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Domingo 07.06.2009, 22:07 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

El estado resurge a raíz de la crisis

Economía global. Estados Unidos opta por intervenir más en la economía, como los europeos, debido a las dificultades de las empresas El libre mercado pierde brillo en el país más liberal del mundo | Bancos y automotoras estadounidenses perciben recursos públicos y participación del gobierno en la gestión El estatismo europeo que siempre aplicó Francia está en expansión

WASHINGTON Y PARÍS

THE ECONOMIST

Estados Unidos hace lo que criticó a Europa: ampliar el papel del Estado en la economía. Los europeos miran complacidos cómo la gran potencia sigue un camino, en varios aspectos similar al de ellos. Europa y su estado benefactor sufren menos la crisis.

Los manifestantes que ocuparon el memorial a los caídos en las guerras, en el centro de la ciudad de Indianapolis, son un grupo pequeño, pero entusiasta. A pasos de distancia de la sede de una de las mayores aseguradoras de salud de Estados Unidos, entonan cánticos que reclaman un solo plan de salud dirigido por el Estado y llevan pancartas que piden "Un plan de salud, un país" y "¡Pacientes sí, ganancias no!". Después de luchar por su causa durante años, los partidarios del plan nacional de atención de la salud tuvieron un impulso de energía cuando Barack Obama asumió la Presidencia.

Pero, algunas personas que están en la vereda de enfrente, comienza a discutir con los manifestantes acerca de si el Estado debe hacerse cargo de un plan nacional de salud. Algunos dicen que se incluirá a los drogadictos y eso les parece mal. Hay otros cuestionamientos y puntos de polémica. El debate que se generó en las calles de Indianapolis es un microcosmos de un más amplio examen del papel del gobierno en su economía que hacen los estadounidenses. La toma de riesgo por parte de los privados se salió de cauce y empujó al país a la peor recesión en décadas. En parte, como respuesta, Obama y el Congreso exploran ambiciosas maneras de ampliar las responsabilidades del gobierno.

Obama se ha mostrado elusivo respecto de dónde cree debe estar la frontera entre el gobierno y el mercado. "La pregunta que hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande, sino si funciona", dijo Obama en su discurso de asunción. Sin embargo, sus acciones desmienten ese agnosticismo. La mayoría de los grandes proyectos que inició desde que se convirtió en Presidente, involucran actividad ampliada del gobierno federal, ya sea de manera temporaria o permanente. Incluyen más supervisión del sistema financiero, los sueldos y beneficios de los ejecutivos, la extensión del seguro de salud al 15% de los estadounidenses que carecen de éste, cambiar el consumo de energía de combustibles fósiles a fuentes renovables, y redistribuir el ingreso de los ricos a la clase media.

El Congreso es un militante aún menos tímido. El 22 de mayo, aprobó por abrumadora mayoría el más arrollador control del sector de tarjetas de crédito. Su propio título "Carta de Derechos de los Tenedores de Tarjetas de Crédito", sugiere no solo un conjunto de normas, sino un tratado entre las empresas y los ciudadanos. Debido a que las tarjetas de crédito son tan vitales como la telefonía o la electricidad, serán reguladas como tales.

Pero, ¿Obama y el Congreso están en sintonía con los ciudadanos? El libre mercado ha perdido un poco de brillo desde que Ronald Reagan fue Presidente. Sin embargo, una encuesta del Pew Research Center, difundida el 21 de mayo, muestra que los estadounidenses siguen gustando del sector privado. Descubrió que el 76% coincide en que la fortaleza del país "se basa, en gran medida, en el éxito de las empresas estadounidenses", en tanto el 90% admira a las personas "que se hacen ricas, trabajando duro". Son proporciones que cambiaron poco en dos décadas. Pero, los ciudadanos están indignados por los excesos de las empresas: sólo 37% cree que las empresas han logrado el justo equilibrio entre ganancias e interés público, lo que constituye la proporción más baja desde que Pew empezó a plantear la pregunta en 1964.

