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Hoy no vota Cifra, ni Equipos ni Interconsult; tampoco lo hacen Radar, Factum o MPC. Se acabaron las especulaciones de las encuestas. Hoy vota el pueblo, es la hora de la verdad. La que indica que Uruguay empieza el camino hacia el 1° de marzo de 2010 cuando -agotado el mandato del Dr. Tabaré Vázquez-, se instale un nuevo gobierno. Hoy es día de elecciones internas y primarias, donde votamos nuestro futuro. Entender esto es fundamental: los comicios de esta jornada son el primer paso para determinar a quien se le entregará en marzo que viene la Banda Presidencial. Hay muchos candidatos en esta republicana contienda: dos en el Partido Nacional, tres en el Frente Amplio, cinco en el Partido Colorado, que tras la votación de hoy quedarán reducidos exclusivamente a uno por Partido. Sólo uno será el elegido, el que sobrevivirá electoralmente y representará a su colectividad en los decisivos comicios del próximo mes de octubre.
Lo que se vota en esta jornada trasciende las elecciones internas de las colectividades políticas. Es cierto que cada una de ellas elige sus convenciones nacionales y departamentales (sus "órganos deliberativos" como llama la Constitución), que luego designarán a sus autoridades ejecutivas (Directorios o Secretariados), pero la verdadera importancia de la decisión de hoy apunta a su carácter de Primarias: desde la reforma constitucional de 1966 cada partido puede presentar sólo un candidato a la Presidencia en las elecciones nacionales. Aquí se elige quién será el que competirá por cada partido en octubre. Quién será el candidato a Presidente de la República por el Partido Nacional, por el Partido Colorado, por el Frente Amplio y por el Partido Independiente.
Lo que se decida en esta instancia marcará inexorablemente cuales serán las oportunidades de cambio, de nuevos rumbos -o no- que tendrá el país para los próximos cinco años, cómo enfrentará sus desafíos y los que plantea este mundo globalizado, sumergido en una crisis económica y financiera que ha comenzado golpear fuerte en nuestra orilla. Decidirá quienes son los únicos que podrán acceder a empuñar el timón. Y descartará las otras opciones: sólo uno seguirá en carrera y será aquél que reúna más votos en su Partido.
Por eso es que la convocatoria de hoy es fundamental: los candidatos partidarios en octubre serán los ganadores de este 28 de junio y no hay marcha atrás. Y el próximo Presidente de la República que asumirá en marzo de 2010 saldrá exclusivamente del selecto grupo de candidatos que hoy alcance la nominación por su Partido.
Pero hay también otro punto: las democracias fuertes descansan sobre partidos políticos fuertes. Allí donde éstos están malheridos y sin respaldo, crecen los autoritarismos y se amenazan las instituciones republicanas. Dos ejemplos antagónicos y emblemáticos de ello son la Venezuela de Chávez y los Estados Unidos de Obama. ¿Cuál de los dos queremos para nuestro país?
La consigna debe ser votar y votar. Los partidos y sus candidatos tienen que salir fortalecidos. Es inaceptable el argumento de que en estas elecciones el sufragio no es obligatorio. ¡Vaya si lo es! Es la máxima obligación como ciudadanos, es emplear el arma suprema para elegir nuestro futuro como país, nuestro bienestar general y asegurar oportunidades de superación para nuestros hijos aquí, en su patria. La obligación es hacer uso de él. Si lo desvalorizamos, o por desidia, comodidad o falta de compromiso lo omitimos; si no estamos dispuestos a invertir -o sacrificar, para los pesimistas- un rato de este día para decidir lo que ha de ocurrir en los próximos cinco años, después ¡a no protestar!: estaremos ilegitimados para reaccionar cuando otros arrasen con nuestros sueños y pisoteen carísimas expectativas y derechos.
Nosotros decidimos hoy quienes son los que llevarán la bandera de cada Partido. Pero así como reclamamos el voto a los ciudadanos para que asuman su compromiso con el futuro, también exigimos que los dirigentes de los Partidos zanjen hoy mismo sus diferencias electorales y se encolumnen todos detrás del candidato ganador en cada partidaria. La humildad del vencedor y la gallardía del derrotado, para que festeje todo el Partido.
El voto ciudadano y el mensaje de unidad y fortaleza partidaria deben marcar esta histórica jornada.
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