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El sindicalismo apunta su artillería gruesa hacia las próximas elecciones nacionales. Presume cuál ha de ser el resultado de las elecciones internas partidarias y, estima que el Partido Nacional será su seguro rival. En su propaganda "descubre" que el neoliberalismo de los 90 configura un retroceso en materia de derechos humanos, de privatizaciones, de atraso cambiario, de des industrialización y de consejos de salarios.
No vale la pena extenderse en refutar argumentos no basados en la realidad de los hechos sino en consignas ideológicas. La "burocracia sindical" ya se sabe, obra según su propia conveniencia personal en sus discusiones domésticas, más aparentes que otra cosa, porque sólo se refieren a tácticas a emplear y no a objetivos. Pero nada de esto obsta para que no se reconozca que el sindicalismo posee un gran poder perturbador y que implica un grave riesgo institucional.
Su última modalidad busca realizar una "operación memoria", destinada a recordar los supuestos males del modelo neoliberal que, según ellos, habría desquiciado al país en la década del 90. En apoyo de su audaz tesitura, el sindicalismo realizará una cuádruple marcha sobre Montevideo que partirá, entre el 13 y el 20 de agosto, de Bella Unión, Rivera, Melo y Rocha. ¿Sembrará vientos para recoger tempestades? No sabemos qué puede ocurrir en el futuro inmediato, después de conocidos los resultados de los comicios nacionales. En este sentido, el editorial de El País del 18-VI-09 es terminante.
Transcribimos un fragmento medular: "¿Qué va a pasar si la mayoría del pueblo uruguayo decide que uno de esos candidatos denostados por los sindicalistas, es quien debe gobernar el país? ¿Se van a oponer a la decisión popular?"
No hay respuestas categóricas a estas interrogantes, pero sí hay presunciones, hay sospechas y hay temores. Todos conocemos los males que ha engendrado el marxismo-leninismo. El totalitarismo atroz que se centró en la Unión Soviética y en sus satélites colapsó, pero sus secuelas continúan ensombreciendo al mundo. Pero nos interesa lo de aquí y lo de ahora.
El Partido Comunista es la base del sindicalismo corporativista uruguayo. Está presente en todas sus ramas y cargos más importantes. Por añadidura, es el firme aliado electoral de Mujica, el precandidato presidencial frenteamplista. El Partido Comunista es muy fuerte en el sindicalismo. Además de ser la organización política de izquierda más afinada e ideológicamente más coherente, sus indeseables antecedentes -aparato militar clandestino y financiación soviética y/o castrista- no permiten hacerse ilusiones sobre sus verdaderas intenciones.
En su reciente V Congreso Extraordinario, el Partido Comunista se quitó definitivamente la careta. No hay que olvidarlo ni minimizarlo.
Allí se declaró en favor de "la confrontación directa o indirecta, velada o abierta, con la oligarquía y el imperialismo", a los que identifica con los partidos fundacionales. Nadie niega que está en su derecho de opinar como se le antoje.
Sigue afirmando: "nuestra intención es desalojarlos del poder (se refiere al bloque dominante del gobierno)" ... "no podemos permitir que se inicie un proceso de desacumulación de fuerzas que nos lleve a perder el espacio conquistado". Esto ya es más grave y discutible: ¿qué alcance tiene la expresión, no podemos permitir?
Pero lo peor viene después: "la eventual alternancia en el gobierno con los partidos blanquicolorados sería un retroceso de magnitud nacional e internacional que comprendemos claramente y no admitimos". ¿No admitimos? Y remata esta evidente amenaza a la institucionalidad con la asunción del compromiso de que "enfrentará las más variadas contingencias de la lucha de clase".
El ejercicio normal de la democracia uruguaya, será cuestionado por estos pertinaces estalinistas en la oportunidad y en la medida en que las decisiones emanadas de la auténtica voluntad popular no concuerden con los espurios intereses del Partido Comunista. No son para tomar a la ligera estas aseveraciones del V Congreso referido, ya que parece ser una espada de Damocles para nuestras libertades. Aún cuando sólo fuera parte de una estrategia que apunta a hacer creer a los ciudadanos, que otro partido que no sea el Frente Amplio, no podrá gobernar.
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