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Misión. ONU cumplió cinco años de trabajo
PUERTO PRÍNCIPE | AFP
Cinco años después del inicio de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití el país vive con mayor seguridad y la situación política, aunque frágil, es más estable, pero la mayoría de sus 9 millones de habitantes sigue en la más absoluta miseria.
Con más de 9.000 miembros (7.000 militares), la Misión de Estabilización de ONU (Minustah, que integra Uruguay) cumplió el 1º de junio su primer lustro, iniciado con una violenta recepción de parte de partidarios del ex presidente Jean Bertrand Aristide y pandillas de delincuentes y ex militares, y terminado con la aceptación de la gente de a pie. Las imágenes de automóviles ardiendo y linchamientos que recorrieron el mundo en 2004 no han desaparecido de la vida de Haití, pero ahora son esporádicas.
El actual es un equilibrio precario, y todos parecen saberlo. En voz alta o voz baja, los haitianos reconocen que las fuerzas oficiales -poco entrenadas y mal equipadas- no serían capaces de mantener el orden. Si ONU deja Haití, la barbarie podría volver a estallar, por cuenta de la violencia política siempre latente o de grupos de traficantes de drogas diseminados entre la población, cuyo accionar es hoy más discreto.
"Nosotros estamos aquí para asegurar una condición (de seguridad) de forma que otras agencias, otras instituciones, inclusive el gobierno, puedan y deban trabajar para llevar al país a una condición de autosustentabilidad, de forma que traiga resultado a una población que todavía continúa extremadamente miserable", dijo el comandante militar de la Minustah, general brasileño Floriano Peixoto. Pero "la seguridad, aunque sea una condición fundamental para el desarrollo, no llena la barriga, no alimenta el hambre, no da empleo directo. Quien hace eso es el gobierno, son las instituciones".
El 14 de abril, países donantes prometieron en Washington ayudar a Haití con 324 millones de dólares. Al 19 de junio, ni un dólar de ese total había llegado a un país en el que todo está por hacer, desde el saneamiento básico hasta los hospitales.
El 80% de la población haitiana vive con menos de 2 dólares por día, la mortalidad infantil roza el 60% y el desempleo rebasa el 70%, según datos de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) y la Minustah. Haití es el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo, donde no hay electricidad y el agua potable o un médico son lujos.
En un intento por aumentar el volumen de ayuda, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, apeló a la influencia y popularidad del ex presidente estadounidense Bill Clinton, a quien nombró como su enviado especial para Haití. Mientras la ayuda llega en cuentagotas, las únicas obras con las que pueden contar los haitianos son las que realiza la Minustah.
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