Sin duda, esa postura ayudó a impulsar el giro del país hacia el Partido Demócrata en las últimas dos elecciones. El Estado de Indiana, que fue sólidamente del Partido Republicano durante años, recientemente se convirtió en un territorio político pendular. En 2006, sus nueve bancas en el Congreso pasaron de 7 a 2 a favor de los republicanos a 5 a 4 a favor de los demócratas. Obama triunfó en Indiana en las elecciones presidenciales de 2008, siendo la primera vez que lo logra un demócrata desde 1964.

Por otro lado, Mitch Daniels fue reelecto como gobernador de Indiana por amplia diferencia. Daniels dice que es demasiado prematuro afirmar que los estadounidenses quieren más injerencia del gobierno.

Las encuestas lo respaldan: Pew reveló que los estadounidenses todavía creen que el gobierno federal controla demasiados aspectos de sus vidas.

Los relevamientos de opinión pública muestran que la creciente confianza en el gobierno está limitada casi en su totalidad a los demócratas. Los republicanos son más desconfiados, en tanto la opinión de los independientes no cambió mucho. Esto parece sugerir que lo que aparenta ser creciente fe en el gobierno, en realidad, es fe en Obama. La historia sugiere que muchas de las acciones que se esperan de Obama para ampliar los alcances del gobierno, más allá de la polémica que susciten, terminarán siendo permanentes.

CAMBIO. Desde sus raíces, los estadounidenses desconfían del gobierno. El retorno hacia un gobierno más militante comenzó bajo la presidencia de George W. Bush, en parte, como respuesta a la nueva crisis. Los ataques terroristas del 11-S derivaron en la creación del Departamento de Seguridad Territorial, el Acta Patriota, la federalización de la seguridad de los aeropuertos, la expansión de las normas de combate al lavado de dinero y seguros ante el terrorismo subsidiados por el Estado. El derrumbe de las bolsas de valores condujo a la aprobación de la Ley Sarbanes-Oxley, de supervisión de la gestión de las corporaciones y estándares contables. Bush, gustoso, expandió el gobierno para mantener la hegemonía republicana, mientras pudiera recortar impuestos. El hecho de que eso significara un mayor déficit presupuestal no estuvo entre sus preocupaciones prioritarias. En consecuencia, introdujo un costoso beneficio en los medicamentos para personas de avanzada edad.

El ingreso de los hogares se estancó a medida que crecieron los costos de la energía y la atención de la salud y gran parte del crecimiento de los ingresos fue hacia los ricos. Un resultado fue que los estadounidenses, tradicionalmente más partidarios del libre mercado que el resto del mundo, comenzaron a serlo un poco menos. En 2007, una encuesta internacional de Pew indicó que el apoyo de los estadounidenses al libre mercado había descendido en cinco años. Pero, creció en la mayoría de los países, especialmente en los del mundo en vías de desarrollo. La globalización que los benefició tanto, inquietó mucho a los estadounidenses, al extremo de que muchos culparon del estancamiento salarial a la competencia de los países pobres.

La crisis financiera impulsó a Barack Obama a la Casa Blanca y éste ha aprovechado la oportunidad de manera agresiva. Algunas de las maneras son obvias: usa la participación del gobierno como propietario de parte de los bancos para cambiar las reglas de pago a sus ejecutivos, y el control de General Motors y Chrysler para aumentar su producción de autos que usen combustibles alternativos.

El presidente Obama explicó su línea de pensamiento, el 22 de mayo, en la cadena C-Span: "Queremos salir del negocio de ayudar a las empresas automotoras lo más rápido que podamos… De la misma manera, quiero salir del negocio de ayudar a los bancos. Pero, debemos tomar algunas decisiones estratégicas referidas a industrias estratégicas".

Otros abordajes son un poco más sutiles. Gran parte del programa de estímulo federal por US$ 787.000 millones aprobado en febrero, va hacia los estados, siempre que se ajusten a los lineamientos federales sobre la manera de gastar el dinero. Por ejemplo, asistencia federal adicional para el seguro de desempleo se obtiene si los estados incluyen en los beneficios a más trabajadores, como es el caso de los de tiempo parcial.

