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Julio Marra
Le gusta repetir que en los últimos dos meses recorrió 30.000 kilómetros, hizo 700 asambleas y saludó a 120.000 personas. Igual (o menos, según se calcule), nadie pone en duda que la perseverancia y el esfuerzo son su sello de identidad. Quienes redimen su fatiga son sus cuatro hijos, el Partido Nacional y los caballos.
Jorge Larrañaga, líder de Alianza Nacional y abogado, tiene 52 años. Fue edil, intendente de Paysandú, candidato a la vicepresidencia acompañando a Juan Andrés Ramírez en las internas de 1999, senador, candidato único a la presidencia en 2004 y presidente del Directorio del Partido Nacional.
Esa es su carrera que tiene como novedad que es el único precandidato (y en muchos años) que viene del Interior, cuestión que ha hecho central en la estrategia de su mensaje. Sus más allegados dicen que Larrañaga tiene "un gran sentido de la lealtad personal" y que desde allí encara "un liderazgo moderno" y vertical. Y que se refleja en que apenas ha perdido un legislador (el diputado Álvaro Alonso, que era aliado de Juan Andrés Ramírez) en el devenir de la campaña. Alianza Nacional conserva 24 diputados, seis senadores y cuatro intendentes. Dicen sus vecinos de camino que "trabaja en equipo" pero que "centraliza" las decisiones. Que tiene un "lenguaje de peón a peón" y "no de patrón a peón" con sus simpatizantes. Y que eso está marcado desde el origen porque no fue educado para ser presidente como "destino manifiesto", sino que es "hijo del esfuerzo" de una típica familia de clase media, como también le gusta decir a Larrañaga. Por eso es duro, puntual y ansioso.
Su ligazón con Ferreira Aldunate lo convocó a tomar la consigna de la descentralización y junto a cinco intendentes nacionalistas, a fines de 1997 y comienzos de 1998, fundó y lideró el grupo Nueva Fuerza Nacional, que se alió con Ramírez para disputar a Lacalle la interna de 1999.
El ex presidente ganó después de una dura contienda. Y fue Larrañaga el que tendió los puentes para restañar las heridas, aunque no aceptó acompañar a Lacalle en la fórmula presidencial. Desde la banca en el Senado desgranó un estilo frontal (llegó a interpelar ministros pese a integrar la coalición de gobierno que forjó Batlle) y encabezó, en 2002, la retirada del Partido Nacional de los cargos del gabinete. El actual período frentista lo tuvo también en la primera línea de la crítica.
Larrañaga no es un seductor, pero difícilmente se deje seducir. Sus discursos de campaña no han estribado en una seguidilla de puntos concretos, sino que han apelado a la emotividad "y a una visión nacional". Como un hombre "de a caballo".
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