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JORGE ABBONDANZA
La arqueología no sólo sirve para excavar en el Valle de los Reyes. También es útil para desenterrar las antigüedades del cine, y por eso es una ciencia que debe figurar en el ciclo que está ofreciendo el Archivo Nacional de la Imagen del Sodre, donde resurgen -70 años después- algunos clásicos de Hollywood filmados en el año 1939. Puede haber sido una coincidencia, un indicio de que el cine sonoro alcanzaba cierta madurez una década después de su lanzamiento industrial, o un anuncio de que allí se cerraba la edad de oro antes del desastre de la guerra mundial, pero en todo caso el año 1939 reunió en el cine norteamericano una cantidad de películas que después han perdurado en las listas de máxima calidad o en la memoria del público, convirtiendo a ese período en una fecha decisiva del desarrollo del negocio que marcó (quizá como ningún otro) la iconografía del siglo XX.
Por eso en su temporada de cine-arte, el Sodre propone todos los lunes de junio una hilera de producciones famosas de 1939, que comenzó hace siete días con Cumbres borrascosas de William Wyler (Laurence Olivier, Merle Oberon) y prosigue mañana a las 18 horas con Lo que el viento se llevó (Clark Gable, Vivien Leigh), luego de lo cual el lunes 15 se exhibirá a las 18 y a las 20 horas La diligencia (dir. John Ford, con John Wayne, Claire Trevor), el lunes 22, a las 18 y a las 20.15 horas irá Caballero sin espada (dir. Frank Capra, con James Stewart, Jean Arthur) y el lunes 29 a las 16 y a las 18 se verá El mago de Oz (dir. Víctor Fleming, con Judy Garland, Ray Bolger). Pero el ciclo continuará en julio, porque otras reliquias de 1939 irán el lunes 6 (Gunga Din, dir. George Stevens, con Cary Grant, Joan Fontaine, a las 16 y a las 18 horas), el lunes 13 (Héroes olvidados, dir. Raoul Walsh, con James Cagney, Humphrey Bogart, a las 18 y a las 20 horas), el lunes 20 (Ninotchka, dir. Ernest Lubitsch, con Greta Garbo, Melvyn Douglas, a las 18 y a las 20) y el lunes 27 (El jorobado de Notre Dame, con Charles Laughton, Maureen O`Hara, a las 18 y a las 20 horas).
Todo eso se ofrece con una entrada de costo reducido (30 pesos) que puede ser libre y completamente gratuita para afiliados de Cinemateca y de Socio Espectacular. El lugar es la sala Héctor Tosar, dentro del Auditorio Nelly Goitiño, en 18 de Julio y Río Branco. Claro que Río Branco ha cambiado de nombre en el tramo Sur de su recorrido y ahora se llama Wilson Ferreira Aldunate, siguiendo la tendencia que ha convertido a Yaguarón en Aquiles Lanza, a Yí en Carlos Quijano, a Cuareim en Zelmar Michelini y a Ibicuy en Héctor Gutiérrez Ruiz. Los cambios en el nomenclator no siempre son aconsejables, porque desorientan al ciudadano en lugar de guiarlo, como sucede en la calle Duvimioso Terra que se llama Mario Cassinoni, o en la calle Durazno rebautizada Edil Hugo Prato, por razones que sólo le Junta Departamental debe conocer.
La moda incluye a salas de espectáculos que han recibido el nombre de celebridades vivas o muertas, como ocurre con el Eliseo, que durante un tiempo se llamó Sala Brunet y por el momento se llama Nelly Goitiño, aunque dentro del edificio también está la sala Héctor Tosar. Sin perjuicio de la devoción que merecen esas personalidades de la cultura, otorgar su nombre a un recinto es la manera más cómoda de homenajear a gente que en vida no recibió mayores reconocimientos.
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