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Martes 09.06.2009, 01:52 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Obama en el mundo

A65 años del victorioso desembarco aliado en Normandía, a medio siglo de la masacre de estudiantes y liberales chinos en Tiannamen, a 47 años de haber sido expulsada Cuba de la OEA... Todos estos hechos históricos ocurrieron en algunos de los primeros días de junio de los años respectivos y, a su vez, coinciden con las fechas elegidas por el presidente Obama para realizar una gira por diversas naciones de Europa, Cercano y Medio Oriente. Resulta significativo que ese periplo no incluya a Israel, aunque, pocas semanas antes, haya sido recibido en Washington al premier Netanyahu.

No hay que hacerse ilusiones de que el mundo se maneja en torno a principios y que éstos son excluyentes de toda otra consideración. Siempre se ha sostenido, en cambio, que en materia política -y, especialmente, en política internacional- no existen amistades sino intereses. Esta visión realista de los hilos que mueven al mundo puede afectar sensibilidades y chocar contra algunos criterios pero así son las cosas, salvo casos muy puntuales y excepcionales.

A los aniversarios apuntados hay que añadir otros hechos capitales: el 11 de septiembre de 2001, terroristas atacaron el corazón mismo de EE.UU. y mataron en minutos a casi tres mil personas al estrellar aviones contra los principales centros financieros y militares del país. Esta tragedia trastocó la mentalidad de la población y del gobierno del país más potente del mundo. La sicosis que generó, todavía sigue gravitando en la nación norteña.

Paralelamente, comienza a adquirir cuerpo otra alarmante preocupación: Corea del Norte inicia pruebas nucleares y lanza misiles sobre sus mares adyacentes, todo ello acompañado de un lenguaje amenazante dirigido a su vecino del Sur y a EE.UU. Algo similar -no de tanta entidad- ocurre con Irán, que procura convertirse en potencia nuclear, aunque Teherán niega esa intención. Si se acepta que existe un paralelismo entre la paz y la democracia (doctrina Rodríguez Larreta), entonces hay que admitir que las naciones democráticas, poseedoras de esa avanzada tecnología militar, tienen derecho a impedir el acceso a la misma por parte de quienes no lo son. Por el contrario, si no se acepta la mencionada doctrina, es de preguntarse en base a qué algunos países pretenden detentar el monopolio de ese poder, que significaría, en pocas palabras repartirse el dominio del planeta de una vez y para siempre.

Volvemos a aquello de que la política -lo decía Bismarck- no es una ciencia exacta sino un arte, con el agregado actual de que el imperio de la realidad está por encima de toda otra especulación.

¿Qué principios puede invocar la OEA para excluir de su seno a Cuba, desde 1962, cuando muchos de sus países miembros tampoco son cultores de la democracia y de los derechos humanos? ¿Y qué puede alegar Cuba, para desdeñar explícitamente su eventual reincorporación, más que una posición irracional y atrabiliaria de su dinastía gobernante, basada en el odio a EE.UU., pero anclada en su adhesión al imperialismo soviético extinto en cuyo nombre y beneficio intentó subvertir a casi toda América Latina?

Y, a su vez, ¿a qué principios democráticos quiere ajustar su conducta EE.UU. en la OEA cuando se abraza a la monarquía absoluta saudita -uno de los últimos países donde no existen elecciones de ningún tipo, ni se respetan los DDHH- y comulga, porque a ambos les conviene, con China Popular, extraña mezcla de economía de mercado y de totalitarismo?

Este es el contradictorio panorama que se le presenta al presidente Obama, pero en medio de una severa crisis económica y financiera. Y, sin embargo, hace sus maletas y viaja para intentar deshacer el nudo gordiano de las relaciones con el Islam, le tiende sus brazos, elogia su participación en la historia norteamericana, reitera su apoyo a la creación de un Estado palestino y declara que debe finalizar la colonización judía de los territorios ocupados en Cisjordania. Luego se traslada a Dresden, destruida por los aliados en la Segunda Guerra (al neologismo "coventrizar" hubo que agregar "dresdenizar"), al campo de concentración de Buchenwald y finaliza su gira en las playas de Normandía.

Este valiente y vigoroso impulso que da Obama a las relaciones internacionales de su país merece tener el mayor de los éxitos. Esperemos que el realismo que denota sirva de punto de partida para una nueva era.

El País Digital

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