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Martes 02.06.2009, 23:19 hs l Montevideo, Uruguay
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Nacional

Gato por liebre

GERARDO SOTELO

No entiendo por qué la Federación Rural tiene que pronunciarse sobre el Panes o el Plan Ceibal. No es la primera vez que me pasa. De hecho, tampoco entiendo por qué el Pit-Cnt tiene que emitir opinión sobre la despenalización del aborto. Corrijo: entiendo y no me gusta. Por ejemplo, no me gusta que los dirigentes de los grupos de poder se metan en todo. Es una estafa a sus votantes, que los eligieron para que defiendan sus intereses gremiales, no para que se conviertan en sus tutores. Y es, además, muy peligroso.

Cuando la Federación Rural o el Pit-Cnt asumen posiciones sobre temas que exceden su área de competencia, extienden su poder sobre los afiliados más allá de lo razonable. En su expresión más extrema y orgánica, tales arrebatos dan lugar a regímenes en los que las corporaciones terminan asumiendo la representatividad de los ciudadanos y arrinconando al Parlamento. En rigor, los parlamentarios ya se sienten arrinconados por las corporaciones gremiales, ya sean obreras o empresariales. Da lo mismo que sea el Frente Amplio o el Partido Nacional, de la Federación Rural o el Pit-Cnt.

Lo peor es que los parlamentarios o candidatos buscan legitimar sus propuestas invocando las demandas corporativas. Creen que de esa manera van a seducir a sus dirigentes y afiliados, cuando no son la misma cosa. Es una vana pretensión porque las corporaciones, como la burocracia, existen para alimentar su propio poder, independientemente de la legitimidad de algunas de sus demandas.

Pongámonos por un instante en la piel de un asociado de la Federación Rural que, compartiendo las líneas generales de la conducción gremial de Octacilio Echenagusía, tenga una visión positiva sobre las políticas sociales del gobierno. Después de todo, a la hora de votar, nadie le dijo que una cosa era incompatible con la otra. ¿Qué sentirá frente a la declaración gremial del pasado fin de semana y las propias declaraciones del dirigente? ¿Presión? ¿Decepción? La situación no es nueva. Miles de afiliados al Pit-Cnt habrán sentido lo mismo ante la larga lista de causas que ha promovido la central obrera sin tener nada que ver con cuestiones laborales.

Si alguien pensaba que tales procedimientos eran patrimonio de los sindicatos, ahí está la declaración final de la Federación Rural para advertir la verdadera dimensión del problema. Fuera de toda ingenuidad, lo que queda es la comprobación reiterada de que el poder existe para ser ejercido y que tiende a expandirse hasta que encuentra una barrera que no puede superar. Ya no alcanza con las limitaciones propias de la ley, en cuyos intersticios suelen colarse las ambiciones gremiales. Hace falta la vigilancia y el compromiso cívico de los ciudadanos independientes para que no se nos haga pasar gato por liebre.

El País Digital

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