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El respirador permite ganar tiempo para corregir la causa. Ahora existen máscaras que se adaptan a la cara.
Eduardo Casanova
En el siglo pasado se extendió y perfeccionó el uso de la asistencia respiratoria mecánica (ARM), desde los iniciales "pulmotores" a sofisticadas computadoras, cada vez mejor adaptadas a las necesidades del paciente. Los ventiladores modernos miden el trabajo respiratorio que el paciente puede realizar, suplementando lo necesario su esfuerzo.
Ello es más fisiológico, más eficiente y permite mayor confort.
El nombre clásico de "ventilador"a la ARM se debe a que cubre la función de intercambiar aire inspirado y expirado, asegurando que no disminuya el oxígeno (O2), ni aumente el anhídrido carbónico (CO2) en los alvéolos pulmonares, y por tanto en la sangre.
En condiciones normales el aire entra al tórax al aumentar su tamaño (sobre todo por descenso del diafragma) al crearse una presión negativa que succiona el aire en la inspiración. En la ARM "a presión positiva" se invertía la relación fisiológica, pues el tórax, como un globo, se expandía al insuflar aire.
Actualmente existen máscaras que se adaptan bien a la cara y mejoran el confort al obviar la anterior necesidad de un tubo en la tráquea, que se reserva para situaciones en que no existe un adecuado nivel de conciencia, o no hay suficiente fuerza muscular respiratoria; pero aún en estos casos, el aire sólo se insufla para complementar el esfuerzo del paciente. Uno y otro sistema se alimentan de fuentes de aire y oxígeno a presión, regulando el porcentaje de oxígeno a las necesidades del enfermo. El aire atmosférico contiene un 20% de oxígeno.
Cualquier causa que deprima la capacidad muscular respiratoria para la ventilación alveolar puede ser indicación de ARM, si alteran los niveles en sangre de O2 y CO2. La asociación de depresión de conciencia (coma), puede hacer necesario conectar el respirador a través de un tubo traqueal para evitar la aspiración de vómito o saliva.
El respirador puede requerirse no sólo por patología de origen pulmonar, sino por un defecto de la mecánica respiratoria de causa neurológica, muscular u ósea, por ejemplo, en casos de polirradículoneuritis, miastenia o fracturas esterno-costales.
La inflamación pulmonar de cualquier causa, con edema (por neumonía o por neumonitis), hace más "pesado" el trabajo respiratorio de expansión alveolar, y ello puede llevar al agotamiento con ventilación insuficiente. Lo mismo ocurre en obstrucciones bronquiales prolongadas, o en edemas pulmonares de origen cardíaco, por déficit de bombeo que deja sangre en los pulmones.
En todos estos casos el respirador sólo permite ganar tiempo para corregir la causa.
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José Mazzini 2957
La sedación y analgesia profundas sólo se requieren en situaciones puntuales, por ejemplo, en traumatismos graves de tórax, con indicación de "fijación neumática", en que se debe de evitar la actividad respiratoria propia del paciente.
¿Cuándo está contraindicado?
El respirador no se usa en presencia de neumotórax, y cuando existe un trastorno de perfusión pulmonar y no de ventilación. En estos casos, por ejemplo por embolia pulmonar, se altera el intercambio gaseoso entre alvéolo y sangre que no se corrige aumentando la ventilación.
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