Varios estados se han rebelado contra esas condiciones, argumentando que ellos y los empresarios tendrán costos adicionales después que el estímulo haya terminado.

SATISFACCIÓN. Desde Europa, se observa el giro que ha tenido Estados Unidos. Los franceses siempre hicieron las cosas de manera diferente, hasta en tiempos de crisis. Pese a exhortaciones desde Estados Unidos para que hicieran más para mejorar la demanda de los consumidores, el programa de estímulo francés depende principalmente de inversiones en infraestructura, incluyendo las catedrales, en línea con su tradición dirigista. Un estado benefactor fuerte, con pesados impuestos, regulación y protección, es común a muchos países de Europa. Pero, en ningún lugar es más pronunciado y está más afianzado que en Francia, donde se retrotrae a la construcción de caminos, canales y gigantes industriales bajo Jean-Baptiste Colbert, quien fue ministro de Finanzas e Industria de Luis XVI.

En los años previos a la crisis financiera, lo que se conoce vagamente como el modelo francés fue objeto de furiosas críticas, principalmente por no haber generado suficiente crecimiento ni empleos. Sus detractores no sólo han sido los anglosajones, sino también el propio presidente Nicolas Sarkozy. Ahora, es más conocido por proclamar el final del capitalismo de mercado libre. Pero, fue elegido presidente de Francia, en parte, porque argumentó que el modelo estaba agonizando y por elogiar a los modelos de Gran Bretaña y Estados Unidos.

Antes que él, una serie de informes solicitados por el gobierno y realizados por autores como el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus y el presidente de BNP Paribas, Michel Pérebeau, expusieron los fracasos y los costos del sistema. El gasto público de Francia representó el 52% del PIB en 2007, mientras en Gran Bretaña fue del 45% y en Estados Unidos del 37%. Pero, entre 1997-2007 el crecimiento anual de su PIB estuvo por debajo del promedio de la OCDE.

Por cierto, la economía francesa ha sido golpeada como tantas por la recesión global. Las empresas están reduciendo la producción y eliminando empleos. El desempleo llegó al 8,7% en el primer trimestre de 2009. Ha habido frecuentes manifestaciones a lo largo de Francia en protesta contra los recortes de empleos. De manera más siniestra, hubo una ola de acciones de privación de libertad de jerarcas de empresas, que es una forma de secuestro, en el cual los ejecutivos son retenidos durante una noche por los trabajadores en sus despachos.

Sin embargo, la economía de Francia ha sido golpeada con menos fuerza que la mayoría. Se estima que su PIB se reducirá 3% en el corriente año, según el FMI, en comparación con 4,1% en Gran Bretaña, 4,4% en Italia y 5,6% en Alemania. Depende menos de las exportaciones que Alemania, y el gasto de los consumidores en el primer trimestre de 2009 creció en comparación con el mismo período del año pasado. El gobierno, que habitualmente es criticado por su actitud dispendiosa, tendrá déficit en 2009 (6,2% del PIB), muy por debajo del de Estados Unidos (13,6%) y del de Gran Bretaña (9,8%).

La cifra

9,4% Es la tasa de desempleo en Estados Unidos, en mayo, difundida por el Ministerio de Trabajo. Hay 14,5 millones sin empleo.

La cifra

8,6% Es la tasa de desempleo de la Unión Europea, en abril. España, que sufre fuertes golpes de la crisis, tiene 18,1% de desempleo.

