|
||||||||
Rodolfo Sienra Roosen
El que mata tiene que morir, no me importa si esto afecta mi imagen. La situación no va a cambiar hasta que los delincuentes no le tengan miedo y respeto a la cana. Basta con los menores y esas estupideces. Basta de derechos humanos para los delincuentes. ¿No hay derechos humanos para las víctimas?"
Con estos ya conocidos comentarios de Susana Giménez comienza un interesante artículo informativo de Romina Andrioli publicado en "Búsqueda" del 18 de junio (página 3).
Según la fuente, aquí el 41% de la población está de acuerdo en que se instrumente la pena de muerte y ni pensar en Argentina. Los datos son que la implantación de la pena capital es más receptiva entre los más jóvenes, de menores ingresos y nivel educativo y entre quienes no participan en organizaciones sociales o políticas.
No influye en esa manera de pensar la condición de la religiosidad del opinante. La impresión que nosotros sacamos, es que en donde más se manifiesta la degradación de los valores culturales de nuestra sociedad, es en donde encuentra más ambiente la Ley del Talión. Ello al punto que, según el informe con el que estamos trabajando, tres de cada cuatro uruguayos no ven problema alguno en que los ricos vivan en barrios cerrados. Sólo un seis por ciento no está de acuerdo con ello. Con estas referencias parecería que buena parte de los uruguayos hasta justifican que el que intente contener al delito defendiéndose -cerrándose- lo haga lo mejor que pueda.
Y en los demás casos, o en este, si las previsiones fallan, pues el que mate, que muera. Entonces con toda lógica se llega a la conclusión de la investigación que ha inspirado a la periodista, y es que en nuestra sociedad se está siguiendo un camino opuesto a la de estrategias políticas que amortigüen la segregación territorial que redunde entre otras cosas en la mejora de los niveles educativos y posibilite el desarrollo social.
Pasamos raya, y esto es un desastre. Estamos en la zona roja del peor de los peligros, como es el de animalizarnos, embrutecernos, descivilizarnos. Pensándolo bien, la nota periodística -clara, ilustrativa- no tendría que ser necesaria por lo menos para enterarnos de algo que nosotros a esta altura ya no tengamos conciencia, como es el proceso social degenerativo de la escala de valores, que se ve en todos lados, todos los días, y nadie se inmuta.
En cambio, que la sociedad justifique su defensa matando, es un ingrediente más de preocupación que debiera inducir a provocar la reacción de la gente que ya no cree en nada ni en nadie, y que está tomando sus propias providencias para afrontar por sí una suerte de guerra por la supervivencia basada en el designio que el que a hierro mata a hierro muere. De esta forma está quedando en evidencia que el Estado ya no cumple uno de sus cometidos esenciales, como el de preservar la seguridad interior.
Si cuesta tener que admitirlo, mucho más cuesta pedir que se restablezca con todo el equilibrio que debe tener, el principio de autoridad. Lamentablemente, para llegar a ese grado de equilibrio razonable, es tanto lo que se ha perdido que va a ser imprescindible una mano dura, que actúe, dentro de los límites de la ley, por supuesto, pero con la máximo rigor. Es que vamos de mal en peor.
| « volver |
La Iglesia Católica de Uruguay sufre su primer gran escándalo. Minas está conmovida. Su obispo fue fotografiado manteniendo ...
El hombre acusado del homicidio de la niña Cinthia Natalí Corujo Píriz, de 12 años, confesó a la Policía de Canelones su autoría. ...
Inés María Lechini, adscripta del liceo de Tranqueras, trabajará mañana en una mesa receptora de votos. Y el lunes, a las 9.30, ...
La niebla fue la culpable de este accidente de tránsito protagonizado por 4 automóviles que ocurrió esta mañana a pocos ...
La Suprema Corte de Justicia absolvió al ex director de Aduanas, Víctor Lissidini, del delito de usurpación de funciones por el ...