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Dos frentes. Los aceleradores están a fondo, pero nadie descuida las elecciones nacionales
MARÍA FERNANDA BOIDI
A ocho días de las internas, partidos y candidatos pisan el acelerador; los que van primero buscan consolidar su posición; los segundos buscan el cambio que dé vuelta las tendencias. Pero nadie pierde de vista la competencia de cara a las elecciones nacionales.
En las elecciones del próximo 28 se elegirán los candidatos presidenciales únicos de cada partido y las convenciones nacionales y departamentales. Por definición, se trata de una competencia interna, entre miembros de un mismo partido, lo que haría esperable que el foco de la contienda fueran las diferencias de matices entre lo que tienen para ofrecer los distintos candidatos dentro de un mismo partido.
Sin embargo, las estrategias de los distintos precandidatos han prestado mucha atención a sus diferencias con los candidatos de los otros partidos. Así, Jorge Larrañaga alerta de los riesgos que implicaría un gobierno de José Mujica, y se presenta como el candidato con mejores chances de disputarle la Presidencia.
En la misma línea, desde la campaña de Danilo Astori se llama a votar por el Frente Amplio, y por Astori en particular, para que "no vuelvan más" los políticos "de derecha".
Y desde el Partido Colorado se critican duramente las políticas del gobierno en materia impositiva y de seguridad ciudadana.
¿Por qué en una interna se presta tanta atención a la competencia interpartidaria? La explicación es más bien de corte estratégico. Las elecciones de junio son el primer mojón de una especie de carrera de obstáculos. Y tan importante como pasar el primer obstáculo (ganar las internas) es mantener la mira en el siguiente (las elecciones nacionales).
Los candidatos deben desarrollar estrategias a dos frentes, que impliquen hacer lo posible por ganar la interna, al tiempo que se maximizan las posibilidades de quedar "mejor parados" para las nacionales. Así, los movimientos que tienden a la diferenciación con otros partidos presentan algunas ventajas estratégicas. Por un lado, funcionan como arenga para los simpatizantes del partido, como movilizador de los votantes partidarios, aspecto siempre a cuidar en elecciones con voto voluntario.
Por otro lado, marcan la cancha, presentando al candidato que polemiza con otro partido como el seguro ganador de la interna de su fuerza política, dando por descontado que será quien enfrentará a los demás partidos en octubre.
Una ventaja adicional de cargar las baterías contra los otros partidos es que desvía la competencia negativa hacia afuera. La evidencia indica que cuando la competencia al interior de los partidos se vuelve excesivamente conflictiva y negativa (o incluso sucia), las posibilidades del partido de una victoria en las nacionales se ven perjudicadas.
De hecho, todos los partidos con competencia interna -aunque algunos en mayor medida que otros- se han ocupado de mantener controlados los niveles de confrontación interna y de enviar señales de unidad.
Así, los precandidatos frenteamplistas participaron de actos conjuntos en los pasados meses. Del mismo modo, Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga participaron juntos del acto de homenaje a Luis Alberto de Herrera en abril , aunque no así de la conmemoración del retorno a Uruguay de Wilson Ferreira Aldunate, celebrado el pasado 16 en actos distintos.
El primer mojón. Para llegar a la competencia por la Presidencia es preciso pasar el primer mojón de las internas. Y en los últimos días se ha visto a los precandidatos redoblar sus esfuerzos en procura de ello.
La posición relativa de los candidatos en las encuestas pauta, en gran medida, las estrategias a seguir. Los primeros (Bordaberry, Lacalle y Mujica) mantienen la línea de acción que ha probado ser exitosa hasta ahora. El hecho de ir primeros es el mejor indicador de que la estrategia escogida ha sido acertada, por lo que sólo resta intensificarla en el último tramo de campaña.
Bordaberry continúa apelando a la movilización de los colorados, algo que le permite su posición casi hegemónica según lo que indican hoy los sondeos.
Lacalle sigue emitiendo mensajes a diversos públicos, haciendo énfasis en su experiencia y destacando algunos temas de campaña que despiertan sensibilidad en el electorado, como la inseguridad.
Mujica, por su parte, ha intensificado su estrategia de apelar a una base amplia del electorado, mucho más allá del sector que lo impulsó, como buscó probar en su reciente renuncia a la dirigencia del MPP.
Los candidatos que van segundos, por su parte, han probado modificar levemente el tono y dirección de sus mensajes, haciendo énfasis en la ventaja que tendría votar por ellos.
En los últimos días, tanto Astori como Larrañaga han insistido casi exclusivamente en la ventaja con que contarían sus respectivos partidos para ganar la elección nacional si ellos fueran los candidatos. Esta es una estrategia que ataca los dos frentes, porque al tiempo que proyecta las ventajas de votar a un partido sobre el otro, se logra la diferenciación (más o menos sutil, según los casos) con el competidor de la interna.
¿Será esta estrategia suficiente para cambiar las tendencias? Las últimas encuestas sugieren que tal vez no, pero pronto se sabrá con certeza.
Las encuestas de junio muestran la confirmación de las tendencias observadas semanas atrás, con los primeros consolidándose en la punta. Pedro Bordaberry con el 75% de las adhesiones de los que piensan votar en la interna colorada (según el promedio de la Encuesta de Encuestas- EdE), y José Mujica recibiendo el 55% de la intención de voto frentista. A la luz de las diferencias en las últimas mediciones, la interna blanca sigue siendo la gran interrogante.
En las encuestas de junio Luis Alberto Lacalle sigue como favorito, aunque con matices según los datos que se miren. Según el promedio de la EdE, Lacalle obtendría el 55% de las adhesiones de quienes votarán en la interna y Larrañaga el 40%. Estos resultados muestran un punto de crecimiento en la brecha entre Lacalle y Larrañaga (de 14 a 15 puntos) respecto al mes anterior, lo que sugiere que el líder herrerista se consolida en la punta. El promedio de la EdE incluye los datos de la segunda encuesta de Factum de junio, que se separa del resto por otorgarle una gran ventaja a Lacalle (27 puntos en el promedio de los escenarios). De hecho, hasta que se conocieron los últimos datos de Factum, las tendencias sugerían que la interna blanca se estaba "emparejando".
Los datos de Factum muestran un escenario de cómoda victoria para Lacalle, con una ventaja de casi 2 a 1 entre los votantes de la interna blanca (o 10 puntos porcentuales en el total del electorado), lo que deja fuera de consideración todo margen de error. Sin embargo, las distancias entre los candidatos blancos que marca esta última encuesta de Factum son mucho mayores a las reportadas por las demás firmas, y una semana parece muy poco tiempo para que se den saltos tan grandes (en especial saltos que reviertan una tendencia de repunte de Larrañaga que -aunque tenue- se venía observando). Solo si nuevos sondeos muestran tendencias similares, se podría vaticinar que Lacalle será ganador de la interna blanca antes del 28.
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