|
||||||||
Lo que plasma el niño tiene relación con su mundo. Garabateando educan su expresión oral y escrita.
Ana María Abel
Lic. ciencias familiares
Quién no disfrutó de niño ante una pared blanca a su disposición? Por eso hay padres que al pintar la casa prefieren pinturas lavables: en el momento menos pensado se despierta el artista que todos llevamos dentro y aparece un mural lleno de garabatos postmodernistas en la pared de la sala de estar.
Antes de empezar a mantenerse en pie, el niño es feliz con un lápiz y una hoja en blanco. A veces ni siquiera eso: en la arena del parque se le antoja realizar un trazo con un palito como preludio de su futuro lenguaje hablado o escrito. A veces no nos percatamos de que es un gran momento en la vida de nuestro hijo: un inicio que prepara la futura expresión de pensamientos e ideas. Entonces ¿por qué nos enojamos tanto al entrar en el baño y encontrar un garabato en la pared hecho con nuestro mejor lápiz de labios?
El período en que un niño realiza sus primeros garabatos se divide en tres fases: los garabatos desordenados, los controlados y los que ya tienen un nombre. Un buen día pinta líneas en cualquier dirección: es una necesidad psíquica y física de experimentación. Manipula el lápiz con el puño, la calidad de línea es variable en intensidad y su cuerpecito acompaña los trazos. Siente placer con esta tarea. El color escogido todavía no es importante. Un poco más adelante ya sostiene el lápiz oponiendo los dedos e intenta hacer círculos que le resultan mucho más fáciles que los cuadrados. Son garabatos menos caóticos y al repetirlos acaba por vincular el movimiento del trazo con la percepción visual. Esto le induce a variar los movimientos y a querer llenar toda la hoja de papel: ¡su primera obra de arte!
Con la conquista de una mayor motricidad fina, el niño quiere representar gráficamente algo de su entorno con una intención comunicativa. Por eso solicita nuestra opinión: "¿te gusta, papi?" Estemos atentos para poner a su alcance folios blancos colgados en la pared o sobre una mesa de modo que pueda dibujar cuando se le ocurra y aprenda que los papeles son para dibujar ¡no la pared!
Al pequeño artista le atraen los lápices comunes; no importa si tienen marca o no, la cuestión es expresarse, y pasa del lápiz a las crayolas y luego a la arcilla de colores.
Lo que plasma cada niño tiene relación con su mundo particular, cada garabato es distinto de otro y reúne mucha información. Existen muchas formas de interpretar los significados, pero no soy partidaria de ninguna si no se encuadra en el contexto de la historia vital de cada niño.
Sería una pena que por perfeccionismo o por la comodidad de no tener que acomodar luego un ambiente o bañar al niño, le cercenáramos esa manifestación tan necesaria para él. ¡Ya limpiaremos la casa mañana!
flia@iuf.edu.uy
Las buenas amistades favorecen una experiencia muy positiva de la historia personal. Por eso debemos preocuparnos de que nuestros hijos cultiven valores como la generosidad, la alegría y la flexibilidad pues facilitan tener amigos y mantenerlos, en las buenas y en las malas.
Transcurrir los años adolescentes es físicamente cansador. Por eso, con cautela para que no se sientan invadidos, tenemos que cuidar su dieta y descanso en esas edades. Precisan una dieta nutritiva, en especial el desayuno y más horas de sueño reparador que antes.
| « volver |
Trece balazos a matar. Esos fueron los disparos que hicieron entre los dos hinchas de la barra brava de Peñarol que fueron ...
Para los expertos, la nueva gripe A puede extenderse más allá de las bajas temperaturas y temen que adquiera nuevos factores de ...
"Caímos al mar. Sentí voces de algunas personas, pero todo estaba oscuro, no veía a nadie", así contó la joven Bahía, de 12 años, ...
El Airbus A330 de Air France que se precipitó sobre el océano Atlántico el 31 de mayo próximo, "no se destruyó en vuelo", ...
A los 70 años de edad, falleció ayer Wilson Elso Goñi, dirigente del Partido Nacional de larga trayectoria pública. Oriundo del ...