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Jueves 25.06.2009, 04:37 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

Magistral lección de musicalidad

Hilary Hahn tocó e impactó el lunes en el teatro Solís

ALEXANDER LALUZ

Sin poses espectaculares, la violinista Hilary Hahn dejó el pasado lunes una excepcional lección de musicalidad en el teatro Solís. Fue su primera actuación en nuestro país, y seguramente muchos la recordarán como una de las más impactantes de este año.

La razón es muy simple. Cuando la música (la música en serio, no un vano despliegue de acrobacias técnicas) es el centro y motor de una interpretación, la comunicación estética rompe con cualquier formalismo envejecido para ganar en expresividad, fluidez, y conmover al público "culto" más ritualista. En realidad este tipo de experiencias están más allá de los límites o clasificaciones de públicos. Para entender sus códigos, sus signos sonoros, la única condición sine qua non es la sensibilidad.

Hahn, sin lugar a dudas, domina este singular fenómeno. Por lo cual su virtuosismo y técnica impecable se constituyen en una herramienta para descubrir la potencia significante de (casi) cualquier repertorio. Y en el caso de este concierto en el Solís, lo hizo con un verdadero "tour de force": cuatro piezas del legendario violinista belga Eugène Ysaÿe, tres sonatas del estadounidense Charles Ives, una selección de las Danzas húngaras de Johannes Brahms y las Danzas folklóricas rumanas de Bela Bartók.

Tanto en las piezas para violín solo (tres de las de Ysaÿe), como en las de violín y piano, Hahn lució su impecable afinación (nada de esos tortuosos "estiró, estiró la nota hasta encontrarla", o esos "¡uy!, estuvo tan cerca de la nota justa"), precisión en los ataques, virtuosismo en las texturas más complejas, y una inteligente concepción de la articulación y el fraseo. A todo esto le sumó un fluido ensamble con la pianista Valentina Lisitsa, quien aportó un sólido y muy musical apoyo. El público no fue pasivo ante la propuesta, y se sumó a una interacción creativa que abrió más de una mente cerrada. Y la justificada ovación final confirmó que en medio de tanta repetición, la música "culta" puede descubrir caminos para ser (y hacer) más música y no sólo viejos ritos.

El País Digital

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