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En DVD. Bryan Ferry revive su "The bête noire tour"
SEBASTIÁN AUYANET
El fundador y cantante del histórico grupo de glam Roxy Music rescata una vieja gira del año 1988 por Francia y un concierto del año 2002 sin demasiado que llame la atención.
Quizá el mejor momento del DVD Bryan Ferry - The Bête noire tour (El tour de la bestia negra), sea en el segundo concierto que se puede ver.
Es el año 2002 y el ex vocalista de Roxy Music, banda clave para entender al movimiento Glam, soltaba un cover de Bob Dylan: It`s all over now, baby blue. Se trata de una de las canciones germen de Dylanesque, el excelente trabajo de versiones del cantautor más popular del planeta, y por el cual se llevó el reconocimiento no sólo de la crítica, sino además de los consumidores, que por primera vez lo ubicaron entre los primeros diez discos más vendidos del ranking en Reino Unido por primera vez en 35 años.
A pesar de que mantuvo una popularidad y una base de público que incluso fue creciendo en base a un estilo muy afianzado en lo estético -además de un músico importante, Ferry es diseñador y es considerado uno de los artistas más elegantes-, esa ausencia de los primeros puestos quizá radique en que Ferry pasó mucho tiempo sin encontrar verdaderamente el camino.
La bête noire fue una de las giras más trascendentes que hizo en su carrera. Se trató de un tour por ciudades de Europa, realizado entre 1988 y 1989 en la cual hacía sus propias canciones, ejecutaba otras de Roxy Music como la legendaria Ladytron y ya hacía versiones, algo que practicó desde el año 1973, cuando comenzó sus pasos como solista.
De frente al concierto en vivo, es difícil determinar si lo que vuelve irrelevante al concierto son la falta de novedad de las canciones o que Ferry ya no parece ofrecernos ningún misterio a develar. Tenemos a un cantante con postura de dandy, a una banda de músicos algo afilada, un par de coristas... y no mucho más.
Por supuesto que en el rescate de lo mejor de su obra, Ferry se destaca. Precisamente en temas como Boys and girls, pertenecientes al disco que Ferry editó en 1985 se lo ve un poco más afilado, aunque de todas formas, previsible. La canción que da nombre a ese disco y otras como Slave to love son puntos medianamente altos pero apenas desmarcables del resto de canciones.
De todas formas, y como el costado más atractivo de Ferry en estos últimos años ha sido la revisión de sí mismo y de otros grandes como el propio Dylan o Leadbelly, sus puntos más altos se aparecen cuando no se repite a sí mismo y busca ponerle su sello a las otras obras. No deja de asaltar la pregunta sobre si lo que en realidad da valor a la versión es el poder de la canción en sí, pero de todas formas no se puede negar que a la hora de interpretar, Ferry sigue siendo de los mejores.
No queda duda sobre la importancia de Ferry para el pop y el rock en cuanto compositor de canciones y en el sonido de Roxy Music, una banda influyente en el pop y rock mundial. Sólo que en este registro demasiado prolijo, Ferry no parece dejar mucho más.
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