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Francisco Gallinal
Los adherentes al Partido Nacional vivimos un estado de euforia y de orgullo que se justifica plenamente a la luz de los resultados que se obtuvieron en la primera etapa del largo periplo electoral que estamos atravesando, y de la forma en que dio comienzo la segunda, la que nos lleva a octubre a elegir la integración del parlamento nacional y eventualmente, al Presidente de la República.
Razones nos sobran desde el momento en que los resultados superaron nuestras expectativas más optimistas. Si bien no se trataba de una competencia entre partidos, el haber alcanzado la primacía en cantidad de votantes, haberlo hecho en 18 departamentos e incluso, ganarle al Frente Amplio en todas las administraciones municipales que conduce excepto Montevideo, son de por sí motivos más que suficientes para estar exuberantes.
Si a ello le sumamos que, voto a voto, Lacalle le ganó a Mujica que era la "vedette" de la elección, agregamos un elemento a la consideración nada desdeñable. Mujica fue el candidato en el que más se personalizó la campaña y la publicidad porque no era, como todos los demás, el candidato de una definición, de un partido, de un conglomerado, como sí lo eran los de Alianza Nacional, Unidad Nacional, Asamblea Uruguay, Vamos Uruguay, entre otros. No.
Era, o al menos pretendían que fuera, el líder invencible de una nueva idiosincrasia, de un modelo de vida distinto y de una escala de valores diferente a la que hasta hoy tenemos en el Uruguay. Dicho esto sin ánimo peyorativo, sin el propósito de descalificar al adversario; es que esa fue la imagen que se pretendió mostrar. La de la rebeldía, la del candidato desafiante en todo sentido, hacia afuera de su fuerza política y también hacia adentro porque hasta el Presidente Vázquez fue, de alguna manera, soslayado.
De todas maneras nada está decidido, nada es definitivo, el Partido Nacional ha tenido un gran cierre de elección interna, un brillante comienzo de la segunda etapa rumbo a octubre, pero para ganar la elección falta mucho, resta mucho por hacer.
Lo que nos deja tranquilos, nos da esperanza y nos llena de ilusión, son tres elementos que hoy queremos destacar especialmente; uno, ya expresado, el de la gran votación, que es el fruto del trabajo de todas las agrupaciones, de todos los sectores, de todos los dirigentes.
El segundo, que tenemos un gran Partido Nacional; un Partido en serio, con militantes, adherentes y simples votantes que se sienten orgullosos de la forma en que se encaró la campaña, y de la manera en que se proclamó la fórmula. Eso que explica el ¡Viva el Partido Nacional! que espontáneamente a todos nos brotó desde el alma.
Y el tercer elemento el que, a nuestro juicio, debemos estribar para pensar e imaginar la campaña que ya comenzó. Contra todos los pronósticos, felizmente el 28 de junio en el Uruguay triunfó la sensatez, la ponderación, la moderación, sobre el doble discurso, la marcha y la contra marcha, el "así te digo una cosa como te digo la otra". Tal vez esa sea la gran victoria del domingo pasado; bienvenida sea porque de confirmarse en octubre y en noviembre, no habrá triunfo de mayor trascendencia, de mayor impacto, de mayor importancia para el futuro del país.
¡Viva la Sensatez!
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