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El MAC extiende la exposición con obras de Olascuaga
JORGE ABBONDANZA
Lo primero que seduce en la pintura de olascuaga en el museo de arte contemporáneo (18 de julio 965, piso 2) es la deliberada informalidad de su temática. Son autorretratos en que la única figura humana aparece tomando sol en la azotea, una serie de gozosa serenidad veraniega que el autor resuelve con manchas de color plano y siluetas ribeteadas, como episodios de una gran tregua a la que parece remitir el bienestar personal. Cada obra está acompañada por un breve texto donde el pintor deja constancia de los beneficios de esos ratos de ocio, desde el trago que sostiene en la mano hasta el efecto del sol (o de la brisa) sobre ese cuerpo que se tiende entre pretiles, sillas plegables, cuerdas para ropa y ventiladores. El saldo no sólo es atrayente, sino que además está revestido de una singularidad en la que olascuaga parece guiado por un sensualismo placentero y sobre todo independiente de magisterios o tendencias de quien sea.
Lo segundo que conquista en esas obras es el sentido del humor, que forma parte de la renuncia a toda solemnidad y toda trascendencia, pero que además traduce el espíritu saludablemente lúdico con que el artista encara su faena. Eso se extiende a las tres obras escultóricas que acompañan la muestra con similar sello juguetón, aunque el hecho no excluye la desenvoltura expresiva y el holgado oficio con que el expositor resuelve sus trabajos. No parece casual, frente a semejante carácter, la sensación de que Olascuaga realiza alegremente todo lo que hace, un efecto que por cierto se contagia al observador que visite el MAC, donde la exposición se mantiene habilitada hasta primeros días del mes que viene.
Nacido en Montevideo en 1953, el pintor estudió con Pepe Montes, ganó en 1975 el premio Losada, vivió largamente en Barcelona desde 1976, instaló allí un taller de cerámica y escultura, intervino en Bienales y muestras internacionales, ganó distinciones como ceramista y ahora se reencuentra con Montevideo. Es muy gracioso leer lo que escribe sobre la serie de obras que figuran en el MAC, porque dice por ejemplo que ese veraneo en casa "quizás encierre la oportunidad de descubrir el placer donde no es visible" y agrega que "lo trivial del argumento en esta serie de Los Ocios, donde el personaje rezagado en la ciudad vacía está acotado a la azotea y la ducha, nos relaciona con la dosis de estoicismo necesaria para encontrar armonía y sosiego en un entorno de aridez".
No son frecuentes los casos en que el gozo de un artista al ejecutar su obra, se transmite al público con la fluidez que logra Olascuaga. Lo suyo es una buena lección para los pomposos del arte visual y de paso constituye un bienvenido ejercicio de disfrute.
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