigencia y el público fiel, algo suficiente como para no perder el tiempo en festejos. "¿Qué vamos a hacer el próximo lunes? Lo de todos los días, recordando a todos los compañeros que pasaron por aquí. Eso es más que suficiente".
Simpatía con el anfitrión: "Si no le tengo simpatía, ya vamos mal. Tiene que ser alguien que me caiga en gracia. Los periodistas de Estadio Uno fueron siempre amigos de la casa. Imagínese una discusión del tipo de las que tenemos entre personas que no se llevan bien. Sería imposible". El equipo actual lo integran Silvia Pérez, Axel Fucks, Enrique Yanuzzi, Mario Bardanca y Ariel Delbono.
Personalidad: "Tiene que tener capacidad argumentativa, pero a la vez saber mantenerla en la charla. Una de las periodistas que más satifacciones me ha dado en ese sentido es Silvia Pérez, a la que le ha costado un tiempo lanzarse a hacer esto de decir algo "¡y se acabó!", y ahora que lo hace me deja muy satisfecho. Cada uno tiene que defender sus ideas".
Conocimiento e independencia: "Pero no sólo una independencia que tenga que ver con algún poder o con algo que esté por fuera del programa, sino independencia conmigo mismo. La persona que se sienta en esta mesa sabe que yo puedo no estar de acuerdo con ellos. Yo no tengo ni idea de qué es lo que van a plantear y en eso consiste la dinámica del programa". Imprevisibilidad: "En eso, Rubén Casco era un especialista. Alguien maravilloso. Era impredecible lo que podía decir. Hasta podía exigir desde acá, para que lo escucharan Havelange y Blatter, que Uruguay tenía que ir invitado a todos los campeonatos del mundo simplemente porque es el primer campeón. Era un tipo encantador que te sorprendía con cada salida que tenía".
Verba: "Tiene que ser bueno hablando. En ese sentido recuerdo a Julio Folle Larreta, que era uno de los panelistas de la primera época. Verdaderamente un señor, un gentleman. Después del día que falleció no hablamos más de turf en Estadio Uno. El momento en el que hablaba era como asistir a una clase magistral de turf. Uno se quedaba embobado mientras lo escuchaba hablar".
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