Montevideo: parcialmente nublado  l  Temp:10ºC  l  Ampliar pronóstico
Inicio   l    Último Momento   l   Edición Impresa   l   Ediciones anteriores   l   Mi registro   l   Contacto
Poner EL PAIS como página de inicioPoner EL PAIS como favorito
Sábado 27.06.2009, 23:49 hs l Montevideo, Uruguay
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 6 votos
 | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
 

Editorial

La calumnia

Julia RodrÍguez Larreta

Gioacchino Rossini (1792- 1868), en su obra más famosa "Il barbiere di Siviglia", compuso y escribió el texto de un aria que trata sobre una temible arma; la calumnia. Lo es porque quien lanza la injuria lo puede hacer solapadamente o difundirla a través de un inocente, un crédulo, o un cómplice de insospechado partidismo. Al principio puede susurrarse o insinuarse algo no confirmado, pero que a oídos de otros, se convierte en un rumor al cual le añaden leña por otros lados para atizar un fuego que crece en intensidad. Luego se transforma en una certeza para muchos, los cuales ni siquiera sospechan la intención buscada por el difamador.

Las más de las veces, éste queda oculto y utiliza a otros menos vulnerables o totalmente inescrupulosos, para propagar la mentira por todos los medios posibles, la cual para ser creíble, debe de tener visos de veracidad. Y para algunos lo que cuenta, es el deseo de que lo escuchado sea verdad.

La calumnia ha sido usada por poderosos que no han querido esconderse, como también por anónimos delincuentes. Entre los primeros, Hitler es un ejemplo emblemático, usando abiertamente la mentira de la cual era autor. También Lenin calificaba a la calumnia, como una de las armas más letales.

En nuestro país fue un caso notorio el de la supuesta "infidencia", nunca probada, que le hizo un daño enorme a la reputación de un importante político, afectando también a su entorno y sólo muchos años después, pudo reponerse políticamente. Ciertamente, no ha sido éste el único caso en tiempos recientes.

En la vecina orilla tenemos las acusaciones involucrando a de Narváez, uno de los líderes de la oposición, con la distribución mafiosa de la efedrina. Por más declaraciones del candidato frente a la justicia y los medios, la falta de pruebas y las declaraciones de uno de los criminales procesados, diciendo que desde el poder le habían ofrecido tratamiento privilegiado si acusaba al candidato, la duda quedó sembrada.

Recordemos en Francia , el célebre caso del Capitán Dreyfus. Y ni hablar de la reputación de miles de mujeres cuyo honor fue ensuciado por razones de celo y despecho, o la honra de muchas personas dañadas por el accionar de la KGB, para desprestigiar a disidentes y opositores durante la guerra fría. La historia del mundo está plagada de injusticias y de reputaciones dañadas y rara vez, el perjuicio es reparado.

La víctima así atacada no tiene muchas opciones. Una es esforzarse para rebatir el ataque, aunque suele ser desgastante y muy difícil descubrir al autor intelectual. Es enfrentarse las más de las veces, a molinos de viento o a tartufos que le asegurarán que nada tienen que ver con el infundio. La otra es apretar los dientes, encoger el lomo y esperar a que pase la tormenta, tomando el ataque como algo que puede ocurrir, sobre todo en el campo político, o en el de los envidiosos, ya que de salir a la palestra para pelear o explicarse, algunos dirán: "El que se excusa, se acusa". Mientras otros, una vez sembrada la cizaña, podrán retirarle su apoyo, logrando el calumniador su objetivo. Según el desenlace, de algunos vendrán las excusas. "Nunca quise o quisimos decir eso, se ha interpretado mal lo mencionado". "Eso está fuera de contexto". "Solo conté lo que me dijeron, o lo que leí, y eso que no repetí otras cosas". Mientras otros se levantarán de hombros diciendo: "¿Por qué no acude a la justicia?". "Hay leyes que sancionan el libelo". ¿¡"No se sabe defender!?

Pero la verdadera calumnia no presenta pruebas fidedignas ni relata hechos específicos, sino que borda sobre situaciones reales, una plausible historia. El miserable infundio, insidioso, al principio sólo sugiere y luego se desplaza como la víbora, con la sorpresiva rapidez y fuerza, a la que hace alusión Rossini.

El País Digital

 ¿Encontraste algún error?« volver  
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 6 votos
 | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
Compartir:

No salgas a la calle
sin saber de qué se habla...

ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 9020115 int. 184/186
Zelmar Michelini 1287, piso 5, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2012