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Batllismo Siglo XXI hablaba de vengarse de las encuestadoras
PAULA BARQUET
En un Fiat Palio rojo, tapado de pegotines de las 16 listas nacionales que encabeza, llegó José Amorín Batlle al Colegio Inglés, apenas pasadas las 10. Entró rápidamente, mostró la credencial en la mesa de votación y pasó al cuarto secreto sin cerrar la puerta. Unos segundos después volvió a aparecer muy sonriente. "Después de mucho dudar…", bromeó con la prensa. Introdujo el sobre en la urna casi en cámara lenta para complacer a los fotógrafos. "Pronto", concluyó.
Afuera, el candidato de Batllismo Siglo XXI conversó con la prensa sobre la "alegría de votar, más allá del resultado". Mostró su credencial. "Tenía pelo, aunque no lo crean", comentó. Finalmente partió con su mujer y el chofer.
Una hora después llegaba Luis Hierro López al colegio Saint Brendan`s, manejando su Renault Megane negro, al tiempo que hablaba por celular. Estacionó, bajó junto con su esposa Ligia Almitrán y su hija Antonia, de 15 años, y se dirigió a la mesa de votación. Muy callado y serio, realizó el procedimiento estipulado. Introdujo el sobre en la urna sin aspavientos, casi sin mirar a la cámara.
"Te llamo enseguida que estoy con la prensa", se excusó una de las veces que le sonó el celular, ya afuera del local. "¿Dónde nos reunimos?", preguntó a los periodistas que tardaron en responderle, generando un silencio incómodo.
Finalmente el ex vicepresidente se largó a hablar utilizando las mismas palabras que su rival en la interna: "Es una inmensa alegría, como siempre", dijo. Se refirió al bajo índice de votación que por esas horas se notaba en los distintos departamentos, y convocó a los uruguayos a participar de las elecciones, "por el candidato que sea", a pesar del tiempo "gélido".
No hubo abrazos, autógrafos ni ovaciones para los dos precandidatos mientras sufragaban. Tampoco curiosos que pararan a observarlos, o que señalaran su presencia a otros votantes. Hierro se fue a almorzar en familia; ya había recorrido algunos clubes antes de votar. Dijo que quizá fuera a Canelones y más tarde a la sede del Partido Colorado.
Amorín, en cambio, se dirigió a la sede departamental adonde lo esperaba una quincena de militantes. Muy tranquilo, afable y chistoso, interactuó con quienes conoce "de toda la vida". "Y, no son muchos", reconoció. Aprovechó para despotricar contra las encuestas y asegurar que sacaría al menos 15 veces los votos que le pronosticaron.
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