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Álvaro Casal
Alrededor de 1820, Pierre Lebrun, tomando como base la "María Estuardo" de Schiller, elaboró una tragedia. Miembro de la Academia Francesa, Lebrun era un hombre honesto y galante que amaba las artes. Mucho después, habiendo cumplido los ochenta años, quiso escuchar a la señora Ristori que daba unas representaciones en la sala Ventadour de París.
Esa noche, la artista representaba el rol de María Estuardo, en una traducción italiana del drama alemán. Mientras escuchaba sus versos, en el fondo de su palco, Lebrun se pasaba la mano por la frente y después de cada escena, murmuraba entre dientes: "¡Yo conozco esto! ¡Yo conozco esto!"
En el intervalo se decía: "Esto está muy bien; pero ¿dónde lo he visto antes?"
Al final del espectáculo, Lebrun recordó. Y entonces murmuró al oído de su vecino: "¡Caramba! ¡Esta gente ha robado mi tragedia!
Hacía sesenta años que había escrito su tragedia y ya no la recordaba. Recordaba menos aun el drama de Schiller.
Después agregó que el asunto era una bagatela y que no hablaría más de ello.
Como observó Anatole France, "que nos aproveche el ejemplo de Pierre Lebrun, a todos los que tenemos la desgracia de emborronar papeles con nuestros sueños. Cuando creemos que nos roban nuestras ideas, pensemos mucho antes de decirlo y asegurémonos de que son verdadera y únicamente nuestras. No lo digo por nadie en particular, pero detesto el ruido inútil".
Todo esto viene al caso frente a un acontecimiento de nuestros días. Resulta que el hijo de un señor llamado Adrian Jacobs, quien murió en un asilo en 1997, sostiene que éste escribió un librito de 36 páginas titulado "Las aventuras del mago Willie. Nº 1: La Tierra Lívida" y que el mismo fue plagiado por la famosa autora J. K. Rowlings para hacer su voluminoso tomo titulado "Harry Potter y el cáliz de fuego".
No parece indiferente a esta demanda (por 800 millones de dólares), el que se estime que Rowlings, como resultado de sus esfuerzos como escritora, ha acumulado una fortuna de 920 millones de dólares.
Las cuestiones de plagios reales o presuntos, parecen ser tema de todos los días en los tiempos que vivimos. Se desencadenan con frecuencia por situaciones como la descripta más arriba. Hace poco ocurrió con el "Código da Vinci".
Otra historia, son otros plagios que están de moda. Los de gente (especialmente estudiantes) que se atribuyen la autoría de textos ajenos, copiados de Internet.
Según profesores, puede tratarse de un engaño consciente por parte de los alumnos (por ejemplo, al recurrir a sitios que ofrecen textos académicos, monografías y tesis y copiarlos) o de un error (en el que muchos estudiantes caen por no saber cómo citar correctamente trabajos ajenos).
Variaciones sobre un tema que ha tenido diversas interpretaciones a través del tiempo. Antiguamente el plagio no se consideraba como hoy.
En el siglo XVII se disertaba sobre el tema en las clases de filosofía, dialéctica y elocuencia. Era la época de Jacobus Thomasius quien en 1684 redactó un tratado donde concedía licencia a los autores para apoderarse del bien ajeno en lo que definía como "obras del espíritu".
La verdad es que como decía France, "las situaciones dramáticas pertenecen a todo el mundo". En nuestros días, esto mantiene vigencia.
Muy diferente es "copiar y pegar", estampando la propia firma en escritos de otros.
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