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Domingo 21.06.2009, 06:24 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

Bill Clinton da que hablar en el mundo

Ex presidente. Viaja para dar charlas benéficas sobre crisis, Medio Oriente y la actualidad

DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

Sigue teniendo ese imán que cautiva multitudes. Aún hoy, con el carisma de Obama, conserva un atractivo muy especial. Dejó un recuerdo tan fuerte que pocos se animan a desplazarlo de la lista de hombres más admirados de la Casa Blanca.

Ahora, con múltiples actividades en el exterior, es raro que pase más de un día completo en EE.UU. Bill Clinton es un viajero incansable. En los últimos días estuvo, por escasas horas, en Canadá (junto a George W. Bush), en Madrid, Buenos Aires, Haití, entre otras visitas relámpago por el mundo.

"The Washington Post", con sus miles de secuaces prontos para captar la noticia y avisarles, pudo publicar en los últimos quince días tres fotografías, dos captadas en Washington -en ambas saliendo de almorzar en restoranes de moda muy sonriente junto a su esposa Hillary- y una tercera en el Madison Square Garden, en un homenaje a la extraordinaria tenista de décadas pasadas, Billy Jean King, a estadio lleno, que pareció venirse abajo ante el aplauso de varios minutos y los gritos de "¡Bill, Bill! Bill!", apenas anunciaron su presencia.

Con su 1,85 de altura y más de 100 quilos de peso, exhibe una agilidad que llama la atención, una sonrisa permanente, es un entusiasta charlista y pocas veces, comentan allegados, se le observa con malhumor o ánimo decaído.

Gabriel García Márquez, el gran escritor colombiano, lo definió exactamente hace algunos años, en una revista de su propiedad (Cambio), después de conversar con él, junto a otro brillante colega, el mexicano Carlos Fuentes, a lo largo de un almuerzo. "Lo primero que llama la atención de William Jefferson Clinton es su estatura. Lo segundo es el poder de seducción que difunde desde el primer saludo, una confianza de viejo conocido. Lo tercero es el fulgor de su inteligencia, que permite hablarle de cualquier asunto, por espinoso que sea, siempre que se le sepa plantear".

En la actualidad Bill Clinton está dedicado a dar conferencias sobre temas políticos y económicos y recolectar fondos para la Fundación que lleva su nombre, integrada por voluntarios y 1.400 asalariados, que actúa en 40 países y que está destinada a luchar contra el SIDA, la pobreza y el cambio climático.

En esas recorridas no sólo reúne millones y millones de dólares en una de las obras filantrópicas más importantes del planeta, sino que también, en cada ciudad que llega, deja, como dice García Márquez, la seducción de su inteligencia.

Pero, como el mismo Clinton lo trasluce en su autobiografía "My Life", tiene sus defectos personales, que muchos detractores le interponen constantemente en lo que él llama "la hipocresía de sus enemigos". Y a lo que el mismo novelista de Cartagena de Indias, en su defensa, argumentó: "¿Sería justo que este raro ejemplar de la raza humana tuviera que malversar su destino histórico sólo porque no encontró un rincón seguro dónde hacer el amor?".

Ahora, en los recientes viajes, los comentarios, chismes, críticas y protestas han seguido su paso. No sabemos si "la lengua mordaz" continúa en el intento de desprestigiarlo o todavía, a los 62 años, no puede dominar ese impulso a perder la calma ante las bellas mujeres.

Los "dardos picarescos" abundaron también cuando hace pocas semanas se hizo presente en el Festival de Cannes, en una gala benéfica, para recaudar fondos para combatir el SIDA. Un columnista de prensa y otra de televisión americanos, maliciosamente deslizaron comentarios cuando veían la transmisión en directo de Bill Clinton entregando su famoso saxofón para ser subastado y a su lado, muy próxima, daba un beso al mejor postor la actriz Sharon Stone.

En el reciente viaje a Buenos Aires para entrevistarse con empresarios, analizar la crisis económica y dar una conferencia para recaudar fondos para la Fundación (alcanzó la suma de 250 mil dólares), apenas regresó nacieron en revistas argentinas datos de una cena que mantuvo con el matrimonio Kirchner y acólitos, y versiones sobre su asistencia, con los 30 integrantes de su comitiva, al conocido cabaret "Cocodrilo". Allí habrían pasado una velada agradable y se despidieron luego de un baile especial, en el salón VIP, a cargo de una conocida actriz y vedette, Andrea Rincón, que acosada o como forma de publicitarse no disimuló que bailó para ellos. "Con Clinton no hablé, me pagaron muy bien en dólares", dijo.

Pero, en Buenos Aires tuvo otros dolores de cabeza. Luego del almuerzo con empresarios -Enrique Eskenazi (YPF), Jorge Brito (Adeba), Ernesto Gutiérrez (Aeropuertos Argentinos), Carlos López Mena (Buquebús), gente del grupo Werthein (La Caja), Eduardo Eurnekian (Aeropuertos Argentinos), entre otros- dio la charla benéfica ante más de mil personas en el Hotel Hilton de Puerto Madero. Por la noche fue invitado por el matrimonio Kirchner, con la asistencia también de Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires, Julio de Vido, ministro de Planificación, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, ejecutivos de empresas públicas y altos funcionarios de la embajada de EE.UU. La cena se desarrolló en el tradicional restorán "La Cabaña".

Apenas retornó Bill Clinton a Nueva York, The New York Times se hizo eco de la vida nocturna en Buenos Aires y de la comida con Cristina y Néstor Kirchner. Señaló el influyente matutino estadounidense que la oposición argentina, ante las próximas elecciones parlamentarias, había hecho llegar su malestar porque una figura tan popular como Clinton en la Argentina podía haber dado impulso a los Kirchner, en un momento de caída de prestigio y posibilidades electorales.

En el correr de la misma mañana que apareció la versión en el diario, en el correo electrónico de los periodistas nacionales y extranjeros (entre ellos El País) se recibió un escueto comunicado del Secretario de la Oficina de Bill Clinton en Manhattan estableciendo que "la historia es completamente falsa. El ex presidente y un grupo de amigos se encontraban en el hotel, luego de la cena con la presidenta Fernández de Kirchner, jugando a las cartas". No hubo más comentarios de ninguna de las partes.

Los datos que trascendieron informan que Bill Clinton en sus charlas habló de la crisis económica: "Parecería que se ha llegado al fin del pozo, que lo peor pasó, pero no se puede afirmar a ciencia cierta. Sería capaz de escribir un libro con las especulaciones sobre el alcance de la debacle y las soluciones. Pero soy optimista, no a un plazo inmediato".

Luego, en otra de sus conferencias, recordó su experiencia con Netanyahu, el primer ministro israelí, y opinó "que hizo lo que él pensó que había que hacer para mantener la bola rodando y no alienar completamente la iniciativa de los EE.UU. Es el juego de apertura, su respuesta a la administración Obama, es el primer paso". Pero, reconoció que la propuesta de Netanyahu era inaceptable para los palestinos. "Estamos todavía muy lejos sobre dónde tenemos que estar. Cada uno está tomando posición para el diálogo", aclaró.

El País Digital

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