El gran debate entre el libre mercado y el Estado interventor

Durante años, Estados Unidos dijo a la Unión Europea que sus economías estaban esclerosadas, con excesivas regulaciones y dominio del Estado, y que para prosperar necesitaban reformas de libre mercado. Sin embargo, el derrumbe global de la economía les ha dado satisfacción a los europeos: dejó expuestos los riesgos de la desregulación y mostró el significado de darle al Estado un papel más importante. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy y la canciller de Alemania, Angela Merkel, afirman que ellos no causaron esta recesión. Merkel nunca fue muy hincha de Wall Street. Pero, el liderazgo retórico fue asumido por Sarkozy, quien declaró que el libre mercado está en quiebra. En lugar de desafiar el dirigismo estatal, Gran Bretaña y Estados Unidos, lo siguen activamente. El primer ministro Gordon Brown introduce una nueva era de de normas financieras y más altos impuestos y Barack Obama sugiere que Estados Unidos puede copiar algunas cosas de Francia, ante la consternación de sus compatriotas más conservadores.

Está planteado el gran debate sobre qué tipo de economía funciona mejor en el mundo moderno. Europa no escapó a la recesión, pero como reconoce Obama, en muchos aspectos Europa ha enfrentado bien esta situación. Fuertes leyes proteccionistas del empleo enlentecieron el desempleo. Los generosos estados benefactores protegieron a los más vulnerables para que no tuvieran una aguda caída de sus ingresos y actuaron como estabilizadores automáticos que ampliaron el déficit presupuestal cuando cayó el gasto de consumo.

La crisis confirmó que el modelo europeo tiene algunas fortalezas. Pero, la pregunta es si perdurará. Las fortalezas que han hecho a parte de Europa relativamente resistente a la recesión podrían surgir como debilidades en la recuperación. Hay un precio a pagar por más bienestar social y mayor protección al empleo: lentitud a ajustarse a vías innovadoras y menos crecimiento.

Los últimos pronósticos indican que Estados y Gran Bretaña podrían salir de la recesión más rápido que la Europa continental. Cada país tiene sus problemas. La dependencia excesiva de Alemania de sus exportaciones ha mostrado ser una grave debilidad. El desempleo entre los jóvenes de Francia es del 20% y en los notorios barrios de la periferia, donde se concentra la población musulmana, puede ser el doble. Italia y España vieron dispararse los costos de producción y su relación trabajo-productividad se estancó o retrocedió.

Lo cierto es que los gobiernos que están en un lado o en otro de esta frontera intelectual pueden hacer mucho más para que sus modelos -el libre mercado o el Estado benefactor- funcionen mejor, sin cambiar su credo esencial. THE ECONOMIST

EL RESCATE MÁS CARO DEL MUNDO

Ante la crisis financiera, el gobierno de Estados Unidos ha creado una serie de programas para dar apoyo al sistema financiero en dificultades. Además de los US$ 700.000 millones aprobados para el rescate de grandes empresas y bancos, el gobierno asumió compromisos por unos US$ 12.2 billones, de los que ya gastó US$ 2.5 billones. También ha recaudado más de US$ 10.000 millones de dividendos y honorarios. Estos son los detalles:

INVERSOR: El gobierno de Estados Unidos se comprometió a destinar US$ 9 billones, de los que ya gastó US$ 1.6 billón, a inversiones directas en instituciones financieras, adquisiciones de deuda corporativa de alta calificación y de valores respaldados por hipotecas que emitieron las empresas hipotecarias Fannie Mae, Freddie Mac y Ginnie Mae.

GARANTE: Destina US$ 1.7 billón, de los que ya gastó US$ 330.000 millones, para asegurar deuda emitida por instituciones financieras y garantizar activos de pobre rendimiento que pertenecen a bancos, a Fannie Mae y Freddie Mac.

PRESTADOR: Dispone de US$ 1.4 billón, de los que ya prestó US$ 528.000 millones, para ampliar los tradicionales créditos de 24 horas a los bancos, incluyendo la extensión del plazo hasta 90 días y permitiendo que otras instituciones financieras los soliciten.

ÚLTIMA ACCIÓN: El presidente Obama anunció, el martes, el rescate de General Motors, que le significará al gobierno un monto de US$ 30.100 millones, que se suman a los US$ 19.400 millones que ya había destinado a apoyar a esa empresa. Dijo que lo hace para evitar una calamidad que afectaría a millones de personas.

El País Digital

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