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ALEJANDRO NOGUEIRA
La compleja y hasta hoy irresuelta negociación entre Mujica y Astori por la fórmula del Frente Amplio no solo retrasa el inicio de la campaña de la coalición, perjudicándola; erosiona aún más la credibilidad de la dupla y de la capacidad de gobierno del conglomerado.
Por lo pronto, aún no los hemos visto a ambos conversando; lo hacen sus emisarios, como si se tratara de representantes de gobiernos confrontados cuyos jefes se reservan para resolver lo casi imposible de resolver y para la foto final. No hay dos, el ganador y el perdedor de una contienda electoral, que se juntan a conversar o a negociar, como hicieron Lacalle y Larrañaga, que se sacan la foto a los cinco minutos en medio de la algarabía partidaria.
La foto de Mujica y Astori, de abrazo tieso y sonrisa mueca, la vamos a ver, porque ambos caminan hacia esas cámaras ineluctables, atávicos.
Esa "señal de unidad" no será vista, salvo por fanáticos o desinformados, como un signo de gestión armoniosa y eficaz. Mujica, que quiere dar en la economía señales de "derecha" para tranquilizar al capital y se autodefine como el mesías de los pobres del Uruguay. Astori, que tranquiliza a empresarios y consultores internacionales, subraya su condición de izquierdista y advierte contra la restauración de la derecha. Las palabras, como tantas veces en política, pierden su significado original, se transforman en eufemismos: "profundizar" lo hecho por el actual gobierno es "izquierdizar" la economía; "continuar" lo realizado es asegurar a Astori los resortes del manejo económico. Y lo que continuará y se profundizará, bajo los actuales parámetros es, como ocurrió en los años pasados, que la dinámica gobierno-oposición, tradicional en los sistemas democráticos, siga -si hay un segundo gobierno del Frente Amplio-, instalada en su seno.
No sé por qué en el Frente se preguntan las razones de la baja votación que recibieron en las internas. Parece claro que los sectores medios pro-Astori fueron a votar, conscientes de la importancia del capital de sufragios para el líder herido. Los "pobres" de Mujica faltaron sin aviso, confiados que la suerte de su ídolo estaba tan asegurada como el subsidio oficial. Y la mayoría silenciosa de los ausentes no votó por decepción. No hay demasiado misterio.
Una de las observaciones más lúcidas de esta campaña fue la del director de Cifra, Luis Eduardo González: la izquierda en Uruguay es el 30% y el 20% que votaron al FA en 2004 son prestados. Del 30% hay algunos -no se cuántos- que desistirán o al menos sufrirán mucho votando a Mujica. Otros se acordarán del IRPF de Astori. Del otro 20%, dependerá de cómo les haya ido en el baile, de su percepción de los beneficios recibidos estos años y de la confianza que les despierte la fórmula. En otras palabras, la victoria en primera vuelta se escurre entre los dedos de la izquierda y el triunfo en balotaje es, al menos, improbable. No hay aliados y solo queda el Buquebus y rentar decenas de charters.
Los "detalles" que los negociadores de la fórmula dicen que faltan -otro eufemismo- no pueden ser tan pequeños. Pero, cuando se superen, empezará el escalamiento de la ladera de la confianza.
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