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Domingo 28.06.2009, 00:06 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


PCi & pce

Apagón en la Udelar

Carlos Maggi

Un amigo inscribió a su hijo en una de las principales universidades de EE.UU. El muchacho compitió con muchos aspirantes y fue capaz de ganarse un lugar. Hay una cuota anual para mantener incambiada la cantidad de alumnos de primer año. Entonces el Rector citó a los padres de los recién ingresados y les dio la bienvenida. El discurso empezó con felicitaciones y una aclaración.

- Los hijos de ustedes son alumnos de nuestra Universidad por que demostraron que leen y escriben mejor que los demás postulantes. Yo los felicito a ellos y a ustedes. No es fácil ingresar; las pruebas son difíciles.

Pero nosotros sabemos que ninguno de los muchachos elegidos, sabe leer; y mucho menos, escribir.

Les explico esto porque de lo contrario, ustedes van a impacientarse.

Vamos a dedicar los próximos dos años a leer y a escribir ¿Sobre qué? Sobre todo. Es un pasaje renacentista: arte, ciencia, filosofía, técnica, matemáticas, historia. Es muy difícil saber leer y saber escribir. Y tanto como eso, poder hablar y darse a entender. Pensar. Crear.

Por lo regular, un muchacho no sabe quien es, él mismo. Se van a probar hasta encontrarse y algunos van a desistir por el camino. No es descansado lo que les espera. Van a tener que leer hasta odiarnos y van a tener que comentar qué aprendieron y qué "les quedó" de decenas y decenas de obras que importan en el mundo; y va a haber conversaciones con profesores bien elegidos, que saben de su oficio y despiertan entusiasmo.

Al principio, los estudiantes no comprenden para qué sirve una prueba tan larga y tan penosa; nosotros sabemos que eso va a suceder con ellos; y con ustedes. Nosotros también vamos a tener que gastar mucha paciencia. Les aviso para que aguanten. Empezar un cambio personal, no es fácil.

Aclara mi amigo: Cuando fuimos por los textos de clase, ninguno era un texto de clase, eran tres metros de estantería con obras que por lo que pude ver al vuelo, eran casi todas famosas.

Así empieza la lucha contra rusticidad natural. Y mientras le hacen doler todo el cuerpo con ejercicios mentales que nunca habían hecho, les explican que están recorriendo un test, una búsqueda vocacional interminable, yendo de cumbre en cumbre; algo parecido al cruce de los Andes a pie. ¡Qué palabra "andes" para los que tienen que empezar a caminar sin saber, en muchos casos, hacia donde ir!

El hijo de mi amigo que recorre las etapas de la iniciación, llegó pensando en estudiar biología, (por las notas que había obtenido en secundaria); después lo atrajo la sicología; y al final comprendió que lo único que le importa es la música.

Y mi amigo comenta: Vamos a ver qué pasa con la música. Aunque últimamente, me comenta que le gustaría ser gerente o curador, algo vinculado al arte.

Es bueno comparar estos cuidados con el programa de vida que ofrece la Universidad de la República.

La Udelar en vez de formar, demuele; en medio de una gran pobreza, procura que ingresen todos los estudiantes que terminan secundaria.

Entran muchos y al poco tiempo, queda un tendal de derrotados. La Universidad de la República masifica y se suicida.

Hay un cartel colgado en la fachada de la Universidad:

- "Cerca de 17.000 nuevos estudiantes en la U.R. Sean todos bienvenidos a su universidad, LA DE TODOS."

El cartel deja de lado la penuria de los medios materiales; tampoco habla de los trabajos técnicos que podrían darle proventos, tal cual hacen todas las grandes universidades; no cita los magros resultados que está obteniendo en cuanto a investigación y en cuando a educación. (Nuestra Universidad de la República no figura honrosamente, en ningún ranking mundial de calidad).

Los recursos económicos con los cuales cuenta nuestra principal casa de estudios no le dan para alimentarse y vestirse; es una Universidad pobre e indigente que llama a todos y no sirve bien a ninguno. Nadie piensa en el número máximo de estudiantes que puede atender de manera decorosa. La Universidad, la de todos, se parece a los autobuses de Cuba y los resultados están a la vista: la Facultad de Medicina no calificó ante la Facultad de Medicina de Paraguay. Y a raíz de esa comprobación triste, los programas fueron mejorados: se acortó la carrera.

El crecimiento de la población estudiantil, se compensa con la velocidad con la cual deben recibirse los muchachos.

La ex gloriosa Universidad del Uruguay no puede innovar, porque no puede innovarse a sí misma. Expide muchos títulos y pocos sabios; cada vez menos.

El ingreso de inscriptos llegó a 17.000. ¿Para qué?

Antonio Gramsci sabe para qué. Para que conozcan las últimas novedades políticas del siglo XIX. La universidad ancló sus ideas generales unos 45 años después de las instrucciones del año XIII. Ortega y Gasset no pasa de ser un despreciable; escribió "La rebelión de las masas".

En medio del desbarajuste, el Hospital de Clínicas -tras muchos amagues y avisos- quebró a principios de este mes.

El diputado José Carlos Cardoso no sólo anticipó lo que iba a pasar, sino que le dio al Rector, Rodrigo Arocena, las soluciones para superar la situación. Pero la Universidad prefirió la confrontación.

Una de las peores enseñanzas que deja su lucha por los millones necesarios para subsistir, refiere al método empleado: la acción directa.

Los estudiantes aprendieron que la única manera de conseguir algo, consiste en ejercer la astucia y la crueldad. Cuanto más daño se infiera a la sociedad, más pronto vendrá lo que se pide.

El hospital mayor del Uruguay que forma parte del mayor ente cultural, fue suprimiendo clientela; fue vaciando el Hospital. Después se clausuró "la emergencia".

¿Habrá forma más violenta de actuar? La Universidad se despreocupó por la suerte que corrieran heridos y enfermos; lisa y llanamente les denegó su asistencia.

El Consejo de la Facultad de Medicina suspendió las clases en el Clínicas. Los estudiantes denunciaron que el "levantamiento de camas" dejó "vacío" el hospital (1).

Y no se alegue que los pacientes fueron derivados hacia otros centros asistenciales. Si se pudiera prescindir del Clínicas, podría ahorrarse mucho dinero; pero es imprescindible.

La Universidad, que en los años cincuenta dio una hermosa batalla por el edificio sin estrenar, para ponerlo al servicio de los estudiantes, consiguió entonces que el Presidente Luis Batlle le entregara su administración. Después de eso, las sucesivas autoridades universitarias, no supieron mantenerlo y la construcción que fue un orgullo, se deterioró en pocos años, hasta quedar inservible.

Al iniciarse el gobierno anterior, el Presidente Jorge Batlle, propuso demoler y construir un hospital nuevo; pero la Universidad se opuso; ahora prefiere perderlo y los funcionarios junto con algunos estudiantes, festejan esa pérdida como si fuera un triunfo. El Hospital pasa a depender del Ministerio de Salud Pública (SNIS, Servicio Nacional Integrado de Salud). El Clínicas en manos de la Universidad es un caos, no alcanza el nivel del Hospital de Tacuarembó, un ejemplo de inteligencia; y una acusación tácita.

"Habrá Universidad para todos o no habrá para nadie"; y no hay.

Achatándose, la Universidad va camino de ser un conjunto de liceos; eso si: fidelísimos.

El País Digital

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