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Tras una intensa campaña electoral, a partir de la medianoche de hoy comenzará el necesario período de reflexión que la ciudadanía merece y precisa, de cara a las trascendentales elecciones internas del próximo día domingo. Se trata por tanto de la última consideración política que desde aquí se abordará, antes de acatar el período de veda que sabiamente prevé nuestra legislación electoral.
Antes que nada, vale destacar la decisión de dos de los candidatos oficialistas, el senador José Mujica, y el intendente Marcos Carámbula, de suspender movilizaciones que tenían previstas en pleno período de veda propagandística. Ha primado la cordura, y han comprendido que el pueblo merece tanto un plazo de silencio para meditar su decisión, como que quienes aspiran a ser sus máximos representantes respeten las leyes, acuerdos y valores que en caso de ser elegidos, estarán encargados de custodiar. Bastante extensa ha sido esta campaña, y los candidatos han tenido tiempo más que suficiente para exhibir sus ideas y compromisos, como para violentar una tradición de respeto tan arraigada en el país.
Estas elecciones internas tendrán un peso muy superior al que han tenido en otras oportunidades, y configuran verdaderas primarias en las que el pueblo deberá definir entre modelos y visiones de país radicalmente diferentes. Los sondeos de intención de voto, en unos comicios que no son obligatorios, parecen demostrar que la ciudadanía ha comprendido esto, incluso mejor que algunos dirigentes.
Para el partido de gobierno, estos comicios revisten una trascendencia histórica. El Frente Amplio acude nuevamente a las urnas para definir su candidato presidencial, el cual volverá a ser electo por la gente, y no por conciliábulos de dirigentes. Un cambio democrático y saludable, sobre todo porque ha permitido constatar la polarización ideológica profunda que anida detrás de esa fuerza política, y que muchas veces ha quedado tapada por una disciplina partidaria homogeneizante y poco democrática.
El paso siguiente, y la gran duda que esto plantea, es si pasada la instancia del domingo, puntos de vista tan distantes como el del ex ministro Astori, y el senador Mujica, pueden realmente tirar de un mismo carro. Y, sobre todo, si quienes acudan a apoyar al que le toque perder, estarán dispuestos luego a acompañar a un candidato que representa ideas tan diferentes.
Para el Partido Nacional el proceso ha sido más sencillo. Es un partido acostumbrado a la lucha interna y, para bien o para mal, a no ocultar sus discrepancias. Por eso, si bien ha sido una campaña dura y donde se han visto reflejadas las posiciones sectoriales históricas del partido, comparado a otros momentos y a otras pugnas internas, la misma ha sido razonablemente pacífica. Es por esto mismo que su conclusión y la aceptación del ganador como candidato único, no representará para los blancos el trauma que sí será para otras fuerza políticas.
Es que más allá de perfiles propios, y visiones diferentes en aspectos puntuales de la realidad del país, el Partido Nacional muestra una unidad indudable en cuanto a los grandes pasos que hace falta dar para rescatar al país de los excesos y conflictos que ha generado el actual gobierno. Y más que nada, para enfrentar los desafíos que tiene por delante la nación.
Sobre todo, porque de cara a octubre es mucho lo que el Uruguay se juega en las urnas.
Por un lado está la opción de un país acorde con su mejor historia, con sus valores más genuinos, esos que le permitieron ser durante mucho tiempo una excepción honorífica en un continente turbulento y desigual. Que tenga capacidad de entender el complejo mundo de hoy, y de buscar acuerdos sociales que permitan insertarse en ese mundo de forma inteligente, para aprovechar al máximo las ventajas comparativas que, bien explotadas, deberían ubicarnos en un sitial de privilegio.
Por el otro, la propuesta de un país miope, pendiente de cuentas del pasado a cobrar, que divide al mundo entre buenos y malos, y que enfrenta a la sociedad en base a paradigmas superados desde hace décadas. Una propuesta que se apoya en talenteos y discursos vacíos y demagógicos y que, por sobre todas las cosas, es la carta de victoria de los nefastos corporativismos egoístas que por años han frenado el desarrollo del país.
La decisión ahora está en manos del pueblo.
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