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Preocupación. Debacle financiera va contra costumbres de los ciudadanos
DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
La mayoría de los 305 millones de habitantes de Estados Unidos, la gran potencia del mundo, por lo menos dos veces por semana, centran la conversación familiar y sus grandes preocupaciones en los efectos de la devastadora crisis económica.
Pero siempre están en actividad laboral, mantienen la consigna de la competitividad, la meta de trabajar y trabajar. En este país no ha descendido un milímetro, pese a los "duros golpes" de la caída inmobiliaria, el desfonde de los bancos e inversoras, el cierre en bancarrota de grandes industrias, la quiebra de medianos y pequeños comercios, y el creciente desempleo (alcanza hoy el 9,4% de la gente activa, 14,5 millones de personas), la casi exclusiva meta de "llegar a la cúspide en su campo de acción".
Es una idea fija que el estadounidense no aparta de su mente a lo largo de su vida, lograr el "sueño americano", por "méritos propios", basado en profundos estudios y perfeccionamiento en los conocimientos de la profesión o carrera elegida, para iniciar desde muy joven y lograr estar o pellizcar, la cúspide. Luego a los 58 o 60 años, a veces algo más, retirarse al descanso, con una buena o gran casa, buen auto, seguros y un respaldo económico que impida cualquier sobresalto.
Ese es, y no es poco, el "sueño americano". En este gigantesco y poderoso país la vida familiar existe hasta que el hijo ingresa a la universidad, en ese momento, el muchacho o la muchacha "lía sus petates" y en general se aleja a estudiar en otro estado. Empieza entonces otra relación con los padres por vía epistolar, Internet o la carta del correo, cada día más escasa. Y se reencuentran una vez por año, el Día de Acción de Gracias ("Thanksgiving"), con el tradicional gigantesco pavo, como plato de honor, sobre la mesa. Terminada la fiesta o la reunión, se despiden y hasta el año próximo. Algunos mantienen la Navidad, pero muy pocos.
El estadounidense no es una persona de vida social, hace deportes, especialmente ejercicios para mantener fuerte salud, madruga a horas que son noche cerrada para ir al gimnasio, a la piscina cerrada o a los aparatos en su propia vivienda. No intercambia muchas frases en esas horas, vuelve a tomar el desayuno, alrededor de las 7 de la mañana, un almuerzo para el resto del mundo, huevos batidos, jamón, salchichas, croissant, tostadas, todo tipo de mermeladas y manteca, panqueques y mucha fruta, aparte del tradicional gigantesco café, a veces con una gota de leche. Siempre con la televisión encendida.
Y esa diferencia de costumbres de vida se observa a diario con los extranjeros que se radican permanente o temporalmente por razones de trabajo en los Estados Unidos. Los horarios largos, las reuniones entre amigos hasta dos veces por semana y las familiares casi a diario, las idas en grupo al cine o al restorán, rara vez ocurre entre los americanos. Son madrugadores, rutinarios en su actividad física, en el desayuno, en la salida al trabajo, en la hora de retorno, muchas veces más de una o dos horas por las largas distancias de la oficina a la casa en los suburbios. Llegan en general entre las 6 a 8 de la noche, se ponen cómodos, sacan algo de la heladera para comer, refresco, fruta y se instalan frente al televisor un par de horas. No existe en general la mesa familiar. No son salidores de sus casas, salvo al trabajo, ¿Por qué si no salen, los restoranes, cines, teatros y paseos están desbordantes los fines de semana? Es verdad, como norma se quedan en sus casas, en invierno encienden la calefacción y se sientan frente a la pantalla, en verano el aire acondicionado y también al mismo sillón y ante el televisor. Los lugares de esparcimiento están desbordantes y no hay lugar sin reserva, porque son 305 millones de habitantes y con una minoría que se movilice, todo se llena y agota, sin olvidar un gran turismo interno y también algo de extranjeros.
Es, sin duda, un pueblo con una forma de vida muy propia y diferente a la generalidad del resto del mundo. Lo primero a destacar es la "verdadera meritocracia" que maneja la vida de todos. Llega el que "gana los méritos" y es la mayoría que arriba a esa meta.
La crisis hoy ha trastocado en mucho el panorama. La pérdida de empleos ha golpeado en las dos puntas y debilitado a la expandida y sólida clase media. Ejecutivos de bancos, financistas, hombres fuertes de Wall Street, en general jóvenes de entre 30 a 45 años, han quedado en la calle, sin nada y con pocas posibilidades inmediatas. Los bancos en franco tren de reducción de plantillas, las otrora poderosas empresas automotoras despiden por miles (Michigan dónde están las grandes fábricas es el estado con mas desocupación y pobreza), hay pocos lugares o ninguno en la actualidad para altos jerarcas. A tanto llega el "bache" que muchos de los inquietos y efectivos jóvenes de Wall Street vienen de Nueva York a Washington en busca de cargos que se ofrecen para los servicios especiales de inteligencia.
Pero también se les han hecho entrevistas a ex ejecutivos, que dejaron sus gigantescos apartamentos en Manhattan, sus "Ferrari", sus casas de fin de semana de los Hamptons, y están trabajando en el Metro o en ferrocarriles, muchos en cargos muy sencillos, pero era lo que había y hay. La gente deja el auto y se moviliza en el transporte colectivo donde aumenta la demanda de empleo. Otros tres que reportearon atienden detrás de los mostradores en bibliotecas municipales y dedican otra parte de su tiempo a especializarse en otros campos, por si no mejora Wall Street, y a cumplir tareas sociales y de asistencia y hasta de bomberos voluntarios, para ayudar a la comunidad. Esto último es muy normal en Estados Unidos, uno, dos o tres de una familia cumplen tareas comunitarias, hasta las más increíbles e insólitas, como la de un señor que conocimos hace pocos días en Virginia que da lecciones de tango en la biblioteca de la zona los miércoles y viernes de 7 a 9 de la noche. El hombre, americano, no cobra nada, lo hace como un aporte al barrio. Y para mi asombro, que supuse que se trataría de cursos desiertos, tiene 310 alumnos de todas las edades, estadounidenses, ansiosos de aprender un baile típico sudamericano.
La crisis ha golpeado fuerte, ha cambiado en parte las costumbres, ha obligado al ahorro, a "ajustarse el cinturón". Uno de cada cuatro familias en determinados estados tiene un allegado que está sin trabajo y con pocas posibilidades por el momento. Cobra el seguro social por determinados meses y tiene asistencia médica.
También se ha ingresado en la etapa de ahorro. Un sondeo de la empresa PEW exhibe hasta dónde se "ajustan": en el 2006 el 68% de los americanos consideraba imprescindible el uso del microondas, hoy solo el 47%. Michelle Obama sembró verduras en parte de los jardines de la Casa Blanca, hoy en el entorno de Washington hay 78 mil huertos plantados porque vieron hacerlo a la Primera Dama por la televisión.
Hoy en Estados Unidos viven 30 millones de personas por debajo de los límites de pobreza, especialmente en aquellos estados donde quebraron o entraron en bancarrota las grandes industrias. Pero no ha cambiado en nada el espíritu general de "dedicar su día a trabajar, trabajar y trabajar, volver y mirar la TV y acostarse entre 9 y 10 de la noche y levantarse alrededor de las 6 de la mañana". Esa es la vida que no cambiarán, aún con la espada de la crisis sobre sus cabezas.
Pero el estadounidense, visto con ojos latinos o europeos, ofrece caras muy diferentes. Ahora mismo, hace pocas horas, hubo una tragedia en el Metro de Washington, por una mezcla de error humano y técnico, chocaron dos trenes, con un saldo de nueve muertos y 70 heridos. Al mismo tiempo tomó estado público que el gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, había desaparecido durante cuatro días con su amante argentina.
Las páginas de la prensa escrita, los informativos de televisión y las radios, dedicaron sus espacios y comentarios y fotos al accidente, pero mucho mayor atención, a la hora central de los informativos televisivos, a la "escapada amorosa del gobernador", presentándolo en pantalla con lágrimas, pidiendo perdón y mostrando su arrepentimiento. Desfilaron sicólogos y psiquiatras, catedráticos, conocidos, legisladores, etc., impulsando al cadalso a Sanford. Fue crucificado por los periodistas que lo criticaban y sonreían. Sin duda que cometió un grave error desde su función pública, pero el juicio personal para nosotros debió quedar a cargo de la familia, la esposa en primer lugar y los hijos, la iglesia -el hombre es un ferviente religioso-, y las amistades. Nos resulta sorprendente que el hecho haya tomado ese estado público y que desde hace tres días no baja de las primeras planas. Y pocos hablan de las responsabilidades o notoriamente ponen menos énfasis en el error que provocó el choque y la muerte de los pasajeros del Metro.
Sin duda, existe lo que "llamaríamos puritanismo", un sentido religioso extremo, que se traslada a la función pública y prácticamente el "pecador" (ha habido cinco, dos gobernadores y tres congresistas en el último año) es "lapidado" con hirientes preguntas ante las pantallas o en entrevistas de prensa.
No hay duda que Estados Unidos es una gran potencia, con su consigna de luchar por lo mejor, con alto nivel en la enseñanza, en la ciencia, en casi todo, pero con esas "peculiaridades" para nosotros los latinos, que nos cuesta acostumbrarnos a esa idiosincrasia.
WASHINGTON | AP
La venta de casas y apartamentos nuevos en EE.UU. bajó el mes pasado, otro indicio de que la recuperación del mercado de la vivienda con seguridad será gradual y prolongada.
El Departamento de Comercio dijo que las ventas bajaron en mayo a un ritmo anual de 342.000 unidades, de 344.000 en abril. Las ventas bajaron casi un 33% frente a las de mayo del año pasado.
Los resultados no cumplieron el pronóstico de los economistas de 360.000 casas vendidas, según la firma Thomson Reuters. Empero, muchos analistas creen que la venta de casas nuevas tocó fondo en enero y aumentará de manera gradual al mejorar la economía. El precio medio de venta, de 221.600 dólares, creció un 4,2% respecto a abril, pero retrocedió un 3,4% frente al mismo periodo hace un año.
A fines de mayo estaban en venta 292.000 casas nuevas, con una merma superior al 2% frente a las de abril. Según expertos, el inventario de casas aumentará aún más en los próximos meses.
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